Que no se detenga

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Hay enormes, hermosas, profundas, palabras que comienzan  con la letra  “m”: Maravilla, mar, mujer, madre, movilización, milenio, misterio, muerte…

Por  Lylián Firpo

Hoy es el último día de marzo de un año en el que el proceso de llamar la atención sobre las desigualdades  de todo tipo que sufrimos las mujeres, tuvo un punto muy alto con la gran marcha del 8 de marzo. Gracias al esfuerzo coordinado y tenaz de las militantes, y a la voluntad de miles de personas que se sumaron, a esa toma de conciencia masiva de lucha por la vida. No sólo en nuestro país, sino en unos cuantos lugares de América, que buena falta hace. Ahora, como en todo proceso, la síntesis que hagamos de ello nos demostrará cuan acertadas o no, estamos en  seguir utilizando determinados caminos, ya que las prioridades las tenemos muy claras, nos va la vida en ello.

Erradicar conductas y situaciones nocivas, que se repiten a lo largo de nuestras vidas es un doloroso y arduo camino a transitar. Si nuestras conductas sexistas se repiten en el aprendizaje de  los niños, poco adelantaremos y serán más años de estancamiento en los que nos veremos inmersas.  Si se siguen premiando con likes situaciones humillantes en las que oh! casualidad en la mayoría las víctimas son mujeres, solo embarran y confunden la lucha, que es una sola, pero se presenta en distintos frentes, y dependerá de todos nosotros mantener el fuego activo en cada uno de ellos, ya que mientras se intensifica  en alguno, en otro se ralentiza no se detienen, nunca, son muy dinámicos para ello.  Insisto en mantenernos  alerta porque de pequeñas batallas  es que se construye ese muro que nos oprime.

Cuánto tiempo más  les llevará darse cuenta de que nuestras vidas son únicas y  valiosas por igual? Las desigualdades no cambian por una marcha, se visualizan masivamente, podemos ganar voluntades para los cambios, porque estos tienen que darse para no tener que seguir hablando de estos temas, para que no se sufran más pérdidas. Cada una de ellas son como anillos concéntricos que se expanden, pero también se diluyen, debemos luchar para que no se pierdan.

Es más que interesante llamar la atención en la cantidad de veces al día, en las que incurrimos en la aseveración de una desigualdad. Estamos tan contaminados que nos cuesta identificarlas.

No debe ser un mes solamente en el  que le dedicamos especial atención al tema, debería formar parte del discurso y agenda diaria. Mucho temo que para algunos referentes  sociales y políticos, consideren este tema laudado. Y abril a que se lo dedicaremos? No es demasiado poco tiempo, un mes, contra tanto tiempo de injusticia y desigualdad? Y los que necesiten más tiempo para terminar de entenderlo? Les diremos esperen hasta el próximo año, a que se repita?.

No quiero ser pesimista porque sería desconocer y quitarle mérito a lo hasta ahora conseguido, y no desconozco, que los avances son a distinto ritmo, por las características particulares de cada ámbito,  sin embargo, creo que no podemos distender la convicción y motivarnos con propuestas realizables. Regalémonos unos minutos para recordar cuantas acciones y cuanta reflexión le dedicamos al tema, en este mes?  En esta semana? No nos detengamos, somos responsables una vez que lo asumimos.

Además nos necesitan para romper con códigos caducos, para quitar las orejeras neuronales de comportamientos machistas, nos necesitan para mantener la estructura necesaria en la militancia y la lucha, hay un lugar que nos pertenece y que todavía hay que reclamarlo y pelearlo cada vez, nos necesitan porque  a pesar de los horrores guardamos ojos asombrados para enseñar a ver y crear, nos necesitan porque me molesta que tenga todavía que reclamar que nos necesitan, nos necesitan para acercar ese horizonte cada vez más cercano.

Sin la otra mitad opuesta y complementaria el avance natural es imposible.  Las transformaciones que necesitamos o se consiguen desde la raíz o no se dan, porque ellas crecen desde el pie.

                                                                         

 

Yo no tengo soledad
Es la noche desamparo
de las sierras hasta el mar.
Pero yo, la que te mece,
¡yo no tengo soledad!

Es el cielo desampar
si la luna cae al mar.
Pero yo, la que te estrecha,
¡yo no tengo soledad!

Es el mundo desamparo
y la carne triste va.
Pero yo, la que te oprime,
¡yo no tengo soledad!

Gabriela Mistral, chilena, (1889-1959)