A Faustino Rodríguez, el Chimango

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El sábado la noticia golpeó: “Murió el Chimango”. No se precisaba aclarar más nada. El sábado murió Faustino Rodríguez, “el Chimango”. Faustino falleció a los 73 años, luego de luchar durante varios meses contra una cruel enfermedad que lo golpeó duro.

Es imposible abarcar la vida de Faustino y lo que él significó y significa para miles de comunistas, militantes de su SUNCA, frenteamplistas y luchadores populares. Un compañero lo definió en estos días como “un referente central para toda una generación de militantes”. Tiene razón, pero se queda corto, en realidad Faustino fue un referente y un maestro para más de una generación, y, además, no solo de militantes, de uruguayas y uruguayos.

Faustino nació en Rivera, en un pueblo que según decía “no figura en los mapas”, Laureles al Sur, a diez kilómetros de Tranqueras. Formó parte de una familia muy humilde de 14 hermanos. Pese al esfuerzo de sus padres no pudo terminar primaria. A los 11 años hubo que empezar a trabajar, ayudando a su padre, para parar la olla.

Desde joven se vinculó a la organización sindical y a la militancia política. Junto a varios de sus hermanos participó del nacimiento del Frente Amplio y también del desarrollo de la solidaridad en el barrio. Con conciencia democrática y de clase enfrentó el golpe de Estado y organizó la solidaridad con la huelga general. Se fue a trabajar a Maldonado, junto a su hermano Lirio, también dirigente del SUNCA y organizaron allí la resistencia clandestina, manteniendo la organización sindical.

Participó, desde el SUNCA y el movimiento sindical, de la ofensiva de masas para derrotar la dictadura. Fue uno de los militantes del Pro-SUNCA que recuperaron el histórico local central del sindicato secuestrado por el Terrorismo de Estado.

Trabajó en cientos de obras, ejerciendo su oficio, del que tan orgulloso estaba: Carpintero de obra. Integró la dirección del SUNCA durante más de 20 años, fue presidente de su querido sindicato. Entre las múltiples responsabilidades que asumió, en los últimos años destacan dos. Fue el Coordinador de las Brigadas Solidarias Agustín Pedroza organizó y encabezó las tareas solidarias ante los tornados en Dolores y en San Carlos, las obras en el Plan Juntos, en el Borro, en Marconi y también la reparación de decenas de escuelas, en todo el país. Y también fue el presidente de la Fundación Sunca Solidario, que trabaja con las y los trabajadores que sufren siniestros laborales y con sus familias.

Faustino fue comunista, toda su vida, integró el Comité Central del PCU, fue diputado suplente por la 1001 y también en el Parlamento representó con enorme dignidad a los intereses de las y los trabajadores.

No entendía la lucha social separada de la lucha política y por eso fue un frenteamplista convencido, militante de su Comité de Base hasta los últimos días y delegado en varios congresos del Frente Amplio.

Faustino era un jefe obrero. Tenía esa autoridad que no da ningún Congreso, ninguna votación. Esa autoridad natural que nace de la confianza, la admiración y el respeto de sus iguales. Organizador, constructor de unidad, maestro de la lucha y de la vida. Educaba con el ejemplo. Cada día, todos los días.

Eso se palpaba en estos días, en el dolor, la tristeza, el cariño y el respeto, en miles de mujeres y hombres. En su velatorio se hicieron presentes dirigentes de la Cámara de la Construcción, de la Liga de la Construcción y de la Asociación de Promotores Privados de la Construcción. Uno de los empresarios presentes dijo conmovido: “Vengo a presentar mi respeto a uno de los mejores seres humanos que he conocido”.

La Convención de Montevideo del Partido Socialista lo homenajeó de pie y lo mismo hizo la Convención Nacional del Nuevo Espacio.

Fue conmovedor ver en su sepelio a cientos de obreras y obreros con el rostro bañado de lágrimas.

En el libro “Horacio Gelós Bonilla. Héroe de la Patria”, hay una entrevista de Gonzalo Alsina a Faustino. Allí Faustino explica que trabajó “en varias obras, pero en la que estuvimos más años fue en Parquemar III, en la parada 2 a pocos metros de la playa Brava. La Torre tenía 17 pisos y yo trabajaba haciendo encofrados, porque yo soy carpintero de obra. Era una obra grande con más de 200 trabajadores. Con mi hermano hicimos el encofrado para el hormigón visto”.

