Hace 45 años, 8 obreros comunistas fueron asesinados por más de 500 efectivos militares, policiales y paramilitares fascistas

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Hace 45 años, fue asaltado el local del Seccional 20º del Partido Comunista de Uruguay, por más de 500 efectivos militares, policiales y paramilitares fascistas: 8 obreros comunistas fueron asesinados.
 
La larga noche del 72
 
Uno de los testigos que permitieron esta crónica tardía, pero porfiada, nos dio el título. Asoció aquella noche, entre el domingo 16 y lunes 17 de abril de 1972, con otra del 42. En ella también fueron masacrados comunistas y patriotas italianos que se oponían al acceso del fascismo.
 
Los hechos se encadenaron desde el viernes 14 de abril de 1972. Esa noche se intentó hacer lo que finalmente se concretó en el Seccional 20. Pero se frustró el operativo en el ex local central del Partido Comunista.
El sábado 15 a la tarde, la Asamblea General culminó el debate iniciado el viernes aprobando el estado de guerra.
 
En la madrugada del domingo 16 se suceden casi simultáneamente, entre las 4.00 y las 4.30, once atentados con explosivos y ametrallamientos. Fueron atacadas las fincas de los Dres. Juan José Crottogini, Carlos Quijano, Carlos Martínez Moreno y otras personalidades políticas y culturales, además de una iglesia y el local del Seccional 18 y 24 del PCU.
 
La tensión era general en víspera de la tragedia. Era el primer día de vigencia del estado de guerra. A media mañana había gran despliegue de tropas y vehículos en toda la zona de la manzana del Seccional 20 del Partido Comunista, situado en Avda. Agraciada 3715.
 
Falsa ratonera
 
Por la calle Valle Edén, atrás de esa manzana, los efectivos ingresaron a un pequeño apartamento ubicado al Nº 3716. Dos modestas piecitas a los fondos, en realidad, de la finca lindera. Residía allí el joven matrimonio Toyos, sin ningún antecedente de militancia política ni gremial. Se sabrá después por boca de ellos mismos, que mientras su casa quedo ocupada por soldados ellos fueron retenidos en el Regimiento 9 de Caballería.
 
Fueron tratados amablemente y liberados. Se los vio en el barrio a la mañana siguiente, es decir, el lunes 17, aún antes de que se divulgara el comunicado 77 de las Fuerzas Conjuntas. Ese fue el parte que presentó la masacre como consecuencia de un “enfrentamiento”.
El comunicado partía de ese procedimiento sobre una presunta ratonera tupamara instalada en el apartamento: “…al presumirse que en la misma se realizaban actividades subversivas, lo que determinó que se procediese a una revisación minuciosa de la citada finca, encontrándose, efectivamente, documentación de este tipo”.
 
Como anotábamos, esto era tan falso que el matrimonio había sido liberado desde el 9º de Caballería sin imputación alguna y se les devolvió lo incautado. Empero, efectivos de esa unidad habían sido dejados en el apartamento, convertido en “ratonera” desde el domingo 16 al mediodía.
 
Primer allanamiento
 
Sobre la hora 10.00, los efectivos militares hicieron el primer allanamiento al local del Seccional 20. Desde hacía varios días, muchos militantes se turnaban para su cuidado, ante la ola de atentados y provocaciones.
 
El diputado Jaime Pérez, que llegó en el momento del operativo rastrillo, recordará en Cámara, dos semanas después, lo que dijo al oficial responsable: “Mientras íbamos recorriendo el local y mirándolo todo, expliqué cómo había sido el asalto vandálico el viernes de la reunión de la Asamblea General, al local central de nuestro Partido. Y cómo, si no hubiera sido por la enorme cantidad de gente que había y por  la disciplina y serenidad que demostraron, pudo haberse transformado en muchos muertos. Yo le expresé que en estas circunstancias hay que tener la cabeza muy fría, porque los hombres pueden ser juguete de las situaciones fabricadas por grupos que están para eso, para desatar el caos en la República, para crear las condiciones del fascismo y de la represión más sañuda contra el pueblo. Al decir esto no tenía la menor idea de que unas pocas horas después nos íbamos a encontrar ante la consumación de estos hechos”.
 
