Editorial del Semanario El Popular N°461: “Imponente”

Con un multitudinario acto que desbordó la Plaza Mártires de Chicago, repicado con 31 actos más en los 19 departamentos del país, en Uruguay se conmemoró el 1° de Mayo, Día Internacional de las y los Trabajadores.

El 1° de Mayo de 1886, hace ya 133 años, una manifestación obrera en Chicago, EEUU, enfrenta una brutal provocación de las patronales y de la policía. Hay muchos muertos, bombas, represión. Detienen y condenan a muerte a 8 militantes sindicales, anarquistas, vale recordar sus nombres:  August Spies, George Engel, Samuel Fielden, Adolf Fischer, Louis Lingg, Michael Schwab, Albert Parsons y Oscar Neeb.

El peligroso reclamo por el que fueron condenados era que la jornada de trabajo fuera de 8 horas. Su delito fue denunciar la explotación, organizarse y luchar para cambiarla.

Cuatro años después, en 1890, un Congreso Internacional de Trabajadores decide que el 1° de Mayo sea un día de huelga mundial. Ese año solamente se pudo conmemorar, en medio de una brutal represión, en 11 países, uno de ellos fue nuestro Uruguay.

El 1° de Mayo fue por eso la primera fecha universal no religiosa de la historia de la humanidad. Y la conquistamos con lucha.

En Uruguay hace 129 años que las y los trabajadores, junto con nuestro pueblo, conmemoramos el 1° de Mayo en forma ininterrumpida. En democracia o en dictadura, con libertades o enfrentando la represión, el movimiento sindical, rodeado del movimiento popular, sale a la calle a conmemorar el 1° de Mayo.

En ese siglo largo siempre el 1° de Mayo ha sido central para plantear la perspectiva de las y los trabajadores en la realidad nacional, con sus reclamos, sus propuestas y las de todo el pueblo. Hay algunos inolvidables: el de 1966, previo al congreso de unificación y anuncio de la creación de la CNT; el de 1973, reafirmando la decisión de enfrentar con una huelga general un golpe de Estado; el de 1980, cuando la dictadura quiso trasladarlo como feriado para el 5 de mayo y se resistió en todo el país, anunciado el NO a la constitución fascista; el de 1983, que inició la ofensiva de masas para derrotar a la dictadura; el de 1984, más grande aún que el anterior, confirmando el papel central de los trabajadores en la reconquista democrática.

Esa es la historia de este día, en el mundo y en Uruguay, y conviene recordarla en esta época en que nos quieren hacer vivir sin memoria. Sentimos orgullo de esta historia de más de un siglo de compromiso y de lucha.

Este año nuestra central única, el PIT-CNT, convocó bajo la consigna: “Para seguir conquistando derechos”.

Lo primero que hay que decir es que la multitudinaria respuesta a la convocatoria, en Montevideo y en 31 lugares del país, fue una demostración de la legitimidad y representatividad de nuestra central única: el PIT-CNT. Eso, una vez más, quedó fuera de toda duda a pesar de las campañas sucias y amplificadas en los medios de la derecha y en las redes sociales.

Lo segundo, es que expresó la madurez del movimiento sindical uruguayo, la principal organización social de nuestro país, con luz. Fue de ratificación de su independencia de clase: “Aquí no van a escuchar un discurso oficialista ni uno de la oposición, acá se expresa la voz de los trabajadores”, dijo con claridad Fernando Pereira, presidente del PIT-CNT. En su discurso Pereira recordó que independencia no es indiferencia, reivindicó los avances conquistados, ratificó la definición del PIT-CNT sobre la disputa de dos proyectos de país y la identificación con una perspectiva popular de profundización democrática con justicia social y advirtió: “Aquí al neoliberalismo lo vamos a enfrentar sin vacilaciones”.

Lo tercero, es que fue un acto de unidad de pueblo, en la tribuna obrera hablaron Madres y Familiares de Desaparecidos y la Intersocial Feminista, construyendo unidad en la práctica, pero además estuvieron presentes FUCVAM, CRYSOL, la FEUU, ONAJPU y decenas de organizaciones sociales, incluso el colectivo que está impulsando la campaña contra la militarización de la seguridad pública que promueve Larrañaga.

Lo cuarto, es que las y los trabajadores, como expresión de su madurez, abordaron todos los problemas nacionales, con propuestas e ideas, y, fundamentalmente, expresaron su compromiso con la democracia y contra la impunidad. No fue un acto autorreferencial. Que diferencia con los pronunciamientos de las cámaras empresariales que solo hablan de rebaja de impuestos y de como aumentar sus ganancias. La misma diferencia del sol con la noche.

En resumen, 31 actos en todo el país y un actazo en Montevideo, cuya importancia e impacto demuestra, por la negativa, la cobarde agresión que esa noche sufrió el local de la UNTMRA. A los sectores conservadores y reaccionarios de nuestro país les dolió el 1° de Mayo. A las y los trabajadores y a todos los militantes populares los fortaleció. Porque sigue siendo cierto lo que dice la hermosa canción de Ruben Olivera: “¿Si es nuestro el 1° de Mayo, los otros días de quién son?”.