Legitimando poder: TLC UE-Mercosur

Desde diciembre de 1995 que la Unión Europea (UE) y el Mercosur intentan promover la cooperación política y económica, estimulando un mayor acercamiento en sus relaciones comerciales. Para el Mercosur, la UE es un importante socio comercial y de inversiones, sin embargo -a pesar de ello- los productores de la región se enfrentan a barreras arancelarias y no arancelarias significativas, así como a subsidios nacionales y a las exportaciones (principalmente en el sector agrícola). Indudablemente estos subsidios producen distorsiones significativas en mercados donde el Mercosur ostenta claras ventajas comparativas.

De modo tal, que, desde el punto de vista del Mercosur, la agenda comercial con la UE tiene una alta prioridad. Sin embargo, también la negociación con la UE tiene un significado político y simbólico para el Mercosur. A pesar de ello, los intentos pasados por lograr un mayor acercamiento entre bloques ha sido lento y complejo. En contraste, en los últimos meses ha habido una aceleración de las negociaciones entre UE y Mercosur, que esconden sin duda algunas otras pretensiones, que van más allá de alcanzar un acuerdo de cooperación, político o comercial.

Cierto es que se suele señalar que ambos bloques regionales tratan de alcanzar un Tratado de Libre Comercio (TLC). Como se sabe un TLC es un instrumento de política internacional que busca abatir los aranceles o las barreras para arancelarias, para intentar de este modo, teóricamente, facilitar el flujo comercial entre los socios.

Al respecto conviene hacer algunas consideraciones. En primer lugar, las negociaciones que se llevan a cabo entre la UE y Mercosur van más allá de un “simple” tratado comercial, de hecho, se inspiran en los orígenes de la famosa firma del Acuerdo Marco Interregional (AMI 1995) entre ambos bloques que procuraban alcanzar un mayor nivel de integración sobre la base de consolidar tres pilares: cooperación, político y comercial. Es decir, que la posibilidad de este Acuerdo trasciende, a pesar de lo que la prensa o los medios prefieren, liberalizar bienes y servicios exclusivamente -aunque no es un tema menor sin dudas- sino que va más allá de ello, adquiriendo otros relieves no menores, sobretodo en el contexto histórico y político en que se desarrollan. En efecto, no debe sorprendernos que esta arremetida en las negociaciones encuentre a algunos países del Mercosur “apurados” por cerrarlo cuanto antes.

Justamente, la intención por “ocultar” la dimensión política de este posible Acuerdo se manifiesta por mostrar que el eje de las negociaciones entre UE y el Mercosur se reducen a ampliar la cuota de carne o de etanol, cuando se trata en realidad de un Acuerdo que incluye capítulos estratégicos vinculados a los Servicios Públicos, Compras Públicas, Propiedad Intelectual, Desarrollo Sustentable, Normas y Denominaciones de Origen, etc. etc. No es llamativo que los medios sean cómplices de esta indudable estrategia de comunicación que distrae las miradas a un tema que en términos comparativos en menor. Por ejemplo, la prensa da cuenta de que Francia está particularmente preocupada por las concesiones hechas, “sobre la carne de vacuno y el etanol, dos productos muy sensibles para el viejo continente, con la esperanza de nuevas oportunidades en América Latina para el sector del automóvil europeo”.

El intercambio se produjo en una nueva ronda de negociaciones que se inició el miércoles pasado y terminará el viernes en Bruselas, días antes del inicio en Buenos Aires, el domingo de una reunión de los ministros de Comercio de la Organización Mundial de Comercio (OMC).

Parece que lo que se espera es que la próxima semana en Buenos Aires se alcance un acuerdo político. Se entiende que dado el grado de avance en las negociaciones se esta en un punto de inflexión en que las partes deben decidir si seguir adelante hasta el final o detenerse. Pues se está presionando para que se logre un entendimiento político para seguir avanzando, aunque no existan aún condiciones económicas reales para hacerlo, de hecho, las negociaciones a pesar del esfuerzo realizado han avanzado muy poco en materia de entendimientos.

Tal es así, que, durante una conferencia sobre el comercio en Bruselas, Anna Cecilia Malmström, Comisaria de Comercio de la UE, había insinuado durante la mañana que las negociaciones comerciales de la UE con Mercosur podrían alargarse hasta principios del próximo año: "Esperamos alcanzar [una conclusión de las negociaciones ¿si no es a finales de año, a principios del próximo año, porque hemos invertido mucho" (…)  "Si se alarga hasta enero o principios de febrero, no es un drama", añadió.

Malmström participará junto a ministros de Brasil, Uruguay, Paraguay y Argentina en una reunión el domingo antes del inicio de la reunión ministerial de la OMC, donde se espera tengan las ofertas revisadas, fundamentalmente de carne y etanol que se presentan como determinantes. De hecho, la Comisión que tiene en sus manos las negociaciones, explicó que su objetivo era “lograr un acuerdo antes de finales de año, especialmente porque en 2018 hay campaña electoral en Brasil, el mayor mercado de América del Sur

Es evidente, para muchos, que los países más interesados en que este Acuerdo avance son Argentina y Brasil. Argentina necesita dar señales para consolidar el posicionamiento ideológico neoliberal de Mauricio Macri, quien es el actor más preocupado por acelerar el proceso. Brasil, por su lado, enfrenta algunas contradicciones, porque es un mercado de más de 200 millones de habitantes y con cierto desarrollo industrial que lo ubica como una de las principales economías del planeta y tiene que defender sus intereses, pero lo que mas lo alienta a seguir es la necesidad imperiosa de legitimar un gobierno corrupto, ilegítimo y de nulo apoyo popular (menos del 5% aprueba la gestión de Témer) que desplazó a través de un golpe institucional a Dilma.

De modo, que en Buenos Aires poco se va a hablar de asuntos comerciales o económicos, seguramente, lo que se busque es asegurar la continuidad de estas negociaciones que impulsan Argentina y Brasil desde el Mercosur y que saben que el tiempo es tirano, tanto, que si se siguen dilatando más, las probabilidades de que la UE de marcha atrás crecen.

Debemos estar atentos de los acontecimientos, la información aún es limitada. Como es habitual en estos casos la transparencia brilla por su ausencia, pero nada de esto nos ha detenido antes, cuando de lo que se trata es de defender los intereses de los trabajadores, el pueblo y la soberanía nacional. 

Por Pablo da Rocha