Editorial del Semanario El Popular N° 451: “Como hace 35 años: ¡Viva la libertad!”

El martes ocurrió un hecho político relevante, sustantivo, por su forma y por su contenido. Las juventudes del Frente Amplio, el Partido Nacional, el Partido Colorado y el Partido Independiente, nucleadas en la coordinación “Juventudes por la Democracia”, homenajearon al histórico acto en el Obelisco del 27 de noviembre de 1983 y expresaron su compromiso con la democracia y la libertad.

Es un hecho político de enorme significación. Por la situación que vive el mundo y la región, por las implicancias en nuestro país y en el debate político actual.

Porque expresa un nivel de unidad nunca alcanzado desde la recuperación democrática, para ningún tema. Y también, porque lo realizaron los jóvenes que militan partidariamente en política.

Este pronunciamiento contundente, serio, comprometido con la democracia y la libertad, con ese nivel de amplitud, lamentablemente no está ocurriendo en ningún otro país del continente. Es una muestra de madurez política y de acumulación democrática de nuestra sociedad que debe ser valorado en toda su dimensión.

El acto del martes

Las juventudes de los cuatro principales partidos políticos del Uruguay organizaron un acto austero, sencillo y muy emotivo, cargado de señales.

La primera fue que eligieran recordar al Río de Libertad, que fue la expresión más amplia democrática lograda por nuestro pueblo en la lucha contra la dictadura. La segunda es que, al igual que en 1983, eligieran hacerlo en la calle, no encerrados, ni con un seminario, porque la historia de la democracia es la historia de las asambleas populares, del pueblo en la calle ejerciéndola, construyéndola y defendiéndola, del pueblo como protagonista. La tercera es que la hicieran frente al Parlamento, ámbito de expresión de la voluntad ciudadana, secuestrado por el fascismo y reconquistado por la lucha popular. La cuarta es que fuera una proclama única, se esforzaron por hacer una síntesis de lo que los une y no en marcar los perfiles que los diferencian, privilegiaron lo colectivo, que es la esencia de la política. En el mismo plano puede inscribirse la elección de quien leyó la proclama unitaria: Belén Barreto, joven de 17 años, una de las estudiantes de Tala (Canelones) premiada por la NASA el año pasado. La quinta es que también incorporaron la cultura, la música y el canto, que fueron en la lucha contra la dictadura, y son hoy, elementos fundamentales de la construcción de una identidad democrática. La sexta, y solo a los efectos de ordenar no por su importancia, es que iniciaron la actividad homenajeando, con mucho respeto, a Luisa Cuesta.

Pero la importancia del acto no está dada solo por sus mensajes, sus formas y la interpretación que hagamos. El contenido de lo que las cuatro juventudes políticas expresaron es relevante en sí mismo. Por respeto a ese esfuerzo político no vamos a sobre interpretar lo que se dijo, vamos a darle voz y reproducir el mensaje.

Explicaron porque homenajeaban al Río de Libertad y dijeron: “Aquel acto fue decisivo en la derrota del régimen de facto al que estaba sometida la República. Entonces todos los partidos políticos, autorizados y excluidos, se unieron por la causa común de la libertad, para dar un mensaje claro a los usurpadores del poder y a la ciudadanía, y para honrar los valores cívicos de nuestro país, los que nos dan identidad y sentido en el mundo. Hoy, las juventudes políticas nos unimos para homenajear esos valores y para decir, fuerte y claro, que apoyamos profundamente al sistema democrático de gobierno. Es nuestra obligación defender estos principios comunes, hoy amenazados por discursos de odio y por atropellos cada vez más frecuentes en la región y en el mundo”.

“Por memoria y responsabilidad, no debemos olvidar que la democracia nunca está completamente conquistada, sino que se construye cada día y de forma colectiva entre todos y todas. Es por eso que en épocas de crisis e incertidumbre aparecen tentaciones antidemocráticas, discursos mesiánicos y ataques a la actividad política. No se trata de un fenómeno nuevo. El desprestigio del sistema político, es importante recordarlo, condujo al golpe de Estado de 1973. Las horas más oscuras de nuestro pasado nos recuerdan que debemos estar prevenidos, porque cuando no hay política democrática hay autoritarismo y arbitrariedad”, señalaron con meridiana claridad.