Mendiola obligado a quedarse
 
Finalizado el operativo, sobre la hora 12.00, toda la zona seguía bajo control policíaco-militar. De la redacción de EL POPULAR habíamos enviado a uno de nuestros fotógrafos, Hermes Cuña. Se encontraba junto a una decena de militantes en el local, cuando próximo a las 13.00 horas se repite un allanamiento.
 
Se aduce que se había recibido denuncia desde la finca lindera, que por encima del muro del jardín del fondo se había arrojado, envuelto en nylon, un revólver 38 sin guía. Un oficial pregunta quién es el responsable del local y esto es asumido por Luis Alberto Mendiola. Solo le retiran los documentos y se le indicó que no debía moverse del lugar. Se llevan detenidos a todos los restantes, unas 15 personas, incluido nuestro fotógrafo. Son cargados en un camión en el cual permanecerán, mientras estuvo estacionado (dos horas) frente a la Región Militar Nº 1, que tiene su comando a quinientos metros, por la misma avenida Agraciada Luego son llevados a una celda de la muy próxima comisaría Seccional 18 (hoy 7ª), situada a cuadra y media del local, en la calle Félix Olmedo.
 
Merodeo de fascistas
 
Todo parecía haber vuelto a la normalidad. Sobre las 16.00 horas del domingo, se podía ver parado en la puerta del local al camarada Luis Mendiola, como habitualmente lo hacía. Empero, la tensión subsistía por la evidente movilización de personas extrañas al vecindario. Algunos eran reconocidos fascistas de la JUP, organización que entonces tenía presencia en la próxima zona de El Prado.  
 
Oscurece en la zona
 
Sobre las 20.00 horas, un vendedor callejero de comestibles recibe una intimación significativa de parte de dos individuos de particular, que muestran carnets policiales. El comerciante trabajaba a unos cien metros expendiendo sus productos hasta la madrugada. Los de particular, al oír que el comerciante cerraba a la 1.00 o 2.00 de la madrugada, le conminan a hacerlo a las 23.00 horas de esa misma noche.
 
Vecinos recuerdan que esa noche estaba más oscuro que lo habitual, debido a que había menos luces encendidas. Ernesto Fernández uno de los dos sobrevivientes ilesos –que se encontraba en la azotea–, hoy recuerda que toda la calle estaba muy oscura cuando sobre las 23.00 horas del domingo 16 volvió por el local. Había cumplido sucesivas guardias nocturnas desde el miércoles anterior, y esa noche iba a descansar.
 
Caminar era peligroso
 
“Cuando llegué, Mendiola estaba en la puerta” –narra Ernesto Fernández. “Me dijo que no me detuviera, que siguiera. Pero yo, caminando, insistí en preguntarle qué pasaba. Él, luego de mirar hacia todos lados, me indicó que me acercara y me explicó todo el cuadro anormal en la zona, allanamientos reiterados y la detención de varios compañeros.
 
Efectivamente, en la zona pululaban personas de particular y no se sabía exactamente si eran policías o miembros de bandas fascistas. Los compañeros presentes en el local optaron por aconsejarme que no me fuera con esa oscuridad y me quedara, aunque yo debía irme a dormir. Lo que comencé a hacer en la gran mesa del equipo de propaganda”.
 
Primeros tiros
 
“Era media noche cuando me desperté al oír unos disparos de armas de fuego, espaciados, que se sentían de los fondos de la manzana, desde Valle Edén.
 
Mendiola me preguntó si podía subir a la azotea para que se bajaran los compañeros que se encontraban de vigilancia allí. Eran Héctor Cervelli y Enrique Rodríguez, ambos metalúrgicos. Era dificultoso el acceso a la azotea, no teníamos una escalera directa sino una escalera chica, de mano, que había quedado sobre el techo de la pieza que salía para los fondos. Servía solo para ese segundo tramo hacia la azotea. Me ayudaron a izarme.
 
Fue en ese momento, cuando recién comenzaba a descender  Cervelli (en definitiva el único que pudo bajar), que llegó por la avenida Agraciada el primer vehículo de las Fuerzas Conjuntas”.
 
