Editorial del Semanario El Popular N° 452: “El futuro del cambio”

Culminó el VII Congreso Extraordinario del Frente Amplio. Fue un gran congreso. Esto se puede demostrar de dos maneras. La primera, por la negación. El congreso prácticamente no existió en los medios de la derecha, lo que es una excelente señal. La segunda, por la afirmación, por la fundamentación de lo que consideramos sus virtudes. Y son básicamente cinco: fue unitario; profundamente democrático; definió un programa valiente, que reivindica los logros, mira autocríticamente lo que falta y proyecta avances populares, asume el desafío del futuro; resolvió bien el tema de las candidaturas y realizó una contribución política importante para la construcción de la fuerza organizada de pueblo que se necesita para derrotar la restauración conservadora y avanzar.

Para analizar la importancia del Congreso del FA debemos hacerlo desde la perspectiva grande, rehuyendo cualquier mirada internista o cálculo menor. El FA se propone ser, y lo ha sido en los momentos claves de la historia nacional, la expresión política de la unidad del pueblo. Por lo tanto, su Congreso, la definición de su Programa de Gobierno y de sus candidaturas debía en primer lugar aportar a resolver la contradicción política central entre dos proyectos de país en pugna: el de desarrollo productivo con justicia social, profundización democrática y más soberanía y el de la restauración conservadora, concentrador de la riqueza, degradación democrática y más dependencia.

Por eso la pregunta clave a realizar es: ¿El Congreso del FA contribuyó a fortalecer la perspectiva popular? Creemos firmemente que la respuesta es sí.

La derecha entre desconcertada y furiosa

La derecha, política, social y mediática, lució desconcertada ante el Congreso del FA. La consigna fue buscar como esterilizarlo en su impacto público. Cayeron en el ridículo. El sábado dijeron que los radicales habían impuesto su agenda y que se iba a aprobar casi un programa socialista. El domingo, los mismos medios y los mismos actores de la derecha, afirmaron que el programa no decía nada y que era una demostración del “agotamiento” del FA. El último argumento fue insólito: a la oposición no le gusta el programa del FA, no lo avala.

Se puede decir cualquier cosa, incluso se puede decir una cosa y al día siguiente la contraria y seguir posándola de objetivo y analista serio. Pero todo tiene un límite. No se puede decir a la vez que el Programa es demasiado radical y que no propone nada y deja las manos libres al futuro gobierno. O es una cosa o es la otra. Y sobre lo tercero, no hay más remedio que responder desde el absurdo: ¿Desde cuándo el FA tiene que hacer su Programa para que lo avale la derecha?

Como el Congreso salió bien, y el FA salió bien parado, optaron por hacerlo desaparecer.

Cinco razones

Primera. El congreso del FA logró una síntesis unitaria en un momento complejo. La unidad política y social del pueblo es la principal construcción contrahegemónica. Tiene un valor estratégico. Uno de los objetivos políticos más importantes de la ofensiva política e ideológica de la derecha y de los sectores del poder es erosionar, y si pueden, romper, esa unidad. La unidad de la izquierda sin exclusiones es un signo distintivo del movimiento popular uruguayo. La unidad le da potencia política al Programa, lo posibilita como construcción material y real. El FA debatió intensamente, no omitió ningún tema, no se cayó nada y logró una síntesis unitaria. Es un aspecto fundamental, el más estratégico de todos.

Segunda. El FA dio, una vez más, una gran demostración de su carácter democrático. Es la principal fuerza política del país y se diferencia en varias cosas de las demás, una, es su democracia interna. Esto es importante para el FA, pero también lo es para el Uruguay todo. La principal fuerza política del Uruguay, en el gobierno nacional, construye democracia practicándola. El FA con su nacimiento y su acción cambió el Uruguay, lo hizo más democrático, es decir más libre y más igual. Cuando decimos esto nos referimos a todos los avances económicos y sociales logrados por la acción de gobierno, parlamentaria, municipal y la lucha del Frente Amplio y de nuestro pueblo en estos 47 años. Pero también a su aporte transformador en la manera de ver y de hacer política. Y en eso tienen un papel fundamental los Comité de Base, que son expresión de la vocación de acción política permanente, de dar participación real a los militantes en las decisiones y de darle a la política un sentido popular. Cuando nacieron implicaron un cambio radical con respecto a los Clubes de Amigos de uno u otro doctor de los partidos de la derecha. Y en este Congreso, otra vez, mostraron toda su potencialidad. Los Comité de Base materializan la unidad y le dan sustento a la democracia interna. Ninguna otra fuerza política del Uruguay puede mostrar un proceso de elaboración programática con ese nivel de participación. Mas de mil militantes durante casi un año en 31 unidades temáticas. Miles a lo largo y ancho del país, estudiado, escuchándose, proponiendo, como iguales. Y al final, más de 1.300 delegados y delegadas, discutiendo durante dos días y aprobando con un altísimo nivel de consenso político el Programa de Gobierno. Como para que nos den lecciones los que harán su programa con consultores pagos o ni siquiera lo tendrán, porque no les importa. El FA demostró que sigue siendo una fuerza democrática y democratizadora.