Reclamaron a los partidos políticos una conducta en el presente: “En este marco de acuerdos y coincidencias, apelamos a que en cada ciclo electoral, nuestros partidos practiquen el diálogo, comprometiéndose al igual que nosotros a no descender el nivel del debate ni recurrir a la desinformación y a la mentira. Los exhortamos a desarrollar las campañas electorales con transparencia y en cumplimiento estricto de la ley, y a defender los valores democráticos, condenando todas las expresiones que atenten contra ellos y que promuevan la división de la sociedad, en vez de la discusión respetuosa en el plano de las ideas”.

La proclama culminó en la voz firme y emocionada de la joven que leía, con las mismas palabras que hace 35 años pronunciara Alberto Candeau y provocaran una gigantesca ovación de la multitud presente en el Obelisco: “¡Viva la patria! ¡Viva la libertad! ¡Viva la República! ¡Viva la democracia!”.

Hace 35 años

En el acto del Obelisco, bautizado un Río de Libertad por la foto inolvidable de la contratapa del semanario Aquí, se expresó el mayor nivel de unidad de nuestro pueblo contra la dictadura.

Fue convocado por todos los partidos políticos que ya tenían un funcionamiento legal, el Partido Colorado, el Partido Nacional y la Unión Cívica, pero también por el que aún estaba ilegalizado y prohibido, el Frente Amplio. Se sumaron el movimiento sindical, el movimiento estudiantil y otros sectores del movimiento popular. Estuvieron los familiares de los presos y de los asesinados y desaparecidos. Estuvo la cultura popular en todas sus expresiones. Estuvo la academia y las gremiales que agrupan a los profesionales. La Iglesia católica, a través del arzobispo Partelli, adhirió al acto. Es imprescindible recordar que el movimiento sindical estuvo en la convocatoria y en el estrado y que, salvo la Federación Rural, que siempre tuvo una posición contraria a la dictadura, no estuvo ninguna gremial empresarial, la Asociación Rural y la Asociación de Bancos, saludaron al golpe e integraron los gobiernos de la dictadura, la Cámara de Industrias y de Comercio tuvieron una conducta y un papel similar.

Pero el acto del Obelisco, con toda su trascendencia innegable, no fue un rayo en un cielo sereno. Estuvo precedido por la Huelga General, por la manifestación del 9 de julio de 1973, por la victoria del No que rechazó la constitución fascista en 1980, por el triunfo de las opciones democráticas dentro de los partidos autorizados en las elecciones internas de 1982 y por el voto en blanco que respaldó al Frente Amplio prohibido, y también, por la resistencia clandestina durante los 11 años de la dictadura.

En el año 1983 habían pasado muchas cosas. Se había entablado una negociación entre los partidos autorizados y la dictadura, en el Parque Hotel. Fue la irrupción del pueblo en la calle la que desató la ofensiva final contra la dictadura. El gigantesco 1° de Mayo de 1983, por Libertad, Trabajo, Salario y Amnistía, marcó la primera movilización masiva desde 1973. La semana del estudiante y la enorme marcha al Franzini le dieron continuidad. Y antes habían estado la lucha de FUCVAM contra el decreto que significaba el fin de las cooperativas de vivienda o la juntada de firmas contra el examen de ingreso en la Universidad y miles de pequeñas y heroicas luchas.

Todo eso confluyó en el Obelisco, lo potenció y lo hizo posible.

Y ello ocurría con miles de presas y presos políticos. Con miles de proscriptos, destituidos y exiliados. Con clausuras permanentes a los medios de comunicación que se atrevían a violar la censura. Con decenas de militantes de la FEUU y la UJC detenidos y torturados ese mismo año. Con Roslik asesinado en la tortura pocos meses después del acto del Obelisco.

El hoy

Por todo eso es tan importante el acto del martes. Es una señal, de la potencialidad del futuro y de las dificultes del hoy, que lo hayan convocado las juventudes y no los Partidos, que ni siquiera lo discutieron como una posibilidad. También es seña de las dificultades que no haya estado rodeado de todo el calor popular que merecía. Pero nada de eso le resta importancia, al contrario.

La defensa de la democracia, que para nosotros es una construcción permanente de libertad e igualdad y un espacio para la transformación social, exige la máxima amplitud, del otro lado los fascistas, nadie más.

Esa es una de las lecciones de la lucha contra la dictadura y es muy bueno que las y los jóvenes militantes políticos den muestras claras de que están dispuestos a asumirla hoy, cuando el avance de sectores fascistas y reaccionarios pone todo en riesgo.

A las y los jóvenes, salud.