Todos los días son 17 de abril

Por Juan Raúl Ferreira, especial para EL POPULAR

1. La Noticia.

Creo que nunca podría olvidarme de aquella masacre. Fue el signo más fuerte de los tiempos que empezábamos a vivir. Si algún riesgo hubiera, todos los días de mi vida me acompaña una foto, que aunque sea por un instante, aunque todos los días, me hace presente la intensidad del dolor y las emociones. El rector Aguerre se acostumbró a un 72 movido en el Colegio, en mayo los tupas llevaron a Bardesio, cada vez que ocurría algo papá me sacaba de clase...


Aquel 17 de abril del 72 había asistido a clases de Preparatorios de Derecho en el Seminario como un día más, cualquiera. En la primer hora, se abre  la puerta y el rector, Padre José Aguerre S.J., un ser superior recientemente desaparecido, me pidió que saliera de clase. Salgo al pasillo y me dice: “tu viejo está en el auto en la vereda, andate con  él y acompañalo”.

Como se verá en la foto, el rostro de papá era de dolor, de profundo y desgarrador dolor. “Bordaberry me hizo llamar para informarme lo que todos sabemos. Hubo un crimen horrendo. Un fusilamiento de militantes comunistas desarmados. A ver que quiere”. No hablamos más hasta entrar al despacho Presidencial del palacio Esteves

2. Reunión con Bordaberry.

El presidente no había citado a una reunión de líderes, sino que había llamado a algunos opositores de a uno. Por alguna razón el viejo quiso que estuviera con él. Fue una reunión corta y seca. El presidente informó de los hechos y quedó en silencio. No se cuanto rato estuvimos así pero se me hizo eterno.

Wilson rompe el hilo y pregunta: “¿Y lo demás?” Bordaberry no parece entender de qué le habla. Wilson insiste: “Falta lo más importante: falta que horrible, falta que tragedia te tengo que contar, falta he ordenado una profusa investigación...falta todo lo esencial”. Se levanta y se va que sin se estrechen la mano. Nunca más volvieron a hablar en su vida. Ni se volvieron a ver. Fue su último encuentro.

3. La Prensa.

Afuera la prensa lo acosa. Wilson dice poco. Un fotógrafo toma una nota gráfica de amos saliendo de Casa de Gobierno. En ese momento, en ella puede verse que caminamos juntos, rostros de dolor y rabia y se divisa atrás un blandengue de la custodia presidencial. Un buena foto que decía muchas cosas por si sola. Al otro día sale publicada en el diario Ahora. Yo la recorté y la guardé. En ese momento, ni me imaginaba cuán importante iba a ser esa foto en mi vida.

4. La 20.

Papá manejó hacia la 20 sección en su Escort Blanco. El silencio parecía ser el protagonista de ese día. Pero no era en el silencio de incomprensión y distancia del encuentro presidencial. Pocas veces recuerdo haberme sentido tan cerca de alguien, como en aquel corto viaje de mi padre. Era un silencio elocuente que compartía muchas cosas de fondo.

Al llegar recuerdo que estaban Arismendi, el Toba y otros dirigentes políticos. Pero en mi imagen recuerdo hasta verlos a los tres conversando en un aparte. Todo lo demás era la imagen misma del horror. Cuantos más detalles se conocían más conciencia había de que se trataba de un crimen a sangre fría, que no había podido haber confusión alguna, quienes fusilaron sabían que sus víctimas estaban desarmadas.
Cada testimonio parecía revivir aquel instante de tormento imposible de imaginar. Cada familiar que se acercaba. creo que todos sentíamos que se nos cerraba el pecho y a pocos metros el dolor austero de quienes tenían que pensar juntos, decidir...cosas, el Toba, Rodney y Wilson. Por supuesto que desfilaron ante nuestros ojos las máximas figuras del Partido Comunista, del Frente, de otros Partidos... pero yo recuerdo aquel corto pero intenso aparte, el Toba, Rodney, Wilson.

El rostro de Arismendi me resulta inolvidable. Como también su difícil papel de contención ante la indignación de su propia gente.

