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El FA votó por la destitución de los 4 generales que avalaron la tortura, blancos, colorados y el PI, por la impunidad

Este miércoles, luego de una extensa y tensa sesión, no estuvieron los votos en el Senado para destituir a los cuatro generales que en su actuación en los Tribunales de Honor no condenaron la tortura y las desapariciones, confesadas por Gavazzo y Silveira.

El presidente de la República, Tabaré Vázquez, en un hecho inédito en la historia nacional pasó a retiro a Manini Ríos y a González, ex comandantes en Jefe del Ejército, y solicitó la venia para la destitución de cuatro generales más, para cuya destitución necesitaba, de acuerdo a la ley, la venia del Senado, con una mayoría especial de 3/5.

Luego de un largo debate, donde desde la oposición se intentó descentrar los ejes y colocar toda la responsabilidad en el Poder Ejecutivo, finalmente solo los 16 votos del Frente Amplio aprobaron la destitución de los cuatro generales, los 15 senadores del Partido Nacional, el Partido Colorado y el Partido Independiente, votaron a favor de la impunidad.

“Voto por la democracia y contra la impunidad”

EL POPULAR reproduce los pasajes fundamentales de la intervención del senador y secretario general del PCU, Juan Castillo, en el debate parlamentario.

“Me gustaría empezar diciendo, con absoluta claridad, que vamos a votar a favor de la venia solicitada por el Poder Ejecutivo para la destitución y pase a retiro obligatorio de los generales Romano, Sequeira, Salaberry y Fajardo. Vamos a hacerlo absolutamente convencidos de que es lo más justo, pero, además, con una profunda y firme convicción democrática. 

(…) Estamos discutiendo acerca del pedido de venia del presidente de la república, compañero Tabaré Vázquez, para disponer el pase a retiro obligatorio de cuatro generales que actuaron en los tribunales de honor militar y de alzada, que juzgaron la conducta de algunos de los peores delincuentes de la historia nacional: los innombrables Jorge Silveira Quesada, José Nino Gavazzo Pereira y Luis Alfredo Maurente Mata, todos ellos procesados y condenados por la Justicia por delitos gravísimos: secuestro, tortura, robo de niños, violaciones, asesinatos y desapariciones. Estos cuatro generales consideraron que esos actos no atentaban contra la moral del Ejército. (…) Con este dictamen, lo que hacen es volver a expresar, dramáticamente, cómo sigue presente en sectores de la oficialidad del Ejército la cultura de la impunidad, el pacto del silencio, los efectos de la nefasta doctrina de la seguridad nacional que tanto dolor le trajo a nuestro pueblo.

Mucho puede opinarse –y está bien hacerlo– sobre el manejo que se hizo del expediente de ese dictamen, de su conocimiento público por medio de una nota periodística, de la celeridad o no del trámite en el Ministerio de Defensa Nacional y en la Presidencia de la República, pero ese no es el centro del debate, no puede serlo, aunque sí sirve para evadir la cuestión de fondo.

El centro del debate se sitúa en que seis generales del Ejército, entre ellos dos comandantes en jefe, consideraron que no era una falta al honor del Ejército que los delincuentes Gavazzo y Silveira confesaran y reivindicaran la tortura, la desaparición y el robo ¡en democracia!

(…) El presidente de la república actuó en Consejo de Ministros –¡vaya si lo hizo!– y por unanimidad destituyó a dos generales: José González y Alfredo Erramún, para lo que tenía potestades legales, y pidió a este Senado la venia para disponer el pase a retiro obligatorio de cuatro más –a quienes ya hemos nombrado–, al amparo de lo dispuesto por el literal G) del artículo 192 del Decreto Ley n.º 14157, Orgánico de las Fuerzas Armadas, en la redacción dada por la Ley n.º 19189. Pero no hizo solo eso, sino que pasó todos los antecedentes a la Fiscalía General de la Nación.

