Editorial de El Popular N° 378: "46 años de Frente Amplio, de unidad y de cambios"

Este domingo se cumplen 46 años del bautismo de masas del Frente Amplio con su primer acto público, el 26 de marzo de 1971, en la Explanada Municipal.

El Frente Amplio, con 46 años de vida, 11 de ellos pasados en la clandestinidad, ha transformado la política nacional y ha contribuido, decisivamente, a cambiar, en un sentido popular, al Uruguay.

No hay ningún episodio central de la vida del país, en estos 46 años, que no haya tenido al Frente Amplio como protagonista. Empezando por la lucha contra la dictadura y la defensa de la democracia y la libertad. La dictadura fascista, mediante el Terrorismo de Estado, llevó a cabo un ajuste de cuentas con el pueblo, y tuvo como uno de sus objetivos principales destruir las principales herramientas populares, sociales y políticas, y dentro de ellas al Frente Amplio. No lo logró. El FA fue factor fundamental en la consolidación democrática, en la defensa de la verdad y la justicia, y de las empresas públicas. Fue el cauce político principal de la lucha popular contra el neoliberalismo. Fue la expresión política de la lucha por enfrentar la crisis brutal del 2002. Y también ha realizado una formidable acción transformadora desde los gobiernos municipales, departamentales y nacionales.

El FA es, desde 1999, la principal fuerza política del Uruguay, la derecha tiene que juntarse toda, e incluso con nuevas expresiones políticas, tampoco logra superarlo. El FA es gobierno nacional por tercera vez, gobierna Montevideo desde hace 27 años, Canelones y Rocha por tercera vez, Salto y Paysandú por segunda y Río Negro por primera vez. Tiene la bancada parlamentaria mayoritaria, decenas de alcaldes y cientos de ediles y concejales vecinales. Pero tiene mucho más. Tiene la mayor organización política del país y la mayor capacidad de convocatoria y movilización. Y esto es así a pesar de las dificultades y contradicciones. Lo demuestran las últimas campañas electorales y sin ir más lejos, las elecciones internas del año pasado, el día del Comité de Base y el último Congreso.

El FA concretó en la práctica su compromiso inicial: nació para transformar el Uruguay, como fuerza de cambio y de expresión política de la unidad del pueblo. ¿Esto implica que está todo bien? En lo absoluto. Al decir de Seregni, el FA nació con la tarea histórica de “llevar el pueblo al poder” y para eso falta mucho por construir y por luchar. Pero es imprescindible ver la transformación social en su perspectiva histórica, para dimensionarla realmente, escapando de la tiranía del inmediatismo estéril y agotador que nos impone la ideología dominante.

Desde el fondo de la historia

En su primer acto de masas el FA se posicionó con mucha valentía en la calle y con la gente. En ese histórico discurso de Seregni se hicieron algunas definiciones troncales.

“Esta multitud que está aquí, que aquí se ha congregado, esa multitud que se mueve a lo largo y a lo ancho de todo el país, porque somos conscientes que estamos abriendo una nueva época en la vida del Uruguay: Sabemos que el Frente Amplio abre una etapa histórica en la vida de nuestra sociedad. Porque el Frente Amplio no es una ocurrencia de dirigentes políticos; el Frente Amplio es una necesidad popular y colectiva del Uruguay. Es un hecho colectivo, con razones colectivas”.

“Es por esto que el Frente Amplio no es una simple suma de partidos y de grupos; es la nueva conciencia que levantará un nuevo Uruguay. Aquí está el pueblo, que no ha perdido la fe ni en sí mismo ni en el destino del país. Nunca se abrió un cauce tan ancho para la unidad popular como en estos momentos. Nunca, salvo con Artigas. También junto a él el pueblo oriental se unió, para enfrentar a la oligarquía y al imperialismo de la época. Y hoy volvemos a lo mismo. Por eso el pueblo, por eso el Frente Amplio es el legítimo heredero de la tradición artiguista y toma sus banderas y su ideario”.

