Editorial del Semanario El Popular N° 459: “Nunca más”

A pesar de la lluvia miles de uruguayas y uruguayos respondieron al llamado. Salieron a la calle a reafirmar su compromiso con la democracia y contra la impunidad.

Es un hecho relevante, sustantivo, y debe ser el comienzo de una ofensiva en todos los terrenos contra la impunidad, por verdad y justicia, para fortalecer la democracia.

La batalla contra la impunidad se libra en todos los planos, el ético, el de la justicia, el de la institucionalidad en sus diversas vertientes, la actitud del Poder Ejecutivo, del Poder Legislativo y del Poder Judicial, la democratización de las Fuerzas Armadas, su subordinación a la Constitución y la ley, pero tiene una dimensión política, ciudadana, que es fundamental.

En estos días una sucesión de hechos puso de nuevo sobre el tapete la vigencia de la lucha contra la impunidad, que algunos se empeñaban y se empeñan en colocar como un tema del pasado.

La difusión de los dichos, en realidad las nuevas mentiras, de los represores José Nino Gavazzo y Jorge Silveira en un Tribunal Militar, asumiendo que torturaron, asesinaron y desaparecieron personas, generaron un conjunto de hechos políticos de enorme significación.

Mostraron que durante más de 40 años las víctimas del Terrorismo de Estado, todos quienes luchamos contra la impunidad, dijimos la verdad y los impunes y quienes los defendieron, mintieron y siguen mintiendo.

La verdad es una fuerza poderosa, supera todos los obstáculos y encuentra los caminos para manifestarse.

Y no nos referimos a los dichos de Gavazzo y Silveira, que vuelven a mentir, sino a lo que ellos desnudan y explicitan: Hubo Terrorismo de Estado, se torturó y se desapareció en unidades del Ejército, hay datos y hay documentos, hubo complicidad y ocultamiento desde las Fuerzas Armadas, y también desde los tres poderes del Estado, por acción y por omisión. También hubo complicidad de fuerzas políticas y de los medios de comunicación.

Por eso, una vez más, como hace más de 40 años, hay que reivindicar la verdad contra la mentira.

Los dichos de estos dos terroristas de Estado también mostraron que en parte de la oficialidad de las Fuerzas Armadas persiste hoy la cultura de la impunidad. Eso y no otra cosa expresan los fallos del Tribunal de Honor, del Tribunal de Alzada y la fundamentación del ex comandante en Jefe, hoy candidato presidencial, Guido Manini Ríos, que sabiendo lo que habían dicho Gavazzo y Silveira no lo consideraron una falta al honor de las Fuerzas Armadas. Como ya dijimos, en el caso de Manini Ríos es todavía peor, en el fundamento que escribió apoyando el fallo afirmó que habían sido condenados “sin pruebas” y que había una operación de “odio” contra los militares.

Por eso hay que volver a valorar la histórica reacción del presidente de la República, compañero Tabaré Vázquez, destituyendo a dos comandantes en jefe del Ejército y a cinco generales más. Nunca había ocurrido eso en la historia del Uruguay. Pero, además, Tabaré Vázquez mandó todos los antecedentes a la Fiscalía. Y la Fiscalía actuó. Perciballe, el titular de la Fiscalía Especializada en Delitos de Lesa Humanidad, cuyo nombre es toda una declaración de principios y cuya existencia es, en sí misma, un paso adelante en la lucha contra la impunidad, estudió las actas del Tribunal de Honor y envió 15 escritos a otros tantos juzgados con causas por violaciones a los Derechos Humanos durante la dictadura.

Hubo otro hecho político relevante. El general Feola, al asumir como nuevo Comandante en Jefe del Ejército, tras la destitución de Manini Ríos y de González, hizo declaraciones muy polémicas sobre los desaparecidos. El nuevo ministro de Defensa, compañero José Bayardi, se reunió con él, precisó los alcances de sus dichos y Feola emitió un comunicado público en el que, con el sello del Ejército Nacional, se “rechazan las acciones que constituyeron hechos aberrantes y repudiables, que, apartándose del marco constitucional y legal, comprometieron el nombre de la institución” y se asume como compromiso que “se continuarán haciendo los máximos esfuerzos para llevar una respuesta a los reclamos de los familiares de detenidos desaparecidos”.

Este comunicado no borra los dichos anteriores pero implica un hecho importante, formalmente y por su contenido. Solo tiene un antecedente similar, los dichos del general Pedro Aguerre, comandante en Jefe del Ejército en 2011, cuando aparecieron en el Batallón 14° los restos de Julio Castro.

Para decirlo más claro, los dichos de Gavazzo y Silveira, el manejo que hicieron de ellos seis generales del Ejército y el ex comandante Manini Ríos, son parte de una operación de inteligencia, tiene todas las señales.

Por eso no hay que confundirse. Lo central no es, aunque sea importante y se hayan tenido que tomar medidas, si las actas se habían manejado en su totalidad o no por el presidente Vázquez, que ya dijo que no, pero más que decir actuó en consecuencia. Tampoco es hoy difundir urbi et orbi el contenido de las actas del Tribunal de Honor con la versión de los fascistas.

Lo central es enfrentar con firmeza esta maniobra de desestabilización y transformárselas en un boomerang. ¿Cómo?

Lanzando en todos los planos una ofensiva popular contra la impunidad y por la democracia.

Hay que democratizar las Fuerzas Armadas, liberarlas de la nefasta influencia de la Doctrina de la Seguridad Nacional y de la cultura de la impunidad. Hay que reactivar e impulsar las 300 causas judiciales que enfrentan las chicanas vergonzosas de las defensas de los terroristas de Estado, y, muchas veces, la falta de compromiso en la lucha contra la impunidad de segmentos del Poder Judicial.

Y, sobre todo, hay que promover una movilización popular, de máxima amplitud, en defensa de la democracia.

Por eso es tan importante la movilización de ayer jueves, convocada por el PIT-CNT, Madres y Familiares de Desaparecidos, la FEUU, CRYSOL, FUCVAM y ONAJPU; a la cual adhirió el Frente Amplio.

El principal protagonista de la defensa de la democracia ha sido, es y será el pueblo organizado. Lo fue en la Huelga General que enfrentó el golpe de Estado. En la resistencia clandestina. En el NO de 1980. En las cárceles y en las cámaras de tortura. En el dolor y la dignidad de las y los familiares de los presos y presas. En el coraje y la firmeza de las madres y familiares de desaparecidos. En el 1° de Mayo de 1983, en la marcha al Franzini y en el Obelisco. En el Voto Verde. En el Voto Rosado. En cada testimonio en incontables juzgados. En cada pueblada del 20 de Mayo.

La línea, como dijo Artigas, es entre la libertad y el despotismo. Entre la verdad y la mentira. Entre la justicia y la impunidad. Entre la democracia y el golpismo.

Hoy más que nunca debemos construir, entre todas y todos, la ofensiva popular por el Nunca Más.