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Editorial del Semanario El Popular N° 466: “Votar al FA es votar en defensa propia”

“Este año la militancia frenteamplista tiene como tarea principal que el último domingo de octubre se vote contra la desigualdad. Votar al Frente Amplio es hacer un voto en defensa propia”. Así resumía el desafío político de estas elecciones Oscar Andrade, precandidato presidencial del Frente Amplio, en un acto en Tarariras, Colonia.

Y tiene razón.

Quedan 24 días para las elecciones internas y poco más de 5 meses para las elecciones nacionales.

Las elecciones son un momento central de síntesis política e ideológica de nuestro pueblo. Un momento central de la disputa entre dos proyectos de país: el del desarrollo productivo, con justicia social, profundización democrática y más soberanía; y el de subordinación a los intereses de la especulación financiera, concentración de la riqueza, recorte de la democracia y sometimiento al imperialismo, el de la restauración conservadora.

Es muy importante dejar claro esto. Es cierto que hay 27 candidatos y un número igual de partidos que se presentan como opciones electorales. Pero no hay que dejarse engañar, la disputa real es entre dos proyectos de país, los que señalábamos más arriba. Eso es lo que está en juego.

De un lado del Frente Amplio, que está procesando la renovación de sus liderazgos, momento que mundialmente es traumático y hasta cruel, de manera unitaria y democrática. La única fuerza política capaz de gobernar por sí misma. La única que tiene un programa único de gobierno. La única cuyos cuatro candidatos, Carolina, Mario, Daniel y Oscar han hecho y harán actos conjuntos, y charlas y barriadas también conjuntas. La única en cuyo programa se plantea el crecimiento económico con equidad, la creación de puestos de trabajo dignos, el reparto de la riqueza, la lucha contra la desigualdad social, duplicar la inversión pública en vivienda, cuestionar el agro negocio como único modelo de producción agropecuaria, desarrollar una real política de defensa y preservación del medioambiente, defender la unidad latinoamericana como única garantía de soberanía ante la arrogancia del imperialismo y los impactos de la crisis del capitalismo, seguir combatiendo la impunidad y conquistar la verdad y la justicia.

Del otro lado hay un heterogéneo y hasta exótico abanico de opciones conservadoras, unidas solamente por la decisión de sacar al Frente Amplio del gobierno y hacer retroceder políticamente el proceso de acumulación de fuerzas popular. Aunque lo dibujan y lo disimulan con esfuerzos casi heroicos de marketing político, a poco de caminar se descubren: anhelan la vuelta atrás, el retorno al país de siempre, al de los poderosos. Son restauradores.

Está bravo plantear como una evolución el retroceso en 20 años de las relaciones laborales, y en algunos casos en 100 años, como en lo referente a las 8 horas para los trabajadores rurales.

Pero además de este contenido conservador de sus propuestas, tienen una dificultad política, y nada pequeña. Para poder desafiar al Frente Amplio tienen que juntarse todos, absolutamente todos, con menos ni siquiera pueden intentarlo.

Vale decir, para ganarle al Frente Amplio, y lo que es más grave aún, para intentar gobernar el país luego, tendrán que hacer un ejercicio de alquimia política extrema. Tienen que juntar a Lacalle Pou, Larrañaga, Sartori, Antía, Talvi, Sanguinetti, Mieres, Manini Ríos y Novick.

Esta dificultad política, volvemos a decir, extrema, de la oposición no suele explicitarse en el debate político.

Pero que no la nombren no quiere decir que no exista.

Oscar Andrade, dijo en un acto de la 1001 en el Cerrito de la Victoria que “poner un gobierno de derecha en momentos de dificultades es más peligroso que un cirujano con hipo”. Y vaya si este es un momento de dificultades.

La economía del mundo está en problemas. Porque el capitalismo lo está. Hay una crisis ambiental gigantesca, que pone en peligro la supervivencia de los seres humanos y del planeta. Y el capitalismo sigue caminando hacia el abismo. Hay un endeudamiento sideral de los Estados, como nunca había ocurrido. Hay una hipertrofia de la especulación por sobre la producción de enorme peligrosidad. Hay una concentración de la riqueza y un crecimiento de la desigualdad y la marginación de cientos de millones.

Y encima hay un matón al mando del país central del imperialismo, en decadencia es cierto, pero que aún mantiene la hegemonía económica, ideológica y en gran medida militar. Trump no deja lugar a dudas, amenaza a Venezuela, amenaza a México, y le pone aranceles a sus productos por no plegarse a su inhumana política de persecución de los migrantes, refuerza la agresión contra Cuba y la quiere cercar completamente, provoca una guerra comercial con China, solo para defender los intereses de un grupo de corporaciones yanquis, ni siquiera de todas.

Y en la región, Bolsonaro destroza a marchas forzadas a Brasil y Macri le disputa el mérito, haciéndolo más rápido aún con Argentina.

Esos mismos intereses, y esos mimos procedimientos, son los que defiende y propone la derecha para nuestro país. Si alguien aún guardaba dudas conviene mirar la propuesta de las Cámaras Empresariales a los precandidatos, allí, sin filtros, sin mediaciones marketineras, se expresa la utopía conservadora. Es la restauración descarnada y explícita.

En ese mundo las y los uruguayos decidimos quién y para qué debe estar en el gobierno.

¿Y cómo estamos? Mejor que hace unos meses, pero todavía no lo suficientemente bien.

La declaración política del Comité Central del PCU hace bien en recordar, en reivindicar, todo lo que ha luchado nuestro pueblo en estos meses. De marzo a la fecha, recuerda, además de la gigantesca marcha por el día internacional de la Mujer, la visita de Angela Davis; el acto por el 47 aniversario del asesinato de los 8 obreros comunistas de la 20; el acto en defensa de la democracia y contra la impunidad, convocado por el PIT-CNT, Madres y Familiares de Desaparecidos, CRYSOL, la FEUU, FUCAM y ONAJPU; los actos unitarios del Frente Amplio, del 26 de marzo en Paysandú y el 18 de Mayo en Melo; el 1° de Mayo más grande de los últimos años, en Montevideo y más de 30 actos todo el país; la enorme pueblada contra la impunidad del 20 de Mayo, bajo lluvia, en la capital y en 30 marchas, en los 19 departamentos y en el exterior; el paro del PIT-CNT en solidaridad con la lucha de las y los trabajadores del gas.

Es mucho lo que ha puesto el pueblo uruguayo en la calle. Y habrá que poner más.

Y como es central el esfuerzo militante a realizar en estos 24 días y luego hasta octubre, dialogando mano a mano con miles, organizando miles para convencer a miles, es bueno reafirmar las razones centrales para hacerlo.

“La humanidad no se ha resignado a dejar de luchar y la izquierda nunca fue un fin en sí misma, sino que nos constituimos como instrumento, hija de las luchas sociales, de las luchas estudiantiles, culturales y obreras para permitir en el plano de la institucionalidad la batalla política para luchar contra la desigualdad”, dijo Andrade en Colonia.

Y en el mismo acto, finalizó señalando el desafío que tenemos para resolver a favor del pueblo esa síntesis política e ideológica de las elecciones: “Ellos necesitan un pueblo individualista y nosotros un pueblo solidario, ellos necesitan que la gente mire el mundo con una identidad que gire sobre el consumo y nosotros que mire la identidad en torno a las causas”.

 

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