Tercera. Como decíamos, definió un programa valiente, que reivindica los logros, mira autocríticamente lo que falta y proyecta avances populares, asume el desafío del futuro. Sin unidad y sin protagonismo democrático no se puede lograr un buen Programa, se puede escribir alguno, pero será estéril como instrumento de transformación popular de la realidad. Pero también es cierto que se puede preservar la unidad, practicar la democracia interna y lograr un mal Programa. Ya sea por baja calidad de la discusión, por incapacidad de síntesis política, por vetar temas para evitar tensiones internas o por sucumbir a una mirada autorreferencial, autocomplaciente y alejada de los problemas y el sentir real de nuestro pueblo. Nada de eso pasó. El debate fue intenso, duro por momentos, pero fue de cara a la realidad, no se omitió ningún tema y se avanzó en propuestas que miran el futuro y lo desafían. El Programa de Gobierno del FA no deja ningún problema de la sociedad sin afrontar. Se podrá compartir o no las soluciones planteadas, pero no cuestionarlo por falta de posición. Es un buen Programa en un triple sentido: porque coloca una perspectiva transformadora para el Uruguay, una ruta de cambio; porque es un instrumento político para salir a proponérselo a nuestro pueblo, construir fuerza organizada para pelear por él y darle fuerza material; porque en una fuerza política plural, política e ideológicamente y policlasista, como el Frente Amplio, el Programa es un elemento central para la unidad, y este expresa una síntesis unitaria del hoy frenteamplista.

Cuarta. Resolver las candidaturas que expresen el Programa y la propuesta política del FA no ha sido fácil en estos años. El FA siempre se distinguió por proponer un programa y un candidato o una fórmula unitaria que lo exprese. Pero eso es una construcción política, una síntesis. A partir de 2009 siempre tuvimos escenarios de múltiples candidaturas. Y eso se repite en esta oportunidad. La síntesis se puede lograr en el Congreso, y sería mejor, pero si no se consigue y se la traslada al pueblo frenteamplista que la saldará en las urnas en junio, lo importante es que se avance todo lo posible en un clima de fraternidad y unidad. Que la multiplicidad de candidaturas exprese sensibilidades, propuestas, complementarias, que potencien al Frente Amplio en su abordaje de la sociedad. Y eso se logró en este Congreso. La votación por aclamación de la moción que habilitó las precandidaturas de Oscar Andrade, Mario Bergara, Carolina Cosse y Daniel Martínez, el clima de alegría, que es imposible fingir o fabricar, así lo demuestran.

Quinta. Ya fundamentamos al principio que el Congreso fue una contribución a la construcción de una síntesis política e ideológica que resuelva a favor del pueblo la contradicción entre los dos proyectos de país.

Tenemos un Programa único, construido democráticamente y de contenido popular, es completamente distinto al que tendrá la derecha. Ahora el desafío es hacerlo fuerza material transformadora. Convocar y organizar pueblo para hacerlo suyo y pelear por él. Se dice que este fue un Congreso más chico que los anteriores, con menos Comité de Base y menos delegados. Esto es así. Y esa no es una buena señal, pero hay que afrontar el problema y superarlo, la campaña electoral es una oportunidad, también, para levantar más Comité de Base y fortalecer más al Frente Amplio en todo el país.

El Congreso se salvó con buena nota. Ahora depende de nosotros y nosotras. Esto se define en los barrios, en los centros de trabajos, en las plazas, en las esquinas, con nuestro pueblo, para construir el futuro.