La Revolución de Octubre y el PCU

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El mejor homenaje en el centenario de la Revolución de octubre es un PCU cada vez más fuerte

Juan Bernassa

Podemos empezar preguntándonos: ¿Cuáles enseñanzas podemos extraer de la Revolución de Octubre desde una teoría de la revolución?

Si tomamos el período 1903-1917, ningún país conoció, ni siquiera aproximadamente, en el transcurso de quince años una experiencia revolucionaria tan rica, una rapidez y una variedad iguales de sucesión de las distintas formas del movimiento, legal e ilegal, pacífico y tempestuoso, clandestino y abierto, en los círculos y entre las masas, parlamentario y de acción directa.

En ningún país estuvo concentrada, en tan poco tiempo, semejante variedad de formas, matices y métodos de lucha de todas las clases de la sociedad contemporánea; de una lucha, además, que, debido al atraso del país y al peso del yugo zarista, maduraba con singular rapidez y asimilaba con particular ansiedad y eficacia “la última palabra” de la experiencia política americana y europea.

¿Cómo fue posible? Sin dudas no como golpe de Estado, ni levantamiento espontáneo, ni azar, como atribuyen intelectuales publicistas e investigadores de todo tipo.

Podemos señalar cuatro elementos que entendemos claves.

1- Como masas, pueblo y clase, que hicieron su experiencia política concreta y elevaron ideológicamente su perspectiva desde su situación cotidiana y singular a la revolución total

2. Tal proceso de maduración siempre contó, para ser más que una esperanza y convertirse en realidad con los planes, la conciencia en acción –obsesión de los comunistas de todo tiempo- con los análisis concretos de la situación concreta puntual, nacional e internacional.

3. Lideradas por un partido disciplinado. Disciplina –aclara Lenin-

entendida por la conciencia de vanguardia, fidelidad a la revolución, firmeza y espíritu de heroísmo.  Por la capacidad de ligarse, acercarse y hasta cierto punto fundirse con las más amplias masas trabajadoras, en primer término, con las masas proletarias, pero también con las masas trabajadoras no proletarias. Por el acierto de una dirección política que ejerce esa vanguardia, por el acierto de su estrategia y su táctica a condición de que las masas más extensas se convenzan de ello por experiencia propia.

Claro que esas condiciones no brotan de golpe: se forman a través de una labor prolongada, de una dura experiencia. Facilitada por una acertada teoría revolucionaria la cual, a su vez, no es un dogma, sino que sólo se forma de manera definitiva en estrecha conexión con la experiencia práctica de un movimiento verdaderamente de masas y verdaderamente revolucionario.

Teoría marxista que con la revolución de octubre se enriqueció para ser marxista-leninista.

¿Qué trascendencia?

En primer lugar, su actualidad revolucionaria, o en otros términos abrir el cauce de la Historia hacia la libertad, del trabajo libre y la potenciación humana en todo su esplendor.

Efectivamente camino revolucionario en sus momentos de acumular fuerzas, de tomar el poder político, de defenderlo, y también, y no es nada menor, construir una sociedad nueva.

Obra nueva en la historia universal, crear algo nuevo sin precedentes hacia la libertad del yugo capitalista y las guerras imperialistas.

Pero insistamos en lo nuevo. Al reconocer errores se preguntaba Lenin en 1922: “¿Por qué hacemos tonterías? Primero porque somos un país atrasado, segundo porque en nuestro país la instrucción es mínima, tercero porque no recibimos ninguna ayuda desde fuera, por el contrario, todos obran en contra nuestra y cuarto por nuestra vieja administración pública heredada.  Es cierto hemos cometido tonterías, pero son de un género completamente distinto que las tonterías que cometen nuestros adversarios. Nosotros, -remata Lenin- nosotros no hacemos más que empezar a aprender”.