Infantería sobre el puente
 
Una compañía de Infantería, testimonian vecinos, había sido apostada a doscientos metros, sobre Agraciada y Zufriategui. Se verá instalada una ametralladora en plena calle en la boca del puente de Paso Molino.
 
Desencadenan la trampa
 
Por el lado lateral de la manzana del Seccional 20, calle Valentín Gómez al Nº 875, casi a mitad de la cuadra entre Agraciada y Valle Edén, hay una entrada para cuatro apartamentos. Vecinos sienten que desconocidos trepan allí con sigilo hacia la azotea. Luego oyen algunos disparos. Se siente cuando uno o más individuos desandan el camino y se alejan con prisa.
 
Esos disparos fueron los que desencadenaron la gran trampa que abarcó no solo a los obreros comunistas sino a gran parte de los militares y policías que no sabían lo que allí estaba provocándose. Por eso todos estos detalles son trascendentes. El acceso a la azotea es relativamente fácil luego de ingresar al patio de los apartamentos, por la mitad de la calle Valentín Gómez. El bloque del edificio de los apartamentos sobresale notoriamente a los fondos del apartamentito allanado en la mañana, ubicado por la calle lateral, Valle Edén, al Nº 3716. El edificio de Valentín Gómez 875 es el primero de otros muchos que se interponen entre los fondos del apartamento de Valle Edén y los fondos del local del Seccional 20, en el lado opuesto de la manzana, a más de cien metros.
 
Única trayectoria para la provocación
 
Aún desde varios metros por encima de la azotea del local del Seccional 20, tampoco se podría tener visibilidad hacia la ventanita de los fondos del apartamento de Valle Edén 3716. En cambio había una proyección directa desde la azotea del edificio de Valentín Gómez 875. Inclusive resguardado detrás de los tanques del agua corriente instalados allí, existía visibilidad directa. En ese lugar fueron recogidas algunas cápsulas, al igual que centenares de los proyectiles disparados después en toda la zona.
 
Todo hace suponer que desde esa azotea de Valentín Gómez 875 se hicieron los disparos sordos y espaciados que se oyeron a las 1:05 horas del lunes 17. Fueron dirigidos hacia la ventana de Valle Edén 3716. Allí permanecía una imaginaria militar, que es la que comunica el alerta al Regimiento 9 de Caballería.
 
Testigos en un cuartel
 
En el cuartel, alrededor de esa misma hora, según narró el matrimonio Toyos (que residía en dicho apartamento de Valle Edén), “en momentos en que atravesaban el patio del cuartel, pues iban a ser devueltos a su domicilio, oyeron voces que gritaron: Operación 52. De inmediato fueron dejados solos, dentro del patio, y vieron que todo el mundo se armó y corrió hacia los vehículos, quedando el cuartel prácticamente desierto. Ellos fueron llevados por otros funcionarios nuevamente al interior del mismo y allí les dijeron que las fuerzas se dirigían a la zona de sus casas. A las cuales retornaron ellos mismos pocas horas después”.
    
Acude el Cap. Busconi
 
Pero esos pocos disparos misteriosos fueron hechos por alguien que sabía todo lo que podía provocar. Primero, la generalización de una alarma en todo tipo de unidades de las Fuerzas Conjuntas. Entre ellas, las del Regimiento 9 de Caballería, en donde revistaba el joven capitán Wilfredo Busconi.
 
No está claro si de particular o uniformado, si desde el cuartel o de su domicilio, pero lo cierto es que también acudió en su automóvil, por la Avenida Agraciada hacia afuera, fuertemente armado. Estacionó el vehículo a unos cincuenta metros del local del PCU.
 
“Copar Valle Edén”
 
Mientras, desde Valle Edén ya se habían sentido las primeras ráfagas de armas automáticas. La compañía de Infantería, apostada en Agraciada y Zufriategui se moviliza. Se oyó decir a un sargento o alférez: “Copar Valle Edén. Nos están atacando”. Los efectivos avanzan por Agraciada, arrastrando los zapatos, y toman por Raffo Arrosa hasta Valle Edén, por la cual se deslizan en dirección a Valentín Gómez. A esta altura la balacera se había generalizado. Primero se apagan los últimos focos de luz que subsistían. Hoy, a quince años, vecinos señalan lugares donde quedaron incrustados proyectiles de guerra en los árboles de la calle.
 
