Editorial del Semanario El Popular N°455: “Estremecedoras!”

“Me han estremecido un montón de mujeres, mujeres de fuego, mujeres de nieve”, dice Silvio Rodríguez en la canción que da nombre a su disco “Mujeres”.

Y eso es lo primero que hay que decir del 8 de marzo, estremeció. Por tercer año consecutivo, en el mundo millones y en el Uruguay cientos de miles de mujeres tomaron las calles e interpelaron a la sociedad.

¿Qué hay para destacar de este 8 de marzo? Muchas cosas, pero hay cuatro fundamentales. La primera su continuidad, por tercer año consecutivo mantiene una expresión multitudinaria, que lejos de decaer se fortalece. La segunda, su carácter cada vez más nacional, hubo más de 20 marchas en todos los departamentos del país. La tercera, su expresión unitaria en la calle respetando y posibilitando la diversidad y lo heterogéneo del movimiento. La cuarta, su dimensión internacional, su conexión con las luchas en todo el mundo de las mujeres por sus derechos.

Este 8 de marzo, de mil maneras y formas, las mujeres expresaron su rebeldía, su reclamo de libertad e igualdad, su rechazo a todas las formas de discriminación, de acoso, de violencia.

Esta lucha es tan histórica que sus antecedentes se remontan a los albores de la humanidad y cobra especial fuerza con la división en clases de la sociedad. Las mujeres lucharon siempre, pero un 8 de marzo de 1908, en Nueva York, miles de mujeres obreras fueron a la huelga y los patrones de una fábrica textil encerraron a cientos de compañeras y 129 de ellas murieron quemadas.  En 1910 un encuentro internacional de mujeres revolucionarias decide que cada 8 de marzo las recordarán luchando.  En 1917, en Rusia, conmemorando ese día, otras mujeres, también obreras, se lanzan a la calle y a la huelga por pan y paz, su valentía es brutalmente reprimida, la solidaridad con ellas de decenas de miles de obreras y obreros se transforma en un episodio fundamental para alumbrar uno de los más grandes intentos de emancipación humana. La lucha de las mujeres siguió y 60 años después la ONU institucionalizó el Día Internacional de la Mujer. Hace ya varios años que en el mundo y en nuestro país el 8 de marzo fue rescatado de los encuentros oficiales y volvió a donde nació, a donde cobra sentido, a la calle y con miles.

Y eso es lo nuevo y formidable, es cierto que el 8 de marzo tiene conexiones históricas, pero también tiene un presente, y hace tres años, convocando a las muy diversas expresiones del feminismo y trascendiéndolas en su impacto de masas, la fecha se ha transformado en patrimonio de miles.

En cada lugar del mundo la marcha sintetiza la historia y el presente. En Uruguay este año el color predominante fue el morado, las consignas fueron de una diversidad enorme, mantuvo mucha fuerza el rechazo a la violencia, a las muertes, pero se condenaron las mil formas de discriminación, de opresión, el acoso, el salario menor, la crueldad miserable.

Es importante reivindicar las conquistas, ningún movimiento que se niegue a si mismo puede avanzar. Fruto de la acumulación de la lucha histórica de las organizaciones de mujeres, las organizaciones populares y los gobiernos del Frente Amplio, se han conquistado importantes avances. La Extensión de la licencia maternal; la despenalización del aborto, la Ley de Violencia hacia las mujeres basada en género; la gratuidad de la Vacuna contra el papiloma humano; la ley de Reproducción Asistida; la que otorga días libres para realizarse el Papa Nicolau o la Mamografía; la ley de cuotas para los partidos políticos; las cláusulas de género en los Convenios Colectivos; la creación obligatoria de Salas de Lactancia; los Consejos de Salarios para las trabajadoras domésticas, para las trabajadoras rurales; la Fiscalía y las Unidades de Atención para la violencia de género; el Sistema de Cuidados, entre otros.

Por eso hizo bien la Intersocial Feminista en plantear el “Compromiso 8M” a todas las y los precandidatos presidenciales. La lucha por los derechos de la mujer no se agota en lo institucional, pero incluye esa dimensión.

Y la marcha fue con el protagonismo rotundo y justo de las mujeres, de sus organizaciones, de las muchas variantes del feminismo y también estuvo arropada por las organizaciones populares, por un paro parcial del PIT-CNT y total de varios sindicatos, por FUCVAM, por el movimiento estudiantil.

Eso es muy importante y es patrimonio del movimiento popular uruguayo. No hay que pretender encasillar un movimiento de esta magnitud y de esta profundidad, sería subestimarlo. Hay que trascender los debates estériles, viejos, por cierto, aunque adopten nuevas formas y nuevos léxicos. Lo que importa es potenciar lo que une, no lo que divide.

El desafío es cómo articular todas las luchas, también las de las mujeres, al gran torrente de la construcción de la emancipación humana. No es fácil, pero es imprescindible.

En el camino está el desafío de trascender lo discursivo y construir, cada día, prácticas sociales, colectivas e individuales, públicas y personales, que materialicen la igualdad, que la hagan concreta.

Es hora de asumir que no se puede proclamar que se lucha por la libertad plena y a la vez ser cómplice o protagonista de las más viejas formas de opresión y violencia.

Sólo seremos libres, todas y todos, cuando asumamos eso. Bienvenida la fuerza del 8 de marzo, bienvenida la interpelación que nos hace a todas y todos, bienvenida su potencia transformadora y emancipadora.

Las mujeres, las compañeras, dieron una vez más un aporte formidable a la lucha por una sociedad donde seamos socialmente iguales, humanamente diferentes y totalmente libres, como propuso una gran mujer, feminista y revolucionaria, Rosa de Luxemburgo.