La burguesía se la lleva en carretilla

Economista integrante del Sistema Nacional de Investigadores de la Agencia Nacional de Investigación e Innovación y del Núcleo de Pensamiento Crítico en América Latina y Sujetos Colectivos de la UDELAR.

La burguesía, que transforma su riqueza en capital comprando la capacidad de trabajar de los que están obligados a venderla para sobrevivir con sus familias, se apropia de una parte del valor generado por el trabajo. Lo demostró Carlos Marx hace más de ciento sesenta años y en esta nota se utiliza su enfoque con un objetivo muy modesto, estimar que parte de los ingresos que se generaron en el Uruguay entre 2008 y 2013 fueron apropiados por el capital.

Los principales resultados

Desde que entró en vigencia la reforma tributaria, la Dirección General Impositiva (DGI) informa la recaudación de impuestos a los ingresos del capital y también del monto de las exoneraciones de estos impuestos. Con esta información es posible calcular los ingresos del capital, incluyendo las ganancias de las empresas, los intereses de todo tipo como los de depósitos bancarios o de deuda pública y los alquileres (de viviendas, locales comerciales, tierras, maquinarias, vehículos, etc.). Se puede complementar con la información de la balanza de pagos que construye el Banco Central del Uruguay (BCU), que registra lo que se lleva el capital extranjero en forma de ganancias de las Inversiones Extranjeras Directas (IED) y de intereses de la deuda externa. 

Los principales resultados de estos cálculos fueron que el promedio anual de ingresos del capital comprobados, después del pago de impuestos durante el período 2010 – 2013 fue de 10.307 millones de dólares, algo más del 20% del PIB, de los cuales 8.276 del capital nacional y 2.031 del capital extranjero. La presión fiscal sobre los ingresos del capital, es decir el cociente entre los impuestos pagados y los ingresos antes del pago de impuestos, fue 10.5%.

La Encuesta Continua de Hogares (ECH) que releva el Instituto Nacional de Estadística (INE) incluye los mismos ingresos del capital que la DGI. Las normas tributarias imponen a las empresas la función de agentes de retención, de modo que los ingresos de capital por concepto de ganancias, intereses o alquileres llegan a los hogares netos (deducidos los impuestos directos).  

Del total de ingresos del capital nacional verificado con la información de la DGI, sólo el 7.8% es captado por la ECH lo que cuestiona los resultados de las investigaciones sobre distribución del ingreso que se limitan a utilizar información de la ECH, así como un indicador que se calcula con esos datos y se llama “Índice de Gini”. Entre los académicos hay consenso sobre la incapacidad de la ECH para captar los ingresos del capital y desde que en 2013 se difundió el libro de Pikkety, “Le capital au XXI siècle”, se puso de moda utilizar la información fiscal en estudios sobre distribución del ingreso en varios países, incluyendo el Uruguay.

Pero estos trabajos tienen dos limitaciones, su objetivo es estimar la distribución del ingreso entre grupos de personas y el procedimiento utilizado intenta captar mejor los ingresos considerados altos. En la presente nota se adopta una perspectiva distinta, de economía política, de modo que los ingresos se corresponden con la estructura social, reconociendo los cambios y las particularidades a principios del siglo veintiuno. Los fundadores de la economía política, Adam Smith, David Ricardo y Carlos Marx, analizaron la distribución del ingreso entre las tres clases sociales que consideraron principales, pero no únicas, en la primera mitad del siglo XIX en Europa, los terratenientes, los capitalistas y los trabajadores. Cada clase percibía un ingreso por su forma de participar en el proceso económico, los dueños de tierra se apropiaban de una renta, la burguesía de las ganancias y trabajadores recibían salarios.

¿Para qué hacer estos cálculos?

Las estimaciones realizadas en este trabajo se justifican por una ausencia y dos paradojas. La ausencia es de la estimación de los ingresos del capital, categoría que no se utiliza por la corriente predominante en el medio académico uruguayo y, por lo tanto, nadie los calcula.

