Editorial del Semanario El Popular N° 458: “Contra los canallas y la impunidad”

El lunes pasado fue un día histórico. El presidente de la República, compañero Tabaré Vázquez, destituyó a 6 generales del Ejército, incluido el Comandante en Jefe, por no condenar al Terrorismo de Estado, la tortura y las desapariciones, en el marco de su actuación en Tribunales de Honor. Es la primera vez en la historia de nuestro país que un presidente toma una medida de este calado democrático.

Los generales destituidos son: el Comandante en Jefe del Ejército, José González; el jefe del Estado Mayor de la Defensa, Alfredo Erramún; el comandante de la División Ejército I, Carlos Sequeira; el comandante de la División Ejército IV, Gustavo Fajardo; el director del Instituto Militar de Estudios Superiores, Claudio Romano y el director de Sanidad Militar, Alejandro Salaberry. Todos ellos integrantes de los Tribunales de Honor que recibieron una confesión de José Nino Gavazzo asumiendo el asesinato y desaparición de Roberto Gomensoro Jofman, en 1973, y acusaciones de Jorge Silveira sobre la culpabilidad de Gavazzo en la desaparición de María Claudia García de Gelman y en operaciones en Buenos Aires con la Alianza Anticomunista Argentina para robar y extorsionar y no lo consideraron una falta contra el honor del Ejército.

Vázquez también aceptó las renuncias del ministro de Defensa Nacional, Jorge Menéndez y del subsecretario, Daniel Montiel, y ordenó el pase de todos las antecedentes a la Fiscalía de la Nación.

En primer lugar, hay que señalar el respaldo sin cortapisas a lo resuelto por el presidente de la República, compañero Tabaré Vázquez y el Consejo de Ministros. Ese respaldo fue expresado de inmediato por el presidente del Frente Amplio, Javier Miranda, su Secretariado, la unanimidad de la bancada de Senadores y Diputados, la y los precandidatos Carolina Cosse, Oscar Andrade, Mario Bergara y Daniel Martínez. En el mismo sentido se expresaron el PIT-CNT, Crysol, Madres y Familiares de Desaparecidos y la FEUU, que además convocaron a una movilización en defensa de la democracia. También lo hizo el PCU, y sus legisladores, el senador y secretario general Juan Castillo y el diputado Gerardo Núñez. Desde la oposición respaldaron lo actuado por el presidente Vázquez, Luis Lacalle Pou, Julio María Sanguinetti, Ernesto Talvi y Pablo Mieres.

La línea divisoria debe ser entre democracia y golpismo. Y en esa línea no puede haber dudas. Hay que defender la democracia, eso implica respaldar al presidente de la República y exigir el respeto a la Constitución y la ley de las Fuerzas Armadas.

La decisión del presidente Vázquez tiene sólidos fundamentos éticos, democráticos y legales.

El hoy candidato presidencial y ex comandante del Ejército, también destituido, Guido Manini Ríos y los seis generales destituidos conocían al detalle lo dicho por Gavazzo y Silveira y no solo no lo condenaron, emitieron un fallo absolutorio. Lo de Manini Ríos es más grave aún, agregó al fallo una fundamentación en la que ataca al Poder Judicial, al Poder Ejecutivo, dice que hay una operación de odio contra el Ejército y que los militares fueron juzgados sin pruebas. ¿Si eso no es ocultamiento, qué es? Es mucho peor, es aval y protección.

También es cierto que hubo lo que Vázquez calificó como “errores políticos importantes” en el manejo de expedientes tan delicados, son notorios, ya se produjeron dos renuncias y quizás tengan que venir más. Eso es cierto y se tiene que investigar a fondo, tanto la Justicia como administrativamente. Pero poner en el mismo nivel esos errores con la defensa hecha por Manini Ríos y los seis generales de la tortura y la desaparición es un error garrafal o ser muy malintencionado.

Lo grave fue la actuación de Guido Manini Ríos y los seis generales, continuidad de la cultura de la impunidad. Lo que hay que destacar y defender es la respuesta contundente del presidente Vázquez y del Consejo de Ministros.

