Editorial del Semanario El Popular N° 462: “A la impunidad, ni un tantito así”

La nueva aparición del terrorista de Estado, José Nino Gavazzo, reivindicando la tortura, mintiendo y amenazando, esta vez en una entrevista en el diario El País, muestra claramente que estamos ante una operación política y de inteligencia de grandes dimensiones.

No quedó sin respuesta. Hubo un inmediato repudio a sus declaraciones, de organizaciones de DDHH, del movimiento popular, de la izquierda y de amplios sectores democráticos de nuestra sociedad. En ese marco, el PCU presentó una denuncia penal contra Gavazzo por apología de la tortura. Y está bien, porque a la impunidad, y a los impunes, no hay que darles ni un tantito así.

Es importante analizar a fondo la dimensión y las aristas que ya se explicitaron de esta operación, peligrosa, antidemocrática, desestabilizadora. Gavazzo, al igual que Manini Ríos en otro plano, buscan tergiversar la historia, negar el Terrorismo de Estado, volver a instalar la teoría de los dos demonios, sembrar dudas sobre los insuficientes avances realizados en el terreno de la Justicia, deslegitimar a las organizaciones de DDHH, al movimiento popular y a las víctimas, colocar como víctimas a los terroristas de Estado y normalizar el protagonismo político de los militares.

Gavazzo hace un ejercicio de impunidad, obsceno, impúdico. Además de la denuncia del PCU por la obvia y notoria apología de la tortura, hay otros aspectos a considerar. Gavazzo está preso, en prisión domiciliaria sí, pero preso. Condenado por delitos gravísimos. Gavazzo es un golpista, participó del golpe de Estado y estuvo al servicio de una dictadura. ¿Puede dar entrevistas y actuar en política como si nada? Gavazzo exhibió fichas de detenidos, fotos: ¿eso ex parte de su expediente o es parte de archivos de inteligencia? ¿No se debería investigar que materiales de archivo tiene Gavazzo en la casa que un generoso amigo le prestó para que cumpla su prisión domiciliaria?

Esto no debe quedar sin respuesta. Es un imperativo democrático que no quede sin respuesta.

La impunidad es el lado oscuro del poder. La impunidad se basa en la mentira, el ocultamiento y el miedo. El miedo es un arma poderosa para imponer disciplinamiento social. La impunidad envenena la democracia. La impunidad limita la libertad. Quieren instalar la mentira. Hay que defender la verdad. Quieren imponer el olvido. Hay que responder con memoria. Quieren instalar el miedo. Hay que responder con compromiso democrático y protagonismo popular.

 

La impunidad y la memoria

 

Gavazzo se embandera con la teoría de los dos demonios, la de una guerra de un bando contra otro. Esta idea fue el principal sustento ideológico de la impunidad. Es la fundamentación ideológica del Terrorismo de Estado en toda América Latina. En Uruguay tuvo como uno de sus grandes operadores al ex presidente, y hoy candidato presidencial colorado, Julio María Sanguinetti, quien, con su innegable capacidad intelectual y su oratoria florida, se encargó de transformarla en doctrina oficial, en verdad de Estado.

La mentira de la teoría de los dos demonios se basa en cuatro aspectos centrales. Primero, miente sobre el inicio de la violencia y sus responsables. En Uruguay desde comienzos de la década del 60 del siglo pasado, y antes también, existió represión contra las organizaciones populares. Atentados, escuadrones de la muerte, grupos fascistas como la JUP que agredieron estudiantes en liceos y en facultades, asesinatos de obreras y obreros en huelga, asesinatos de estudiantes en movilizaciones, torturas. La violencia vino de la derecha y del poder, y está claro que no es solo un problema cronológico, pero también lo es. Segundo, miente sobre la dimensión y los objetivos de la represión. Aquí lo que hubo fue Terrorismo de Estado, hay más de 190 desaparecidos, decenas de muertos por tortura o en prisión, hubo miles de presas y presos que fueron torturados, hubo miles de despedidos y destituidos, miles obligados al exilio, solo en el archivo de Inteligencia de la Policía se encontraron 300 mil fichas individuales sobre vigilancia y espionaje. Hubo más de 20 centros de detención clandestina y de tortura, en los 19 departamentos. Participaron todas las fuerzas represivas del Estado, el Ejército, la Armada, la Fuerza Aérea y la Policía. El objetivo de la represión, en sus diversas formas, fue todo el pueblo uruguayo, toda la sociedad. Tercero, oculta el carácter de clase de la dictadura. Aquí hubo una dictadura fascista. Su objetivo central fue cortar de raíz el proceso de acumulación de fuerzas del movimiento popular. La dictadura implementó un proyecto de sociedad que favoreció a la gran oligarquía, terrateniente y financiera, el peso de la masa salarial en el PBI cayó a niveles históricos, se concentró la riqueza, se endeudó al país en beneficio de unos pocos. Cuarto, omite el papel del imperialismo, y en particular de EEUU. La dictadura fascista fue parte de una contraofensiva del imperialismo en todo el continente para abortar cualquier experiencia emancipadora. De allí nació el Plan Cóndor, la internacional del terror y la muerte, de la cual Gavazzo fue un operador destacado y no un simple delibery como quiere hacer creer. Hubo dictaduras en Brasil, en Argentina, en Paraguay, en Chile, en Bolivia, en Honduras, en Guatemala, en El Salvador, en República Dominicana, en Haití, solo por citar algunos países.