La primera paradoja es que los hogares uruguayos declaran más ingresos del capital a la DGI que a la ECH.

La segunda la definimos como “la paradoja de Gini” y consiste en que cuando residentes en el país le venden su capital a no residentes, se reducen los ingresos del capital disponibles en el país que podría registrar la ECH y como consecuencia mejora la distribución del ingreso de acuerdo este Índice. En países en los que la propiedad del capital y de la tierra de no residentes es irrelevante, esta paradoja es igualmente irrelevante. En América Latina las inversiones directas, los recursos naturales y los activos financieros propiedad de no residentes son importantes durante los primeros años del siglo veintiuno (CEPAL, “La Inversión Extranjera Directa en América Latina y el Caribe. 2015”) y la paradoja adquiere importancia. En el Uruguay, teniendo en cuenta que en los últimos años se registró un acelerado aumento de la IED, la paradoja es aún más importante (Uruguay XXI, “Inversión Extranjera Directa en Uruguay. 2015” en ww.uruguayxxi.gub.uy).

Las investigaciones sobre distribución del ingreso que se limitan a utilizar la información de la ECH no tienen en cuenta: a) que los ingresos personales son sólo una parte de los generados; b) cuando se intenta corregir con los datos de recaudación sobre los ingresos personales no se tiene en cuenta las exoneraciones, es decir, ingresos personales que no están gravados y por lo tanto no generan recaudación; c) los ingresos generados en el país y transferidos al exterior por intereses de deuda externa o utilidades de IED, que como se ha visto son algo más de 2.000 millones de dólares anuales y que corresponde que se registren por las encuestas de hogares en el exterior, en los lugares de residencia de los que se apropian de esos ingresos; d) en algunos casos la encuesta de hogares no registra las utilidades reinvertidas o los intereses capitalizados, que se consideran ingresos de personas jurídicas o de empresas,  desconociendo que unas y otras tienen propietarios que son personas.

Comentarios finales

Los investigadores que intentan superar las limitaciones de la ECH utilizando información tributaria, consideran que las encuestas de hogares no captan bien los “altos ingresos”, lo que no es exacto dado qué los altos salarios y otros ingresos de los directores de sociedades anónimas, así como del personal político se captan con precisión. Son los ingresos del capital, que, con independencia de su magnitud, se subestiman y para una mejor captación requieren otro enfoque que no se limite a los ingresos personales. Los resultados de estos trabajos encubren y legitiman con un fundamento aparentemente científico, una concentración del ingreso superior a la que describen, lo que, entre otras implicancias, se utiliza para rechazar las propuestas de aumento de impuestos sobre los ingresos del capital.

Los fundadores de la economía política no disponían de los actuales instrumentos de medida y tampoco de la informática que los potenció desde fines del siglo veinte. Ante la imposibilidad de medir con precisión no tuvieron opción, reflexionaron con rigor utilizando unos pocos indicadores sencillos y su aporte al conocimiento científico tiene vigencia hasta hoy.

Se requiere un enfoque de economía política que, adaptado a las particularidades de la economía y la sociedad a principios del siglo veintiuno, oriente la investigación sobre los ingresos del capital y permita una mejor aproximación a la distribución del ingreso.

(Nota de Redacción: Agradecemos a Jorge Notaro el esfuerzo de síntesis realizado para poner al alcance de los lectores de EL POPULAR las principales conclusiones de su trabajo “Los ingresos del capital, Uruguay 2008-2013”, y comprometemos la publicación completa de este el año que viene).

 La versión detallada de los procedimientos de estimación se encuentra en un artículo que con el título “Los ingresos del capital, Uruguay 2008 – 2013” está disponible en Academia.edu y en ResearchGate.

 

Publicado en el Semanario El Popular
Diciembre de 2016