Este es un hecho inédito en la historia nacional; nunca había ocurrido algo así. Y para quienes no leyeron o no escucharon alguna parte, o tal vez la campaña los tiene algo mareados, lo que hay que recordar es que en la Justicia están todos los antecedentes de lo que ha ocurrido con este expediente. Por lo tanto, en su momento veremos las responsabilidades que le quepan a cada uno de los funcionarios de la Presidencia de la República.

Eso lo hizo este Gobierno, nuestro Gobierno, el del Frente Amplio. Por su parte, la fiscalía también actuó, me refiero a la Fiscalía Especializada en Crímenes de Lesa Humanidad –también creación del Gobierno del Frente Amplio, porque esto no existía, señora presidenta–, que analizó el expediente y envió quince escritos, a los quince juzgados donde se sustancian causas relativas a estos terribles hechos.

Esto quiere decir que, en defensa de la democracia, ya actuaron varios organismos: el Poder Ejecutivo, el Poder Judicial, y ahora le toca al Senado, como expresión del otro poder del Estado: el Legislativo. Ninguno de quienes estamos acá podemos mirar para el costado; acá no hay excusas ni disculpas acerca de qué es lo que hizo el otro. Que cada cual dé la cara, argumente y vote en función de lo que hace aquí en el Senado. El voto a favor del otorgamiento de las venias implica, nada más ni nada menos que eso.

Por eso, para nosotros no son de recibo los argumentos de la falta de compromiso del presidente de la república, ni la acción de algunos funcionarios de Presidencia de la República, que, además –como dijo el presidente Vázquez– están sometidos a la Justicia y ella será la que dictamine.

 La reivindicación de la tortura, la desaparición de personas, el golpismo de los innombrables Gavazzo y Silveira, la defensa de estas confesiones brutales hecha por el excomandante Manini Ríos –a texto expreso y de puño y letra–, atacando además al Poder Ejecutivo, al Poder Judicial y a todo el sistema político –mientras no condena la tortura ni el dictamen laudatorio de los tribunales de honor–, bajo ningún concepto puede ponerse en el mismo nivel que los errores u omisiones administrativas. ¡No pueden ponerse en el mismo nivel! ¡Es de muy mala intención hacerlo!

Dicho esto –con mucha firmeza, señora presidenta–, quiero expresar, también, que es cierto que hubo renuncias en la cúpula del Ministerio de Defensa Nacional: la del compañero Menéndez –recientemente fallecido– y la del compañero Montiel. Sabemos que en estos casos tan delicados hay que asumir las responsabilidades políticas, pero queremos decir con absoluta claridad y convicción que no dudamos un segundo del compromiso democrático y de la lucha contra la impunidad del compañero Menéndez. ¡Es de justicia hacerlo! Es mejor decirlo y, en su memoria, también hay que actuar en consecuencia. En su lugar han asumido la responsabilidad del Ministerio de Defensa Nacional los compañeros Bayardi y Berterreche, a quienes hace unos días saludamos en la Comisión de Defensa del Senado cuando, a pocas horas después de haber sido designados, concurrieron a brindar toda la información que se les pidió y pusieron todos los antecedentes en manos de los senadores que la integran. ¿Recuerdan las especulaciones en los medios de prensa en torno a qué iba a pasar con las actas, si iban a llevarlas? Y ¿qué sucedió? El novel equipo del Ministerio de Defensa llevó una copia para cada uno de los integrantes de la Comisión de Defensa Nacional y dejó en manos de la Presidencia del Senado un disco compacto para que entregara la información al resto de los senadores. Entonces, ¿ocultamiento? ¡Ninguno! Se asumió la responsabilidad política e institucional. Públicamente se tomaron medidas, y se pasó todo a la Justicia.

Ahora, a quienes toca asumir la responsabilidad política de definirnos por la democracia o por la impunidad –que son incompatibles– es a nosotros, los senadores. En mi caso –junto con el resto de la bancada del Frente Amplio–, voy a votar, sin dudarlo, por la destitución de estos generales; voy a votar para fortalecer la democracia y para seguir combatiendo la impunidad y sus efectos en el presente.