En segundo lugar, hay que condenar los crímenes de lesa humanidad cometidos por los fascistas, con uniforme y sin él, el Terrorismo de Estado y la impunidad que lo ampara, aún hoy. Esta vez, y no es la primera, por boca de los propios represores, se comprueba que en Uruguay hubo Terrorismo de Estado. Pero esto no es novedad, hace más de 40 años que las víctimas, sus familiares, el movimiento popular y la izquierda lo vienen denunciando. Es importante, en el plano ético, subrayar que nosotros dijimos la verdad durante 40 años y ellos, los impunes y quienes los defendieron y defienden, mintieron durante 40 años y lo siguen haciendo. Una de las mentiras más infames es que no había datos, lo revelado en este caso demuestra que saben todo, hasta con detalles, no lo quieren decir, operan con esa información, desestabilizan y perpetúan los crímenes y el sufrimiento de las víctimas y de sus familiares.

En tercer lugar, hay que rechazar las afirmaciones irresponsables del general Guido Manini Ríos, ahora candidato presidencial del partido militar “Cabildo Abierto”. Manini Ríos provocó y ocultó información, porque él si sabía lo que había confesado Gavazzo, lo sabía cuando redactó el fundamento del fallo, lo sabía cuando hizo el video de despedida atacando al presidente Vázquez y presentándose como víctima y lo sabe hoy, cuando lanza su candidatura presidencial hablando de “prácticas canallescas” y de inventadas persecuciones. Cabe recordar que Manini Ríos, al que llaman “el Bolsonaro uruguayo”, fue a saludar a su ídolo, Jaír Messías Bolsonaro, que acaba de celebrar el aniversario del golpe de Estado en Brasil. Y también hay que señalar que en el lanzamiento de su candidatura estaba nada menos que el ex militar y agente de inteligencia Eduardo Radaelli, condenado en Chile por el secuestro y muerte en Uruguay de Eugenio Berríos, el químico que trabajó para la dictadura chilena. Muy democráticos sus vínculos.

En cuarto lugar, hay que enfatizar en la necesidad de una democratización real de las Fuerzas Armadas y terminar con la cultura de la impunidad. No puede ser que aún hoy los oficiales del Ejército amparen a terroristas de Estado y golpistas. Esta situación demuestra la vigencia y la actualidad de la lucha contra la impunidad. También muestra las carencias de las políticas de los gobiernos del Frente Amplio en ese aspecto. Hoy está en discusión la Ley Orgánica Militar, es una buena oportunidad para profundizar las medidas y el debate. Pero no alcanza. Y no hay una pizca de antimilitarismo vulgar en lo que sostenemos. Las Fuerzas Armadas tienen que condenar la impunidad y los crímenes de lesa humanidad, expresamente, y tenemos que construir prácticas profesionales, políticas y ciudadanas que conduzcan a su no repetición.

En quinto lugar, hay que reafirmar, con más fuerza que nunca, el compromiso con la lucha por Verdad y Justicia, contra la Impunidad, como único camino para defender la democracia y construir, entre todas y todos, el nunca más dictadura, nunca más terrorismo de Estado.

Lo acontecido en estos días muestra visos de operación de inteligencia, de desestabilización, no hay que ser inocentes. ¿Por qué Gavazzo habla ahora y no antes? ¿Por qué salen ahora las actas y no antes? Hay que recordar que el Parlamento comprobó el año pasado que hubo espionaje militar contra partidos y organizaciones sociales por lo menos hasta 2004. Hay que recordar las vandalizaciones a las marcas de la memoria y a locales del movimiento sindical y de la izquierda.

Hay una movida de la cual solo estamos viendo los efectos y para enfrentarla no alcanza con especular, hay que organizar pueblo y defender la democracia ejerciéndola.

Por eso es central, como aporte democrático, la convocatoria a la Plaza Libertad del 11 de abril que realizaron Familiares de Desaparecidos, el PIT-CNT, Crysol y la FEUU. Ojalá la acompañen todos los partidos políticos. Ojalá también las cámaras empresariales otra vez en silencio.

Los impunes han movido sus fichas, hay que responder profundizando una ofensiva por verdad y justicia y por la democracia.

El jueves, a las 18 horas en Plaza Libertad, tiene que ser una pueblada, contra los canallas, los verdaderos canallas, de los que Manini Ríos no dice nada, contra los impunes y la impunidad, por la democracia y la libertad.