El desarrollo, los trabajadores y la OCDE

La semana pasada se desarrolló en el Centro de Conferencias de la OCDE, en París, el Foro OCDE-CAD y Sindicatos; para analizar el papel del CAD en el panorama cambiante del desarrollo y en la consecución de los llamados objetivos de la Agenda 2030.

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo (OCDE) agrupa a 35 países miembros y tiene, en teoría, como cometido impulsar políticas que mejoren el bienestar económico y social alrededor del mundo; y el CAD, es el Comité de Ayuda al Desarrollo en el seno de la OCDE, cuyo objetivo es promover la cooperación para el desarrollo, así como otras políticas que contribuyan al desarrollo sostenible a escala internacional. Entre sus responsabilidades, se supone, figura hacer seguimiento de los flujos de financiación al desarrollo, examinar orientaciones sobre las políticas de cooperación para el desarrollo, como así también contribuir al diseño de nuevas arquitecturas financieras a nivel internacional.

Asimismo, la llamada Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, es un intento desde Naciones Unidas de darle continuidad a los llamados Objetivos del Milenio. Se trata de un documento de referencia sobre las prioridades de desarrollo en el ámbito internacional, adoptado en setiembre de 2015 por más de 190 países. La Agenda 2030 contiene una serie de objetivos, conocidos como los “Objetivos de Desarrollo Sostenible” (ODS) con los que se han comprometido todos los países. Abarcan temas muy pertinentes para la labor sindical, como la promoción de trabajo decente, la lucha contra la desigualdad, incluso el cambio climático.

En general varios países se ofrecen para realizar revisiones nacionales sobre la implementación de los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Se supone que los mecanismos de seguimiento y revisión “estimulan” a los Estados a realizar exámenes regulares e inclusivos que demuestren los avances a nivel nacional e intra-nacional. Los exámenes nacionales voluntarios tiene por objeto facilitar el intercambio de experiencias, incluidos éxitos, desafíos y lecciones aprendidas. Curiosamente, nuestro país es uno de los 10 países latinoamericanos[1] que se ofrecieron para realizar estos informes.

Pues en el marco de esta experiencia de los ODS se desarrolló este Foro OCDE-DAC y Sindicatos.  Si bien se trata de una instancia interesante para el intercambio de experiencias y visiones, suelen diluirse en la típica burocracia de los espacios denominados de “alto nivel” por su abrumadora postura diplomática; impidiendo se desarrollen debates serios y constructivos. Pero a pesar de ello constituyen una oportunidad para expresar la posición del movimiento sindical organizado –verdaderos expertos- cuando se constituyen en clase trabajadora, en sujeto de cambio.

En dicha oportunidad, cuando Europa se encuentra rodeada de temores e incertidumbres, y empiezan a enfrentar la dura realidad de los flujos de refugiados que se suman a otros enormes desafíos a enfrentar, nuestro movimiento sindical se atrevió a desafiar y rechazar los actuales lineamientos que orientan los debates en estos organismos: “apoyar y promover al sector privado como actor principal para alcanzar el desarrollo”.

No sólo, no compartimos esta premisa, si no que a esta película ya la vimos durante la década de los noventa en pleno proceso neoliberal. En un planeta con más de 900 millones de personas que viven (¿?) con menos de dos dólares al día –una absurda medida de pobreza a nivel internacional-, con más de 220 millones de desocupados, con niveles de informalidad que superan el 70% a nivel  mundial, con mas de 65 millones de refugiados, de personas que tienen que huir de sus hogares para poder vivir y donde la mitad son niños, se llevan a cabo reuniones y debates en torno a cómo alcanzar nada más y nada menos que el desarrollo.

Posiblemente el principal obstáculo sea estar de acuerdo en el concepto, es decir, qué entendemos por desarrollo. En el edificio de la OCDE abruma la carcelería con frases rimbombantes del tipo “economías productivas-sociedades inclusivas” o “mejores políticas para mejores vidas” que permiten comprender su obstinación por la búsqueda de eficiencia y un rol significativo del sector privado como motor del desarrollo. Claramente, no compartimos esta visión, porque nuestra concepción de desarrollo se haya íntimamente asociada a la idea de capacidades y libertades. Una idea que se choca de frente con lógicas mercantiles que orientan sus acciones a la búsqueda de lucro (costo-beneficio), la nuestra se apoya en la idea de colectivos, de expandir las oportunidades y libertades de las personas, de mejorar la calidad de vida, de abatir la explotación y constituir una sociedad socialista.

De modo, que este foro lejos de sorprendernos, debe obligarnos a redoblar los esfuerzos de constituir un movimiento sindical más unido que nunca, internacionalista, con una agenda de acciones en unidad como eje estratégico, pero también como instrumento táctico. En un mundo cada días más globalizado, donde se fragmentan los procesos productivos y se deslocalizan geográficamente con cada vez  mayor incidencias de las empresas multinacionales que intentan (en muchos casos con éxito) debilitar al movimiento sindical, se tornan urgentes nuestros reclamos, no podemos vacilar ni un tantico así a la hora de mantenernos unidos hoy más que nunca.

Se acumula cuando se trabaja entre lo deseable y lo posible. Se acumula cuando el trabajador se constituye como clase organizada, como sujeto de cambio, cuando asume su rol histórico de transformar la realidad. Cuando los de abajo se mueven, el de arriba se cae… Salud


[1] El resto de los países voluntarios son Argentina, Brasil, Chile, Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras, Panamá y Perú.