La situación argentina y sus posibles impactos en el Uruguay

Desde hace ya algunos días Argentina se ha convertido en noticia en distintos medios nacionales e internacionales, desde la disparada que sufrió el dólar el jueves de la semana pasada -que llegó a superar los 40 pesos argentinos- y ante el fracaso por los sucesivos esfuerzos del gobierno de Macri para evitarlo, haciendo pensar a más de uno que se estaba en la antesala de una nueva crisis económica. 
 
Lo cierto es que Argentina está atravesando uno de sus peores momentos, con fuerte deterioro de sus finanzas públicas y de balanza comercial, ante un empeoramiento de las condiciones que atraviesa la región, y en particular la depreciación de las monedas de los países emergentes, en virtud, del ciclo expansivo que registra Estados Unidos que los llevó a elevar la tasa de interés de sus bonos, que opera en nuestros países como tasa de referencia, y que por supuesto encarece el nivel de endeudamiento. 
 
Para muchos analistas, este escenario era previsible. En realidad, resulta notorio que los problemas económicos que atraviesan los países, suelen ser expresiones de las debilidades político-institucionales de los gobiernos. Dicho de otro modo, los desequilibrios que muestra Argentina tanto en términos de déficit fiscal como comercial, si bien tiene algún causal en factores exógenos, como la mencionada alza de la tasa de interés de referencia o la caída de los precios, el factor más explicativo es la pérdida de confianza o credibilidad de los distintos agentes económicos, ante la falta de estabilidad que ha mostrado el gobierno que conduce Mauricio Macri.
 
En la economía se necesita confianza, sin confianza, cualquier medida o política que se intente impulsar tiende a fracasar. Así es que el gobierno argentino fue incapaz de generar la certidumbre necesaria sobre los empresarios, sobre los inversionistas, mucho menos sobre los sectores más vulnerables de la sociedad que fueron los más afectados por las medidas inútiles para la captación de inversiones o de incentivos para la reactivación de la economía, pero lamentablemente con consecuencias directas sobre la gente, en términos de incrementos significativo de la indigencia, de la pobreza y de la exclusión social.
Argentina –y las políticas impulsadas por Macri- está sin dudas atravesando una de sus peores crisis. Crisis política con expresiones en lo económico y por lo tanto con consecuencias sociales. El ex Ministro de Economía, durante el gobierno de Cristina Kirchner, Axel Kicillof señaló: “Estamos frente a la crónica de una muerte anunciada. Los argentinos volvemos a tropezar con la misma piedra. Más allá de diferencias de coyuntura o instrumentales, la política del gobierno de Macri se sostiene en los mismos argumentos conceptuales que los que estuvieron presentes en la dictadura militar con Martínez de Hoz y en la década de los noventa con Domingo Cavallo. Por ende, no debe haber lugar a la sorpresa frente a lo que está ocurriendo, y, menos aún, frente a lo que ocurrirá si seguimos con este rumbo. Sobre una economía con fuertes desequilibrios sociales, productivos y financieros, las políticas de la Alianza Cambiemos no han hecho otra cosa que agravar la situación”. 
 
Lo cierto es que Argentina atraviesa un proceso de fuerte endeudamiento, con vencimientos de deuda de muy corto plazo, sin liquidez para sostenerlo. De hecho, tienen un déficit comercial en rojo, donde las importaciones superan largamente a las exportaciones, que se cubre con endeudamiento. Este endeudamiento comercial alcanzó unos 30.000 millones de dólares. Es este desequilibrio en sus relaciones comerciales y financieras con el mundo el que transforma a la Argentina en un país de elevada vulnerabilidad. De modo que resulta urgente para los argentinos alcanzar un acuerdo con el FMI que le “devuelva” la tranquilidad, para calmar a los mercados, otorgándole liquidez pero serias  dificultades para cumplir con los objetivos que son impuestos por el organismo multilateral.
 
Todo hace prever que llegarán los tan ansiados fondos del FMI que se adelantarán para evitar una crisis social aún mayor. Seguramente irán acompañados de medidas de recorte, aún mayores que las ya presentadas por el gobierno de Macri. En palabras de Stiglitz seguramente “las medidas de austeridad que se propondrán “ralentizarán” la economía e impondrán un alto costo en la gente común". La interrogante que todos nos hacemos es si esta inestabilidad económica y debilidad política-institucional de la Argentina que tiene a todos en vilo y que no garantiza cambios, sino que los pone en duda; tendrán impactos sobre nuestro país.
 
Resulta aparentemente un dato de la realidad, que el dólar se está apreciando a escala mundial. Uruguay no está ajeno a esas presiones internacionales que tienden a elevar la cotización del dólar. De modo que es esperable que suceda una apreciación del dólar en nuestro país pero de modo gradual y manteniendo ciertos equilibrios. No parece sensato (aunque no es una característica que abunde) permitir un salto en la cotización, pues tiene repercusiones sobre la inflación –como sucede en la República Argentina-. También es cierto que Uruguay de recorrer ese camino, o sea, de permitir un dólar más caro, lo haría en virtud de la no pérdida de competitividad y de mantenimiento de sus equilibrios fiscales; no debidos estrictamente a la situación argentina. 
 
Venimos hace algunos años reduciendo nuestra exposición con Argentina, es decir, es menor nuestro nivel de dependencia o acople como solíamos tener en el pasado. Argentina no es un gran socio comercial, se ubica en el orden del 5% de las exportaciones de bienes. Sin duda es un actor relevante en materia de servicios –sobretodo Turismo- pero las medidas que pueden implementarse en materia de servicios suelen ser más flexibles y dúctiles que en el caso de los bienes que enfrentan fuertes restricciones.
 
Por lo tanto, es esperable un leve encarecimiento del dólar, no tan significativo, para evitar repercusiones sobre los precios –inflación- más aún en el marco de las rondas de los Consejos de Salarios, pero que deben ceder en algo para evitar pérdidas de competitividad, en tanto nuestro país, aun encuentra en sus exportaciones un motor para el crecimiento, y con Argentina tenemos un vínculo del tipo competitivo en muchos rubros. No debemos pasar por alto que situaciones similares atraviesa Brasil, lo cual nos ubica como aparentemente desacoplados, pero donde sabemos que existen fuertes vínculos que nos obligan a mirar con precaución lo que sucede.
 
Resta aún esperar más noticias de Argentina y sus reuniones con el FMI y sin duda, las medidas que se lleven a cabo con la intervención del organismo para alcanzar los objetivos que se persiguen. Sobretodo habrá que esperar las repercusiones en términos de confianza y de estabilidad política que las medidas logren. Sin confianza no habrá política efectiva. Hoy se trate de recuperar la tranquilidad y con ello la credibilidad necesaria para que los distintos actores confíen en el gobierno. No hay indicios fuertes de que esto suceda. Esperemos que finalmente, la calma reine, no solo por el pueblo argentino, sino para que reine también la calma en el vecindario. Los errores de los gobiernos, siempre los pagan los sectores populares más vulnerables, se traducen a pobreza e indigencia, y luego lleva años, mucho dolor y lágrimas recuperar los logros alcanzados en el pasado. 
 
Pablo Da Rocha