Editorial de El Popular N° 376: "Históricas"

Este 8 de marzo fue una alborada popular. En el mundo, y en lo que nos debe ocupar particularmente, en Uruguay.

El hecho principal, lo nuevo, fue la presencia organizada, rebelde y combativa de cientos de miles de mujeres en la calle, luchando contra la violencia, contra la discriminación, por la igualdad y por la libertad.

Más de 300 mil en Montevideo y decenas de miles en todo el país. Es un hecho político de relevancia histórica. Así tenemos que asumirlo, en toda su importancia, en sus potencialidades y en los desafíos que plantea, tan enormes como la marcha misma.

Este 8 de marzo ocurrió un hecho histórico y, como siempre, el protagonista fue el pueblo organizado en la calle, esa fuerza transformadora esencial.

En Uruguay se expresaron los reclamos contra la desigualdad en el trabajo, por espacios igualitarios de participación, contra el acoso y la discriminación, y en particular, con mucha fuerza, el hartazgo por la violencia contra las mujeres. La expresión más brutal y dramática del machismo y de las relaciones patriarcales de dominación, hegemónicas en esta sociedad, el capitalismo: la muerte. En 67 días 8 mujeres fueron asesinadas. Ese hecho, brutal en su contundencia, fue un poderoso catalizador. Y es altamente positivo que la respuesta no haya sido, ni la indiferencia justificatoria, ni el reclamo solamente canalizado en el discurso cuestionador, ni el reclamo solamente de acciones desde la institucionalidad. La respuesta fue superadora de todos esos planos. La respuesta fue la disposición de organización y de lucha de cientos de miles para presentar batalla y cambiar la realidad.

También se expresó la acumulación de la lucha histórica de las mujeres y de las organizaciones populares y la izquierda. La pelea, muchas veces en solitario, de las organizaciones de mujeres, la prédica y la lucha del feminismo, la paulatina asunción de estas reivindicaciones y de su importancia por las organizaciones sociales y políticas, y los avances construidos en los gobiernos del Frente Amplio.

Este 8 de marzo la convocatoria mundial, y la que se construyó en Uruguay, fue más amplia que nunca. Estuvieron las organizaciones feministas, las organizaciones sociales con el PIT-CNT, la FEUU, FUCVAM y ONAJPU, a la cabeza. Se hizo un paro general de la central obrera, precedido por cientos de asambleas, en las que mujeres y hombres, se comprometieron y organizaron para luchar. Hubo miles de pintadas, de intervenciones urbanas, de convocatorias. Se hicieron movidas clásicas y de las nuevas. Se apeló a todo y todo confluyó en una iniciativa común.

Esta vez, y es un gran mérito de las compañeras, el nosotras fuimos todos, gracias a ellas.

Las marchas fueron multitudinarias, con una presencia mayoritaria, combativa y rebelde, de mujeres y de jóvenes. Miles hicieron su primera experiencia de marchar en la calle. Y cómo.

La movilización fue una respuesta, de cientos de miles, que, desde la perspectiva de los derechos de las mujeres, es una contribución fundamental a la lucha general por avanzar y enfrentar la ofensiva mundial conservadora y de restauración, que busca cerrar todos los caminos del cambio, también para las mujeres.

Conviene reiterarlo, lo principal fue la disposición de lucha, la rebeldía organizada, de mil maneras, pero con una expresión unitaria, de cientos de miles.

En el proceso histórico de emancipación, de liberación social, importa la ruta estratégica, importa la construcción de una táctica que acumule, pero lo que es fundamental, es la construcción del sujeto social que luche y de materialidad a los reclamos. Y este 8 de marzo las mujeres uruguayas, nuestras compañeras, mostraron la enorme potencia que tienen como sujeto social de cambio.

Y en Uruguay, una vez más, se mostró la importancia de la unidad. La unidad, construida respetando la diversidad, las sensibilidades diferentes, las identidades, las prácticas sociales y políticas disimiles. La unidad como posibilitante de una síntesis superior. La unidad que no suma, multiplica.

Hay una dimensión más en la que medir la importancia de lo que ocurrió este 8 de marzo. Concebimos la democracia como un proceso permanente de construcción de libertad e igualdad y un espacio de transformación social; y sostenemos que la liberación social tiene como protagonista al pueblo organizado, y que su capacidad de movilización y de lucha son una medida de las posibilidades de avance.

Si esto es así, y vaya si lo es, la enorme expresión popular del 8 de marzo es un avance democrático, y también, con toda su complejidad, un paso hacia la liberación social.

¿Quién está más fuerte luego del 8 de marzo? La perspectiva popular, sin dudas.

Las mujeres uruguayas han dicho presente, fuerte, claro y alto. El movimiento popular todo, del cual son parte, estuvo allí, no acompañándolas, con ellas, porque también es nuestra lucha.

Por supuesto que esta convocatoria expresa nuevas formas de organizarse, de expresarse, de hacer y de ser. Por supuesto que se abren interrogantes y desafíos para incorporar, respetando su autonomía y su espacio, a este torrente popular, al cauce general del pueblo organizado.

Pero los procesos revolucionarios, que de eso hablamos, se hacen cuestionando y superando lo existente, llevándolo a un escalón superior.

Hay que terminar con la violencia contra las mujeres, pero también con todas las formas de discriminación y opresión contra ellas, materiales, institucionales, organizativas, discursivas y simbólicas. Hay que construir entre todas y todos prácticas sociales y políticas que materialicen la igualdad.

Tenemos historia, mucha y rica, el propio 8 de marzo es parte de ella, tenemos presente, como quedó claro este miércoles, y por eso tenemos futuro, que nos interpela y nos convoca a todas y todos.

A las mujeres nadie les regaló nada. Todo lo han conquistado con enorme esfuerzo y sacrificio. La democracia liberal y burguesa no las incluía y fueron las luchas feministas, obreras y revolucionarias las que lograron su inclusión.

Hace más de 100 años, más de 100 obreras textiles morían quemadas en una fábrica de Nueva York, por la violencia de clase, este 8 de marzo, en un hogar de resguardo, murieron quemadas 33 niñas guatemaltecas, víctimas de la marginación, también de la violencia de clase.

La pobreza tiene rostro de mujer y de niño en este mundo injusto en el que vivimos dominado por el capital.

En ese mundo, millones de mujeres, de compañeras, recuperaron la esencia del 8 de marzo, se negaron a recibir postales y emoticones de saludación y salieron a luchar.

En este Uruguay, en el que hay que luchar por seguir avanzando y transformándolo, cientos de miles hicieron lo mismo. Y como dijimos, gracias a eso, nosotras, fuimos todos.

Esta noche hermosa y luminosa, sin olvidar un segundo lo que nos falta, lo que dramáticamente nos falta, las mujeres, con su lucha, fueron más libres, y siéndolo, nos hicieron más libres a todos.

Modificado por última vez enJueves, 16 Marzo 2017 10:58