Editorial del Semanario El Popular N° 457: “Crece desde el pie”

Este martes 26 de marzo el Frente Amplio conmemoró en Paysandú los 48 años de su primer acto público. Fue una verdadera fiesta de pueblo. Una manifestación contundente de unidad, capacidad de movilización, disposición de lucha, propuestas y alegría.

Fue un acto que reivindicó la historia, que construyó, prácticamente memoria, y la memoria es el presente del pasado, es lo que hacemos con el pasado en el hoy.

El 5 de febrero de 1971 es la fecha de fundación del Frente Amplio, su constitución formal. Confluyeron en esa fecha décadas de acumulación popular. La unidad de la izquierda en el Frente Amplio, que pretendía, y pretende, ser la expresión política de la unidad más amplia del pueblo, significó un cambio en calidad en la historia nacional.

Y el 26 de marzo fue el primer acto en la calle, el más grande acto político realizado hasta ese momento. Allí, el general Seregni, en un discurso histórico, afirmó que el Frente Amplio nacía para “llevar al pueblo al poder”. Hace 48 años el Frente Amplio se presentó ante el pueblo y con el pueblo, expresó la potencia política de la unidad, reivindicó el olvidado legado artiguista de que los más humildes sean los más privilegiados, se proclamó instrumento de esos humildes para darles protagonismo político, defendió la democracia practicándola y le otorgó valor central al Programa, a las ideas; el Frente Amplio nació proponiendo un proyecto de país alternativo.

48 años después el Frente Amplio sigue transformando el Uruguay. Hace 20 años que es la primera fuerza política del país. Hace 30 años que tiene responsabilidades de gobierno en Montevideo. Hace tres períodos que es gobierno nacional con mayoría parlamentaria, lograda democráticamente y expresando la voluntad popular. Hoy, además, gobierna 6 Intendencias y decenas de Municipios.

Hoy enfrentamos la elección más difícil de las últimas décadas, en un mundo en crisis que impacta sobre nuestro país, con una contraofensiva feroz del imperialismo, el realmente existente, que busca cargar sobre las espaldas de los pueblos el costo de su crisis, con gobiernos neoliberales que además de hacer pedazos económicamente a los países vecinos, alcanza con mirar Brasil y Argentina, recortan todos los derechos, deterioran la democracia y ponen en peligro la paz del continente, con unas clases dominantes nacionales que no toleran más no tener el gobierno, el espacio político de poder que les hemos ganado, porque el económico y mediático no lo han perdido.

Para enfrentar esta ofensiva conservadora y restauradora hay que tener memoria. Lo primero que tenemos que hacer es asumir, con orgullo, la enorme historia que nos toca defender. Las décadas de luchas, aprendizaje, dolor y sueños que se sintetizaron en la unidad política y social del pueblo, que alumbraron al Frente Amplio y que nos trajeron hasta aquí.

Defender ese legado es imprescindible, es un deber ético, pero no alcanza.

Hay que construir en el presente y proyectar ese legado hacia el futuro.

Y eso hizo el Frente Amplio este 26 de marzo en Paysandú.

Una vez más estuvieron juntos los tres precandidatos y la precandidata presidencial del Frente Amplio. Carolina Cosse, Oscar Andrade, Mario Bergara y Daniel Martínez dialogaron juntos con las organizaciones sociales de Paysandú. Luego recorrieron las calles de la capital sanducera rodeados por cientos de militantes. Y más tarde hablaron juntos, con sus matices, sus acentos, en una plaza desbordada de militancia y de compromiso.

La derecha no puede hacer algo parecido. ¿Alguien se imagina un acto conjunto de Lacalle, Larrañaga, Sartori, Alonso y Antía? ¿Una actividad común de Sanguinetti, Talvi y Amorín Batlle? Mientras el Frente Amplio expresa su diversidad en unidad, el intendente de Cerro Largo, Sergio Botana se cruza públicamente con Sartori y despide a un funcionario por la sola razón de cambiarse de sector dentro de su mismo partido. Los caudillos colorados, que ya no son tantos como otrora, compiten por quien abandona más rápido a Ernesto Talvi, “lo nuevo que se viene”, para alinearse con Julio María Sanguinetti, que promete un “nuevo cambio en paz”, como si estuviéramos en guerra y dice estar preparado para gobernar, cuando en realidad busca que el Partido Colorado no vote solo un dígito.

¿Alguien cree que les será sencillo juntarse para gobernar? Es más, con ellos solos no alcanza. Porque si no juntan todo, absolutamente todo, no pueden competir electoralmente con el Frente Amplio. Es extraño que esto no sea centro del análisis de los especialistas.

Pero, además, ¿cuáles son sus propuestas? ¿Qué ideas los unen?

Programa no tienen, ni siquiera cada partecita de ellos, menos uno que los exprese. Lo único que los une es su desesperación por hacer retroceder los avances sociales conquistados por la lucha del movimiento popular y los gobiernos del Frente Amplio. Licandro propone eliminar el salario mínimo y los Consejos de Salarios. Luis, otra vez el hombre sin apellido, se intenta desmarcar, pero es muy similar lo que expresa públicamente. Larrañaga propone militarizar la seguridad pública, la cadena perpetua y los allanamientos nocturnos y, además, claro, “mano dura con los sindicatos”. Sartori, que no sabe cuanto es el salario mínimo y cuanto cuesta un litro de leche, en realidad no propone nada, salvo gastar mucha plata en publicidad electoral. Talvi se empantana y su iniciativa programática más conocida fue ir a visitar a Mauricio Macri, en medio de la crisis del dólar en Argentina, para “aprender”.

El Frente Amplio es la única fuerza política que tiene un Programa de Gobierno común, que es compromiso de todos los precandidatos, y lo que es más importante, lo es de toda su militancia.

El desafío es muy grande. Hay que lograr que el Programa del Frente Amplio, la única expresión política para abrir una perspectiva popular, se vuelva fuerza material organizada. Hay que convocar y convencer pueblo para luchar por él y construirlo en la práctica.

El cuarto gobierno del Frente Amplio es el mejor camino para resolver a favor del pueblo la contradicción central de la etapa, la disputa entre dos proyectos país: el de profundización democrática, más soberanía, desarrollo productivo y justicia social o el de restauración conservadora, deterioro democrático, concentración del poder y la riqueza y sometimiento al imperialismo.

Lo dijimos hace quince días y lo repetimos, se está produciendo un viraje en la realidad política nacional, la izquierda y el movimiento popular han retomado la ofensiva, lo mostró el 5 de febrero en el Parque Rodó, el 1° de marzo en el Antel Arena, la gigantesca movilización de masas por igualdad y libertad del 8 de marzo, el impacto de la visita de Angela Davis y lo ratificó el acto del 26 de marzo en Paysandú.

Hay que lograr consolidar esa tendencia, que es en la realidad no en las encuestas, y volverla irreversible.

Oscar Andrade, dijo en Paysandú que “el cuarto gobierno del Frente Amplio tendrá al pueblo como raíz”. No es una expresión de deseos o una frase bonita, es una propuesta

y una necesidad política. Hay que asumirla y militarla.