La impunidad y el presente

Quiero aclarar, señora presidenta, que es falso que nuestro voto esté inspirado en algún sentimiento de antimilitarismo vulgar. Para nosotros la distinción no es entre quienes visten uniforme y quienes no lo hacen; nosotros estuvimos, estamos y estaremos contra los golpistas, contra el fascismo y contra los impunes, con uniforme o sin él, porque hay muchos que también fueron golpistas, que están impunes y que no han vestido el uniforme.

Nosotros reivindicamos el compromiso democrático y el heroísmo de otros militares, como los generales Seregni, Licandro, Petrides, Halty y Baliñas, los coroneles Montañez y Aguerre, el capitán Arrarte, el contraalmirante Lebel, y tantos otros –más de cien– que pagaron con persecución, con cárcel y hasta con tortura su compromiso con la libertad. También reconocemos el esfuerzo y la dedicación de las y los soldados de hoy, que pese a sus bajos salarios y a las dificultades que padecen –que cada tanto nos recuerdan–, cumplen con su deber y con sus tareas. No tenemos nada contra los soldados. Por el contrario, nosotros queremos Fuerzas Armadas integradas a la sociedad, democráticas, íntegras y con valores. Para eso, señora presidenta, hay que terminar con la lacra de la impunidad, hay que laudar con que estas Fuerzas Armadas no tienen nada que ver con los Gavazzo, los Silveira, los Vázquez y los Maurente, con los golpistas, torturadores, asesinos y ladrones. ¡Es imprescindible hacerlo!

(…) Esto, señora presidenta, no es un problema del pasado –como los hechos de estos días lo están demostrando–, es del presente y se proyecta hacia el futuro.

La nueva aparición del terrorista de Estado, José Nino Gavazzo, reivindicando la tortura, mintiendo y amenazando –esta vez en una entrevista en el diario El País–, muestra claramente que estamos ante una operación política y de inteligencia de grandes dimensiones.

Ello no quedó sin respuesta. De inmediato hubo repudio hacia sus declaraciones, por parte de organizaciones de los derechos humanos, del movimiento popular, del movimiento obrero y de la izquierda, y de amplios sectores democráticos de nuestra sociedad. En ese marco, también nuestro partido presentó una denuncia penal por apología del delito de tortura, de este innombrable torturador Gavazzo.

Gavazzo, al igual que Manini Ríos en otro plano, buscan tergiversar la historia, negar el terrorismo de Estado, volver a instalar la teoría de los dos demonios, sembrar dudas sobre los avances realizados en el terreno de la justicia, deslegitimar a las organizaciones de derechos humanos, al movimiento popular y a las víctimas, colocar como víctimas a los terroristas de Estado y normalizar el protagonismo político de los militares. Manini Ríos terminó utilizando al Ejército para su campaña política, entusiasmado tal vez con vientos que soplan del norte.

Gavazzo hace un ejercicio de impunidad obsceno, impúdico. Además de la denuncia por la obvia y notoria apología de la tortura, hay otros aspectos a considerar. En la citada entrevista Gavazzo mostró fichas, cédulas, fotos y archivos. La Justicia allanó la casa y confiscó profuso material que se está analizado. Veremos qué arroja respecto a todas estas denuncias.

La impunidad, señora presidenta, es el lado oscuro del poder. La impunidad se basa en la mentira, el ocultamiento y el miedo. ¡El miedo es un arma poderosa para imponer disciplinamiento social! La impunidad envenena la democracia; la impunidad limita la libertad. ¡Quieren instalar la mentira! Hay que defender la verdad. ¡Quieren imponer el olvido! Hay que responder con memoria. ¡Quieren instalar el miedo! Hay que responder con compromiso democrático y protagonismo popular.