5. El Momento Histórico.

Muy pocos días antes un local del Partido Comunista en la Calle Sierra (hoy Fernandez Crespo) había sido allanado en forma brutal. Los militantes que se encontraban en él creyeron que los mataban. De tantos testimonios de cómo fueron esos hechos quizás de los más elocuentes es el contenido en un discurso de Lilián Kechichián siendo diputada. De joven había sido comunista y estaba en ese momento en el local. Cuenta como se daba por muerta cuando levanta la cabeza al sentir voces y reconoce al Presidente de la Cámara de Representantes, Héctor “Toba” Gutierrez Ruiz. Su llegada a tiempo por la cercanía del local al Palacio Legislativo les había salvado la vida.

El episodio no hace otra cosa que convertirse en un agravante del asesinato a sangre fría que ocurrió un par de días después. Lejos de convertirse en una alerta para el gobierno, no habían dejado de sentirse los ecos del episodio cuando a sangre fría y a sabiendas que era un fusilamiento a gente desarmada... Uruguay vive la tragedia del 17 de abril. Un punto de quiebre.

6. Los Acuerdos Políticos de entonces.

Ya el episodio previo de la calle Sierra, a un joven como yo le ayudaba a entender muchas cosas. El Toba era Presidente de la Cámara fruto de un acuerdo de la mayoría del Partido Nacional con el Frente Amplio. Estos hechos demostraban que aquellos acuerdos no estaban motivados por pulseadas circunstanciales de poder. Eran por cosas de fondo, la más importante de todas, la defensa de la Democracia.

Así al año siguiente se repitió el acuerdo, tras el golpe y después del golpe el Partido Nacional y el Frente Amplio hicieron su primer panfleto conjunto llamando a apoyar la Huelga General de la CNT, y luego vino la Convergencia... y toda esta política de acuerdos era la consecuencia histórica de aquel punto de quiebre y un mandato claro, defender, primero, restaurar luego y profundizar la democracia.

Aquel 17 de abril fue un punto de quiebre. Nunca escuché un discurso más duro por parte de Wilson que el que ese día pronunció en el Senado de la República un poco caído en el olvido.

7. La Foto.

Vino el exilio, luego la tragedia de mayo del 76 en que mueren Toba y Zelmar junto a Rosario Barredo y William Whitelaw y nunca mas se supo de Manuel Liberoff. Con mi padre salimos en situación de emergencia. Creo que ni bolso de manos llevamos Mamá se nos unió unos días después. Anduvimos de país en país, sin domicilio fijo hasta que llegó la hora de asentarse.

Ahí nos separamos. Estábamos en EEUU donde Wilson había hablado en el Congreso y se dirigía a Londres donde se iba a instalar. Yo decido quedarme en EEUU. Nos despedimos con un rápido abrazo.

A los pocos días recibo el regalo más maravilloso que jamás me hiciera mi padre. La versión original de aquella foto de Ahora con esta dedicatoria: “No hay camino difícil con un buen compañero, un abrazo, de tu padre, Londres 1976.”

Desde entonces esa foto me ha acompañado todos los días de mi vida. Siempre está allí. Durante muchos años solo alcanzaba a leer la dedicatoria para revivir aquel 17 de abril y recordar la separación de mis padres en el exilio.

Más de viejo me he preguntado: ¿Que hacía papá en Londres con ese original cuya existencia yo desconocía? Si salimos con lo puesto. ¿Desde cuándo la tenía? ¿Por qué la llevó consigo al salir de Buenos Aires?

Siempre será un misterio, pero yo me he convencido de una respuesta. Aquel 17 de abril fue un trágico y cruel día en que para siempre hubo un antes y un después. Pero junto con el dolor y la rabia, aquella foto, además de evocar tristeza era un llamado a no aflojar, un compromiso de lucha. Ahí la tengo frente a mí mientras escribo estas líneas como la tengo día a día...

El sábado me hará sentir que este día de congoja, de recordación y de homenaje es una fecha que debiéramos honrar todos los uruguayos.

 

El Popular N° 264