Cuatro horas con disparos
 
No habrían pasado más de cinco o seis minutos de los primeros disparos, cuando comenzó el ametrallamiento por Valle Edén, seguido del movimiento de vehículos y tropas, totalizando no menos de medio millar de hombres en torno a esa manzana. A la 1.10, los disparos y las ráfagas de ametralladoras se hacían desde la Avenida Agraciada, directamente contra el local partidario. A partir de entonces se hacen disparos desde los cuatro puntos cardinales. Los vecinos aterrados veían bengalas, caían órdenes y contraórdenes y disparos incesantes de muy variados tipos de armas, que se prolongaron durante más o menos media hora. Luego, disparos más o menos nutridos y ráfagas de ametralladoras se oyeron hasta las 3.15 horas y, aislados, hasta las 5.15 hs. de la madrugada.
 
“No se metan”
 
“El primer vehículo que logré ver llegar desde la azotea –narra Ernesto Fernández–, creo que era uno de aquellos camiones ‘ropero’ de las fuerzas policiales de la Guardia Metropolitana. Estacionó medio chanfleado en la esquina de Valentín Gómez.
 
Pudimos ver que se acercan los dos agentes policiales, custodios del domicilio de Francisco Corteza, que entonces era Ministro de Economía y Finanzas. La mansión, actualmente ocupada por el CASMU, está situada en la esquina sobre Av. Agraciada y Valentín Gómez. Ellos  se aproximan al  ‘ropero’ y vimos que le indicaban hacia abajo, por Valentín Gómez, hacia Valle Edén. Seguramente, le informaban de dónde se habían sentido disparos de armas de fuego. Oímos que el oficial les ordenó con brusquedad que volvieran a lo suyo en la finca del Ministro”.
 
Espantoso ametrallamiento
 
“Casi enseguida encendieron y enfocaron reflectores del camión de las FF.CC. hacia el local, y comenzaron a disparar con armas automáticas.
 
De ahí la balacera ya no paró. Después se fueron sumando otras armas de diferentes lugares. Nos tiramos sobre el techo contra el borde-esquina que daba hacia Agraciada y V. Gómez.
 
Era espantoso. No despegamos la cabeza del piso. Se sentía tabletear de ametralladoras, se veían ráfagas de balas trazadoras, bengalas, se oían explosiones raras, que no sabíamos definir bien si eran granadas u otras cosas.
 
Los proyectiles rebotaban y zumbaban muy cerca nuestro. No sé cómo salimos ilesos. Las balas picaban por todas partes. Parece que también tiraron del viejo edificio de ‘la Junta’, que tenía dos o tres plantas y estaban ubicados en la esquina de enfrente, en diagonal. Y de alguna otra azotea de la zona.
 
Después comprobé cuán cerca me rozó la muerte. Uno de los proyectiles de las armas de guerra que usaron había atravesado totalmente la parte de mampostería, detrás de la que me resguardaba. Ese proyectil pasó rasante sobre mi cadera.
 
Oímos en determinado momento insistentes gritos de ‘alto el fuego ¡No tiren!’, insultos, más gritos, órdenes de ¡alto el fuego! Los que estaban apostados más lejos seguían disparando. Siempre hacia el local, aunque también a la casa de los vecinos, principalmente hacia los pretiles. Era una verdadera acción terrorista, no sólo contra nosotros sino para atemorizar a todo el mundo”. (…)
 
Hasta allí el texto de la investigación periodística publicada por el El Popular en 1987, a partir de ahora publicamos otras partes que tienen que ver con los crímenes en sí cometidos hace 40 años en la Seccional 20º.
 
 

Mártires del Seccional 20 del PCU

 

En la balacera cae herido mortalmente el capitán del Ejército, Busconi, la versión “oficial” acusó a los comunistas de haber disparado desde el local con un revólver. Tanto el juez militar, como se prueba más abajo, como todos los análisis técnicos mostraron que era imposible y que en realidad Busconi cayó víctima de una bala de un arma de guerra y que en el local no había armas.
 