No se puede luchar el presente, y dibujar el futuro, sin pararse, sólidamente, en ese legado histórico. Es cierto que están los aspectos programáticos, es cierto que están las definiciones ideológicas, es cierto que está la gestión de gobierno y es cierto que están los elementos organizativos. Pero no es menos cierto que la esencia del Frente Amplio y del frenteamplismo implica esa ética y ese sentido de pertenencia. El Frente Amplio es el compromiso de llevar a cabo la tarea inconclusa de la revolución artiguista. El Frente Amplio fue, es y será, pueblo organizado políticamente.

Los desafíos del presente

El desafío principal del Frente Amplio es, nada más y nada menos, seguir expresando políticamente la unidad del pueblo. Con todo lo que ello implica.

Para ello tiene que abordar y resolver algunas cuestiones centrales. Las planteábamos antes de las internas del año pasado y siguen estando vigentes.

La primera es asumir que estamos ante el agravamiento de la crisis estructural del capitalismo y de la contraofensiva del imperialismo y las clases dominantes por hacer caer el peso de esta sobre los pueblos y recuperar espacios de poder, con especial intensidad en América Latina. Ese es el enemigo, eso es lo que enfrentamos.

La segunda es evitar que la discusión y la acción política del FA tengan como elemento central la disputa interna. Debe darse de cara al pueblo y confrontando con la derecha.

La tercera es que debe preservarse la unidad. El FA nunca fue la expresión de bloques, el FA es plural, allí está su fortaleza, esa es su historia y también es su única perspectiva futura. Tampoco es la sumatoria de infinitos sectores, ni de segmentos del frenteamplismo. El FA es la síntesis unitaria de todo ello. Ese es el valor de la unidad.

La cuarta es que, reconociendo la importancia de los temas de la gestión del Gobierno, no pueden ser los únicos de la agenda, lo que debe estar en debate es cómo fortalecer el Frente Amplio como herramienta de lucha de nuestro pueblo.

La sexta es asumir al Frente Amplio, y su unidad, como parte de la unidad más amplia de todo el pueblo, como parte del movimiento popular, del bloque histórico político y social de los cambios. De la voluntad de luchar para construir una hegemonía social nueva que permita la libertad y la justicia social. La disputa con las clases dominantes y la transformación de la sociedad implica una síntesis política nueva. Para conseguirla no alcanza con la gestión de gobierno, se necesita la acción política, el debate ideológico, pero también, la movilización y la lucha social, el pueblo organizado, participando y luchando por sus conquistas.

Este objetivo es de todos los y las frenteamplistas, no importa el lugar donde militen, desde el Comité de Base hasta la presidencia de la República. La separación del gobierno de la fuerza política y de ambos con el movimiento social, la erosión de esa necesaria acción conjunta, con contradicciones obviamente, y con grados de independencia no solo deseables sino imprescindibles, pero con un horizonte común, es uno de los desafíos políticos más trascendentes a superar.

“Somos obreros, constructores de la patria del futuro”, decía Seregni. De eso se trata, de construir una nueva síntesis política en la sociedad que nos permita avanzar. Pero esa síntesis no es del equipo de gobierno, ni de la bancada parlamentaria, ni siquiera de toda la militancia frenteamplista, ni tampoco de todo el sistema de organizaciones populares. Debe ser de toda la sociedad. Para decirlo en términos más correctos: avanzar en democracia es un movimiento de toda la sociedad. Para lograrlo se necesita activar todas las fuerzas acumuladas por el pueblo e incluso nuevas que aún están por desarrollar.

El FA nació para cambiar la realidad, para resolver la contradicción oligarquía o pueblo a favor del pueblo. El FA sigue siendo la expresión política del cambio y los partidos de la derecha, los viejos y los nuevos, expresan lo viejo, lo que debe ser cambiado, por más ropajes de marketing que busquen imponer la noción contraria.

“El pueblo unido jamás será vencido”, decía Seregni hace 46 años. Por eso este domingo vamos a ir al acto de Las Piedras con la bandera de Otorgués. Porque nos representa el Frente Amplio, el frenteamplismo como construcción popular, y no un orador u otro, o si es compañera o compañero, o joven o viejo. Es el FA el que nos representa y allí estaremos, como siempre.