Y en “Más vale poco y bueno”, en marzo de 1923, respecto al mismo problema -el de la administración pública- pero no restringido solo a ello, Lenin dice: “Primero aprender, segundo aprender, tercero aprender y después comprobar que lo aprendido no quede en letra muerta o a una frase de moda. Que lo aprendido se haga efectivamente carne de nuestra carne y sangre de nuestra sangre, que llegue a ser plena y verdaderamente un elemento integrante de la vida diaria”.

La trascendencia de estas afirmaciones se explica en los significados y enseñanzas de Octubre.

Haber acabado con los restos medievales, primitivos, bárbaros de la injusticia política, social y económica, [primero y es relevante] jurídicamente sí, pero dando la batalla en la influencia de tales injusticias sobre el pueblo [culturalmente, en sus costumbres y visiones inmediatas del mundo, en sus costumbres].

Haber aprendido que no hay una muralla china que separe “las tareas democrático-burguesas y los pasos al socialismo y los desafíos de la democracia proletaria”.

 “Hemos empezado la obra -dice Lenin- lo esencial es que hemos roto el hielo, que se ha abierto el camino, que se ha indicado la dirección. Esta primera victoria no es aún la victoria definitiva”.

Aprendizaje de la “firmeza como la roca” y la flexibilidad táctica, del viraje brusco y la insistencia (como en las “Tesis de Abril”), con la paciencia y serenidad, como ilustra magníficamente en “Notas de un Publicista”, del montañista que al emprender el ascenso se encuentra con serios obstáculos.

Nuestro Partido

La clave leninista de nuestra valoración de Octubre quedó claramente definida, tal como lo supo plantear Cesar Reyes Daglio, al conmemorarse el cincuentenario de la Revolución, al afirmar que nuestro Partido tiene dos motivos de legítimo orgullo de nuestra condición de comunistas: la solidaridad con la primera revolución socialista y la incondicional defensa de la clase obrera y el pueblo.

¿Cómo ha entendido este PCU la trascendencia de la Revolución de Octubre?

Afirmando que la revolución rusa abrió el camino revolucionario, expresando que “todo lo mejor de nosotros mismos, en tanto hombres (y mujeres) de nuestro tiempo se relaciona con el brillo de Octubre”.

En otras palabras, menos filosóficamente, Octubre fue cauce internacionalista y queda claro en la síntesis expresada por Le Duan, heroico camarada vietnamita: “En cada conquista vietnamita hay una gota de sangre soviética, de solidaridad y de internacionalismo”.

Y en Fidel, si Fidel Castro Ruz, nuestro querido comandante de la Revolución cubana y de su pueblo, que dijo: “La Revolución cubana fue posible porque mucho antes hubo una Revolución rusa”.

Fue trascendente también en la confrontación socialismo/capitalismo, especialmente porque determinó la definición del significado de la Paz, desarrollando una dialéctica de unidad de la revolución socialista mundial y una política exterior de coexistencia pacífica, dialéctica entre la necesidad de la revolución socialista y la defensa de la paz, o mejor, la revolución socialista es lucha por la paz. Explicar mejor estas ideas hoy tiene una urgencia impostergable.

Y, por último, la trascendencia de la Revolución de 1917 y el homenaje, se sintetizan tal como afirmara nuestro recordado y respetado Rodney Arismendi: El PCU rendirá homenaje a la Revolución socialista de Octubre con los hechos, con su desarrollo y unidad. Haciéndolo al Partido más influyente y con autoridad; más grande y combativo, dando la lucha por su disciplina y formación, por su seguridad organizativa; arraigado en la clase obrera y todos los trabajadores; estudiando y aprendiendo de cada una de nuestras responsabilidades públicas, de las experiencias –y ojalá pudiéramos potenciarlo más- de los Partidos Comunistas hermanos; analizando sin concesiones ni facilismos y tomando medidas creativas todas nuestras debilidades y errores; un Partido que hace de la unidad social y política cuestión de principios; un Partido con perspectiva revolucionaria, uruguayo, frenteamplista y comunista.

Esta perspectiva vive y late en nuestro reciente XXXI Congreso y en nuestra práctica cotidiana.

(Miembro del Comité Ejecutivo del PCU, Secretario Nacional de Educación)