Nueve obreros comunistas son heridos, baleados cuando salieron con las manos en alto y desarmados del local, siete mueren instantáneamente o son dejados morir sin atención médica en la calle Luis Alberto Mendiola, Raúl Gancio, Elman Fernández, Justo Sena, Ricardo González, José Abreu y Ruben López. Héctor Cervelli muere días después en el Hospital Militar y Machado a pesar de ser herido en la cabeza sobrevive.
 
 
Continúa ahora la crónica de la investigación publicada por EL POPULAR en 1987.
 
COMPROBACIÓN FORENSE: EJECUTADOS O DESANGRADOS
 
(…) Las autopsias de los siete caídos frente al local, fue practicada por el Dr. Guaymirán Ríos, por entonces médico forense. El resultado del análisis del perito fue entregado al Dr. Daniel Echeverría, Juez Letrado de Instrucción de 3er Turno, y al Juez militar de Instrucción de 2º Turno, coronel Dr. Aníbal Macchitelli.
 
No se realizó posteriormente la autopsia de la octava víctima, Héctor José Cervelli, quien falleció a los once días y fue enterrado el 29 de abril, sin que se extendiera certificado de defunción. Cervelli y luego José Antonio Machado, fueron quienes salieron primero del local. Y, quizás por eso, los únicos que alcanzaron a ser recogidos heridos para conducirlos al Hospital Militar, casi junto con el capitán Wilfredo Busconi, quien fallecerá sin recobrar el conocimiento, veintidos meses después. Machado salvó su vida, pero quedó con la constante amenaza de un proyectil alojado en la base de su cerebro.
 
Rodney Arismendi revelará las conclusiones de las autopsias, sintetizándolas fuera de los elementos técnicos. Destacó en la Asamblea General, que se trata de un documento público de mayor valor que los propios testimonios, más allá de cualquier versión de los partes de las Fuerzas Conjuntas de entonces.
 
“(…) Han caído ocho obreros –denunció el diputado Arismendi en la Asamblea General- sin armas, siendo asesinados con tiros en la nuca, ejecutados, y, más todavía: algunos murieron desangrándose en la calle, donde los dejaron estar largo rato sin llevarlos al hospital y sin auxiliarlos, a pesar de que tenían las ambulancias a disposición. De esto hay testigos por cantidades para acreditarlo”.
Además de las referencias sobre Raúl Gancio, Arismendi reveló las siguientes conclusiones:
 
Ruben López. Baleado por la nuca, con lesiones nerviosas mortales. Caído en el suelo, boca abajo, recibe otro balazo, desde la cabeza a los pies, desde unos metros, con bala que entró por el costado derecho de la cabeza y salió por la base del cuello del lado izquierdo. Muerte casi instantánea.
 
José Abreu. Primera herida de tórax que lesionó pulmón y provocó hemorragia interna. Segunda herida de tórax hecha desde arriba, si estaba de pie o caído en el suelo, con disparo hecho desde la cabeza a los pies, que lesionó pulmón y lesionó médula espinal provocando parálisis en las piernas. No murió instantáneamente.
 
Elman Fernández. Herido de bala en el muslo derecho (adelante-atrás) que no lesionó huesos ni grandes vasos, solamente músculos. Herida en la cabeza de adelante atrás que provocó muerte instantánea por lesión del encéfalo. ¿Ambos balazos al mismo tiempo? ¿Primero el del muslo que no lo hizo caer y luego el otro, de pie? ¿Cayó por primer balazo y luego rematado en el suelo?
 
Luis Mendiola. Seis balazos. Dos heridas de otra naturaleza. Muerte instantánea por bala en la cara que lesionó cerebro y salió por la nuca. Balazo en la cabeza que deprimió huesos pero no penetró (¿poca fuerza de proyectil?). Desde lado derecho. Balazos en los miembros: hombro derecho, muslos y piernas (balas transversales que no lesionan huesos) brazo derecho. Una herida “rara” en el pie izquierdo y otra en el abdomen que no penetró. La del pie “punzo-cortante”. ¿Arma blanca? ¿También “rematado” en el suelo?
 