No puede ser que se nos sigan yendo las compañeras y los compañeros buscando a sus hijos o a sus nietos. Murió doña Luisa buscando a ese hijo; murió Tota Quinteros buscando a Elena.

Insistimos: ¡creemos que estamos ante una operación de desestabilización! Tiene todas las trazas, porque continúa.

El editorial de EL POPULAR

Voy a citar lo que dice el último editorial de El Popular –se le ha hecho mucha propaganda a otro diario, pero el diario obrero, frenteamplista y popular también escribe sus editoriales y muestra otra versión de los hechos–: «Pero la operación de inteligencia y desestabilización tiene a nuestro entender objetivos en el presente y proyección hacia el futuro.

No es inocente que un agente de inteligencia avezado como Gavazzo siembre dudas sobre la actuación de la Justicia en los casos de violaciones a los DDHH. Es mentira que no hubo segundo vuelo, lo confesó en un informe oficial el excomandante de la Fuerza Aérea, Bonelli, lo probaron decenas de testimonios, pero, además, encontramos a Macarena Gelman,» –la compañera y diputada– «cuya madre embarazada fue traída desde Buenos Aires en esas operaciones».

Pero como en este debate, insólitamente, quienes no van a dar su voto para destituir a generales que defienden la impunidad quieren transformar esto en un cuestionamiento al compromiso del Frente Amplio y de nuestro Gobierno con la lucha democrática, quiero citar otro pasaje de este editorial y de las implicaciones de la impunidad con el presente: «Ni Gavazzo, ni Manini Ríos, ni sus defensores, pueden impunemente negar lo que los avances en la lucha contra la impunidad han demostrado. Se encontraron en unidades militares o en terrenos dependientes de ellas a cuatro desaparecidos, Ubagésner Cháves Sosa, Fernando Miranda, Julio Castro y Ricardo Blanco. Se reabrieron o se iniciaron más de 300 causas judiciales, en las que se acumulan cientos de testimonios de las víctimas del Terrorismo de Estado y también comprobaciones de la propia Justicia. Se colocaron más de 60 marcas de la memoria, en todo el país, que documentan los centros de la represión y la dimensión de esta. Tenemos el memorial del Penal de Libertad, un sitio en Punta de Rieles y vamos a tener el de Punta Carretas. Todo eso interpela hoy la mentira que se quiere repetir. Hay cosas que ni los operativos de inteligencia pueden ocultar».

Por eso, señora presidenta, es tan relevante esta votación y lo que ello implica. Somos conscientes de que falta mucho. (…) ¡Nos duele la lentitud y el empantanamiento de las 300 causas judiciales, donde se busca la verdad y la justicia! Hay que ponerse, aunque sea por un minuto, en la piel de quienes todavía no saben dónde están sus familiares y no saben cuál fue su destino.

(…) Por eso es fundamental que desde todos los ámbitos del Estado y desde todo el espectro político enviemos señales claras, firmes y de compromiso democrático, ¡tengamos las ideas que tengamos! ¡Defendámoslas con pasión! Pero no por eso debemos ponernos de un lado distinto en el juego democrático.

La batalla contra la impunidad se libra en todos los planos. En el ético, en el de la Justicia y en el de la institucionalidad en sus diversas vertientes; en la actitud del Poder Ejecutivo, del Poder Legislativo y del Poder Judicial; y en la democratización de las Fuerzas Armadas. Pero esto tiene una dimensión política y ciudadana que es fundamental, y así lo entienden nuestras organizaciones sociales y populares, nuestro pueblo. Capaz que hoy no tenemos los 19 votos que necesitamos para aprobar las venias que nos piden, pero estoy seguro de que el 20 de mayo serán miles los que estarán marchando para empezar, de verdad, a profundizar en el avance democrático: saber toda la verdad, que haya justicia y nunca más terrorismo de Estado”.

Área web - Comisión Nacional de Propaganda - PCU