Gavazzo y los terroristas de Estado fueron parte de un plan del imperialismo para someter a nuestros pueblos, no tienen nada de valientes ni de patriotas, estuvieron al servicio de la oligarquía más rancia y actuaron como tropa de ocupación de su propio país, contra su propio pueblo. Nada más lejos del artiguismo que eso. Nada.

 

La impunidad y el presente

 

Pero la operación de inteligencia y desestabilización tiene a nuestro entender objetivos en el presente y proyección hacia el futuro.

No es inocente que un agente de inteligencia avezado como Gavazzo siembre dudas sobre la actuación de la Justicia en los casos de violaciones a los DDHH. Es mentira que no hubo segundo vuelo, lo confesó en un informe oficial el ex comandante de la Fuerza Aérea, Bonelli, lo probaron decenas de testimonios, pero, además, encontramos a Macarena Gelman, cuya madre embarazada fue traída desde Buenos Aires en esas operaciones.

Ni Gavazzo, ni Manini Ríos, ni sus defensores, pueden impunemente negar lo que los avances en la lucha contra la impunidad han demostrado. Se encontraron en unidades militares o en terrenos dependientes de ellas a cuatro desaparecidos, Ubagésner Cháves Sosa, Fernando Miranda, Julio Castro y Ricardo Blanco. Se reabrieron o se iniciaron más de 300 causas judiciales, en las que se acumulan cientos de testimonios de las víctimas del Terrorismo de Estado y también comprobaciones de la propia Justicia. Se colocaron más de 60 marcas de la memoria, en todo el país, que documentan los centros de la represión y la dimensión de esta. Tenemos el memorial del Penal de Libertad, un sitio en Punta Rieles y vamos a tener el de Punta Carretas.

Todo eso interpela hoy la mentira que se quiere repetir. Hay cosas que ni los operativos de inteligencia pueden ocultar.

Hay un elemento más de esta operación que tiene que ver con el presente y el futuro. Esta operación no se da un ambiente sereno y plácido. Tenemos en Brasil a un fascista como Bolsonaro que niega el Terrorismo de Estado, festeja la dictadura, tiene más de 20 militares en su gabinete y proclama la impunidad. Tenemos en Paraguay a un presidente directamente vinculado con la familia Stroessner. Tenemos en Chile y en Argentina a presidentes millonarios cuya fortuna creció en las dictaduras. Y aquí en Uruguay tenemos un continuado proceso de agresiones y atentados contra locales de la izquierda, del movimiento popular y sitios de la memoria. En un plazo menor a dos años fueron atacados: los Comité de Base del Frente Amplio de La Floresta, de Salinas, uno en La Teja, y el local del Frente Amplio en Paysandú; los locales del SUNCA y la UNTMRA; el local central del PCU, el de la UJC, el de la departamental de Paysandú del PCU, dos veces la redacción del El Popular; fueron atacadas las placas de la memoria en el Hospital Militar, en el 13 de Infantería, en el CGIOR, y también el Memorial de los Desaparecidos en el Cerro y el del Penal de Libertad. El Parlamento uruguayo comprobó el espionaje, de los servicios de inteligencia militares y policías, colaborando con la CIA, en plena democracia.

¿Qué se busca? Usar el pasado para impactar en el presente y torcer el futuro. Es que la impunidad es parte de la restauración conservadora, de su utopía reaccionaria. Integra el mismo paquete. Para derrotar a la impunidad, también hay que derrotar la restauración conservadora.

La batalla contra la impunidad se libra en todos los planos, el ético, el de la justicia, el de la institucionalidad en sus diversas vertientes, la actitud del Poder Ejecutivo, del Poder Legislativo y del Poder Judicial, la democratización de las Fuerzas Armadas, pero tiene una dimensión política, ciudadana, que es fundamental.

Por eso hay que apreciar la decisión histórica del Poder Ejecutivo de destituir a dos comandantes en jefe del Ejército y seis generales, a la vez que reclamar que el Senado vote las venias para que la medida se haga efectiva por completo. Hay que valorar los avances y las condenas, pero reclamar que se impulsen las más de 300 causas empantanadas. Hay que reclamar una democratización a fondo de las Fuerzas Armadas y desterrar la nefasta doctrina de la Seguridad Nacional.

Y hay que valorar, y mucho, la marcha en defensa de la democracia y organizar un 20 de mayo más grande que nunca, una verdadera pueblada contra la impunidad.

Porque a la impunidad, no hay que darle ni un tantito así.