Justo Sena. Tres balazos casi horizontales en el cuerpo. Uno en el pecho, desde la izquierda y adelante, que lesionó pulmón derecho. El segundo en  el abdomen a la altura del ombligo, seguramente mientras caía hacia atrás y que provocó estallido del hígado. El tercero encima del pubis prácticamente horizontal, probablemente simultáneo con el primero. Tiene además otro balazo en el muslo. No muere instantáneamente, sino por hemorragia interna.
 
RETUVIERON 6 HORAS LAS AMBULANCIAS
 
Las autopsias revelaron que además Raúl Gancio, José Abreu y Justo Sena tampoco murieron instantáneamente, sino por hemorragias internas. Jaime Pérez denunció al respecto en su exposición del 2 de mayo en la Cámara de Representantes, que “a la 1.30 de la madrugada ya había dos ambulancias de Salud Pública, con sus médicos y personal respectivos, que ansiaban socorrer y salvar la vida da los que estuvieran heridos de gravedad. Sin embargo no se les permitió aproximarse hasta las 7.30 de la mañana. Es decir que estuvieron seis horas plantados, mientras dos de esos compañeros se desangraban y por esa vía morían”.
 
Uno de los vecinos testimonió que “siendo las cinco de la mañana quisimos salir con un médico para prestar asistencia a dos heridos que estaban tirados en la calle y que todavía se movían. Varios soldados nos lo impidieron violentamente”.
Estaba amaneciendo cuando permitieron acercarse a las ambulancias para recoger los cuerpos. Con teleobjetivos, un fotógrafo logró registrar el lugar donde permanecían algunos cuerpos. Luego se ordena echar tierra sobre la sangre.
 
BARRO CON SANGRE OBRERA
 
“Esa tierra se hace barro, pero un barro muy especial –dirá en Cámara Jaime Pérez-, es el barro de la sangre de los trabajadores que fueron asesinados”. Y advertía sobre la necesidad de realizar una investigación a fondo de los hechos, para que los responsables, también de la herida al capitán Busconi, reciban el castigo que merecen por asesinar impunemente.
 
NO TODO FUE HISTERIA
 
En los mismos términos se manifestó Rodney Arismendi al polemizar con el Ministro de Defensa de la época, que se presentó a convalidar políticamente el crimen, trasladándose una versión falseada de los hechos en el curso del debate realizado por la Asamblea General entre el 13 y el 15 de mayo.
 
“El Señor ministro alza la voz  para tratar de justificar lo que no se justificará nunca en la historia del país –acotó Arismendi-, por ser un crimen infame, donde pueden haber entrado elementos de histeria, aunque no todo fue histeria.
(…) pobre jefe militar si sus hombres, en cualquier circunstancia son capaces ante gente desarmada o con las manos en alto, de dispararles tiros en la nuca y asesinarlos en medio de la calle, inermes. ¿Esa es la moral del Ejército Uruguayo? Yo lo rechazo. Yo creo que existe otra, que no mata por la nuca a hombres desarmados.”
 
“Estoy seguro que nadie en las Fuerzas Armadas admitiría que ése es el criterio, aún en el caso de que se hubiere disparado desde el local. Y esto lo rechazo terminantemente, por que es una infamia y se prueba por parte de la Justicia Militar. En esta azotea tan “terrible” sobrevivieron dos personas que estuvieron durante ocho horas. (…) son golpeados en el vehículo que los lleva. Salvan sus vidas y son puestos en libertad por el juez militar. Están en la calle, actuando libremente, porque el juez militar los liberó: los dos sobrevivientes de la azotea desde la cual “partían tiros” y había “tanto peligro”.
 
“Lo que está probado es que el juez militar los puso en libertad, en absoluto, sin cortapisas, sin ninguna limitación. Eso es lo que está probado hasta ahora. Asimismo está probado que el juez militar no procesa al otro sobreviviente, Machado”.
 
“Está probado por la autopsia de los siete muertos, las características de las heridas. Esos no son hombres caídos en combate, son personas ejecutadas y algunas, por la espalda, de un solo tiro en la nuca. Esto también está comprobado en documento público de médico forense en poder del juez militar y de la justicia ordinaria”.
 
 
NOTA: Este contenido fue publicado por el semanario El Popular en abril de 2012, conmotivo de cumplirse el 40 aniversario de esta masacre.
 
 

 

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