8M: crónica desde el fondo

Paola Beltrán

A las seis y media de la tarde, desde Río Negro y 18 de Julio, el mar de mujeres y hombres se perdía en el horizonte. Desde las calles laterales, continuaban bajando las columnas sindicales, trabajadoras de CAIF, familias, agrupaciones territoriales y diversos núcleos organizados. Cada grupo, traía consigo pancartas y carteles  donde las consignas iban relatando la diversidad de perspectivas, que juntas fueron tejiendo el contenido discursivo del movimiento: el repudio a la violencia hacia las mujeres, la necesidad de eliminar al patriarcado, de la mujer en la revolución, la igualdad, el eje de clase, el repudio al machismo.

La ansiedad por arrancar a marchar arrancó palmas colectivas que a medida que la hora se acercaba se hacían más intensas. A las 19 horas cada colectivo estaba preparado sobre 18 de julio con las banderas en alto y las pancartas extendidas. Todas las miradas apuntaban hacia adelante a la espera de que el impulso de los pasos diera inicio a la marcha. Los minutos pasaban, diez, quince, veinte…

Media hora después de la hora pautada para el arranque, comenzaron a llegar mensajes que daban cuenta de que la marcha ya había llegado a la Universidad de la República mientras, en el fondo, seguíamos inmóviles. Las especulaciones de lo que estaba ocurriendo eran varias. Desde  “algo debe haber pasado” hasta “tal vez es tan grande la convocatoria que no hay hacia dónde avanzar”. Los mensajes continuaban llegando y la segunda hipótesis iba ganando fuerza. Se hablaba de multitud, de que la gente continuaba sumándose desde las calles laterales. Se hablaba de que los ocho femicidios ocurridos en los dos primeros meses del año fueron el catalizador que prendió la mecha, que la convocatoria del PIT CNT fue enorme, que la Coordinadora Feminista había realizado un trabajo sistemático de denuncia y acumulación, que los medios masivos de comunicación también habían convocado. Los mensajes iban y venían. Llegaban noticias del interior del país: Tacuarembó, San José, Lavalleja, Maldonado, Durazno, Canelones…  Las redes saturadas no permitían mandar imágenes. Pero la información era clara, el país estaba movilizado.

De pronto, la sospecha comenzó a transformarse en certeza, estábamos siendo protagonistas de un momento histórico. La Marcha por el Día de la Mujer Trabajadora se estaba convirtiendo en una  gran movilización de todo el campo popular y las mujeres estaban al frente, organizando, marchando, haciendo oír su voz.

En medio de ese mar de sensaciones y certezas, finalmente, comenzamos a andar. No está claro si pudimos avanzar porque el frente se fue desconcentrando o qué. Sólo sabemos, a horas de haber ocurrido todo, que avanzamos.

Al inicio, la marcha era silenciosa, pero luego se fue poblando de cánticos que se fueron construyendo sobre el pucho tomando los clásicos del movimiento popular, pero transformados para la ocasión. Feminismo, obreras, vanguardia, anti patriarcado, latinoamericanismo, movimiento, lucha, mujeres, palabras que resonaban en las gargantas al ritmo de las palmas. La gran mayoría de quienes estaban ahí no habían participado en las dos marchas anteriores, donde los cánticos de las compañeras de la Coordinadora Feminista podían dar alguna idea de qué cantar. Había que crear y así se hizo.

Mientras la marcha avanzaba, en sentido contrario, por la vereda, bajaban columnas desarmadas  que se iban apostando a los lados saludando y apoyando a quienes aún estábamos en el proceso de llegar a la explanada de la Universidad de la República. “Es histórico”, “es enorme”, “somos miles”, las evaluaciones brotaban ante la abrumadora circunstancia que estábamos viviendo.

Finalmente, volvimos a detenernos un par de cuadras antes de llegar al destino. Miles iban y venían, se formaban círculos, se intercambiaban sensaciones. Mujeres y hombres de todas las edades, de todos los rincones de Montevideo e incluso del interior del país, llegados especialmente para la ocasión, se encontraron este 8 de Marzo para tomar las calles ante la convocatoria de las mujeres organizadas. Algo había ocurrido, algo grande y como siempre que algo grande ocurre, fue el pueblo el gran protagonista, pero esta vez, además, o tal vez por esto mismo, las mujeres estuvieron en la vanguardia.

Sin dudas, en estos días que vienen, se analizará y evaluará esta movilización histórica desde una gran diversidad de perspectivas. Lo que queda claro, es que  la fuerza de las mujeres organizadas y la respuesta a su convocatoria fue gigante. Gran responsabilidad nos toca ahora, de continuar alimentando el movimiento en cada sindicato, barrio, organización, en cada familia, para poblarlo de sentido colectivo, asumiendo la diversidad de perspectivas, tejiendo con profundidad y dedicación las ideas.

Ellas, un grupo de mujeres feministas, hace no tanto tiempo, reactivaron el motor que hoy nos impulsó a todos y todas quienes marchamos y quienes acompañaron desde sus hogares. Ahora se pone linda la cosa, ahora estamos en el baile y toca bailar. ¡Adelante!