Saludo a las compañeras

Salud compañeras en este 8 de marzo, su día, por su esfuerzo, compromiso y lucidez, día de memoria, de lucha y de futuro, día de construir igualdad y libertad, libertad e igualdad. 
 
En la lucha por la emancipación humana, por construir un mundo y una humanidad más justas y más libres, la emancipación de la mujer de todas las formas de opresión, violencia y discriminación, de todas, de las más obvias y explícitas, de las más públicas y más brutales, pero también de las más sutiles y escondidas, de las cotidianas, igualmente brutales,  tuvo, tiene y tendrá una importancia central. 
 
Esta lucha es milenaria, es una injusticia que se ha perpetuado por milenios. Las mujeres lucharon siempre, pero un 8 de marzo de 1908, en Nueva York, miles de mujeres obreras fueron a la huelga y los patrones de una fábrica textil encerraron a cientos de compañeras y 129 de ellas murieron quemadas. 
 
En 1910 un encuentro internacional de mujeres revolucionarias decide que cada 8 de marzo las recordarán luchando. 
 
En 1917, en Rusia, conmemorando ese día, otras mujeres, también obreras, se lanzan a la calle y a la huelga por pan y paz, su valentía es brutalmente reprimida, la solidaridad con ellas de decenas de miles de obreras y obreros  se transforma en un episodio fundamental para alumbrar uno de los más grandes intentos de emancipación humana. 
 
Luego la lucha de las mujeres siguió, no paró nunca, y 60 años después la ONU institucionalizó el Día Internacional de la Mujer. Y está bien. Pero ocurre que la lucha siguió y hace ya varios años que en el mundo y en nuestro país el 8 de marzo fue rescatado de los simposios y los encuentros oficiales y volvió adonde nació, adonde cobra sentido, a la calle y con miles. 
 
Hoy habrá marchas, huelgas, teatro, música, poesía. Hoy habrá millones de mujeres en todo el mundo haciéndose oir. Y eso es formidable. Hoy sigue siendo necesario repudiar la violencia, las muertes, las mil formas de discriminacion, de opresion, el acoso, el salario menor, la crueldad miserable. Tambien hoy es necesario asumir los avances, las conquistas. Ninguna lucha adquiere sentido si se niega a si misma. 
 
Es necesario tambien evitar las divisiones absurdas y las polémicas estériles, que tambien son viejas aunque tengan formas aparentemente nuevas. El desafío no es magnificar las diferencias, que las hay y las habrá. El desafío es como articular la multitud de luchas, también las de las mujeres, al gran torrente de la construcción de la emancipación humana. No es fácil , pero es imprescindible. 
 
Una gran luchadora dijo que "el revolucionario que no es feminista carece de profundidad y la feminista que no es revolucionaria carece de perspectiva". Y tiene razón, en las dos cosas. 
Reciban hoy queridas compañeras un abrazo enorme de quienes, junto a ustedes, peleamos cada día por construir prácticas sociales y humanas, colectivas e individuales, públicas y personales, que materialicen la igualdad, que la hagan concreta. Porque es hora de que entendamos que no se puede proclamar que se lucha por la libertad plena y a la vez ser cómplice o protagonista de las más añejas formas de opresión y violencia. Sólo seremos libres, todas y todos, cuando asumamos eso. Hoy, como todos los días, pero hoy especialmente, será hermoso verlas plenas y firmes gritando a los cuatro vientos su rebeldía. Y estando junto a ustedes, hoy y cada día, estaremos construyendo un mundo más igual y por eso más libre. Es un orgullo luchar junto a ustedes por una sociedad donde seamos socialmente iguales, humanamente diferentes y totalmente libres, como dijo Rosa de Luxemburgo. Salud en este su día.
 
Gabriel Mazzarovich