Faustino revela que en plena dictadura se hacían asambleas de obra: “Nuestro sindicato nunca dejó de funcionar. Se hicieron asambleas en las obras de Maldonado, cuando la dictadura cambió el 1º de mayo de un jueves para el lunes 5 de mayo de 1980. ¿Qué hacíamos el 1º de mayo? ¿Trabajábamos? Hicimos la asamblea en los sótanos de la torre con más de 200 trabajadores y resolvimos parar el 1º de mayo y retornar al trabajo el martes 6 de mayo”.

“Hicimos los carteles con el cartón de los clavos y con lápiz pintamos que no íbamos a trabajar. Además, se habló mano a mano con la gente previo a la asamblea. (…) Pusimos los carteles por todos lados donde se podían clavar. Se charlaba a la hora del descanso. La principal forma de lucha era el boca a boca con los compañeros”, señala.

Faustino destaca la enorme adhesión obrera al paro en defensa del 1° de Mayo, en plena dictadura: “En Parquemar III fue total y en otras obras también. El paro no fue solo nuestro. Un indicador era el tren. Mucha gente viajaba en tren a Maldonado. El miércoles 30 de abril en el tren que íbamos para Montevideo iba mucha más gente de lo habitual. Porque el paro fue tremendo. Ese 1º de mayo de 1980 mostró el poder organizado de la clase obrera. La gente se convenció de que se podía. Fue la antesala del plebiscito de noviembre de 1980. No se puede explicar que se le haya ganado un plebiscito a una dictadura. Creo que es un caso único. Nosotros en Maldonado trabajamos por el NO en todas las obras que pudimos. Repartíamos la Carta clandestina y el Boletín del SUNCA. Circulaban por todos lados. Y se explicaba a la gente por qué había que votar por el NO”.

Faustino continúa narrando, con naturalidad, como desarrollaban la propaganda, en plena dictadura y pese a la represión: “Sí, por ejemplo, pintábamos con alquitrán. Para que no se endureciera el alquitrán lo disolvíamos en querosén y lo poníamos en botellas. Las tapábamos y las escondíamos en el agua con algo que nos permitiera reconocerlas de otras botellas. Sacábamos las botellas y pintábamos los muros. Los milicos te tapaban las pintadas. Pero con el alquitrán cuando las tapaban con cal, al otro día aparecía sola la pintada de nuevo. Lograbas el objetivo y respetabas las normas de seguridad. Cuanto más pintás tenés más chance de que te agarren los milicos”.

“Antes de trabajar en la construcción yo militaba en la clandestinidad. En Camino Repetto, en la parada que está en frente de la comisaría, de noche, poníamos abiertos los paquetes de volantes, de manera tal, que cuando pasaban los camiones, éstos levantaban los volantes y se esparcían. Al otro día era un placer ver, que los volantes estaban por todos lados, incluso en la vereda de la comisaría. También pintábamos con crayolas, que fabricábamos usado los tubos de luz como molde. Otros los hacían de cartón, nosotros con los tubos”, señala, describiendo como la resistencia clandestina, organizada por militantes como él, burlaba la represión.

Habría mil historias más que podrían ilustrar lo que fue Faustino. Habrá que contarlas y lo haremos.

Solamente agregar que Faustino participó, como dirigente del SUNCA, de negociaciones que implicaron cientos de millones de dólares, en salarios, en beneficios, en obras, y murió en su humilde casa de Camino del Andaluz, con el amor de su familia y el respeto y el cariño de sus aprendices, que somos miles.

Faustino fue la personificación de la ética. Un maestro, constructor de unidad, de organización, forjador de militantes y de mejores seres humanos.

Cuando el SUNCA realizó su última Asamblea General desbordando el Teatro de Verano, Faustino estaba en la puerta, recibió miles de saludos. Nadie quería pasar sin darle un beso, un abrazo, sacarse una foto, presentárselo a su compañera o compañero o a sus hijos. Faustino sonreía feliz y mirando aquella demostración obrera hermosa dijo: “¿Ven? Si se siembra de buena manera, la cosecha es buena”.

Hoy le mandamos un abrazo enorme a su familia, y a él, conmovidos, le decimos: Sembraste muy bien Faustino y hay buena cosecha. Gracias por tanto.