La asunción de Michelle Suárez no es casualidad

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por Federico Graña

En estos primeros años del Siglo XXI, el Uruguay ha retomado el camino de la ampliación de la democracia y del reconocimiento de derechos de sectores de la población que han sido históricamente discriminados. Este proceso de profundización de la democracia se cristalizó en una serie de reformas legales que han consagrado el derecho al reconocimiento de la Identidad de Género, de las parejas y familias LGBTI. También se reconoció la necesidad de generar acciones afirmativas para la población afrodescendiente en busca de disminuir la brecha racial existente en nuestra sociedad. La regulación del mercado de la marihuana como alternativa al fracaso prohibicionista, el derecho de las mujeres a decidir sobre su cuerpo, acciones necesarias para asegurar su participación política y la búsqueda de medidas que abatan la inequidad de género, son otros de los tantos componentes de la denominada Agenda de Derechos.

La mejor manera de sostener este proceso de cambio es profundizando estos derechos. Especialmente en momentos donde, en el contexto regional, las voces de los fundamentalistas conservadores religiosos se expresan en las cámaras legislativas con la intención de hacer retroceder el camino de la profundización de la democracia y del reconocimiento de los derechos de la población LGBTI.

Hoy, esta Agenda de Derechos tiene varias páginas más, la Ley de empleo para Personas con Discapacidad, la Ley Integral Trans, la Ley de Salud Mental, entre otras acciones. Como frenteamplistas, y por lo tanto como parte de nuestro pueblo, nuestro rol debe ser el de dar voz y lugar a las demandas de la sociedad civil organizada que ha sido y será la generadora de los cambios más profundos en nuestra sociedad.

Es en ese marco de lucha y de construcción de una sociedad distinta en donde, por momentos, una historia personal puede ser el reflejo de una historia colectiva. Por eso la asunción como senadora de la compañera Michelle Suárez no es un hecho casual, accidental o fruto solamente de su sobrada capacidad intelectual y tenacidad que le permitieron torcer su rumbo supuestamente predestinado. La asunción de Michelle es mucho más que eso, es fruto de una lucha colectiva y rescata la mejor tradición identitaria de la izquierda, darle voz a los que -según algunos- estaban destinados a no tener voz y no poder construir sus destinos.

Es cierto que nuestro Partido y el movimiento comunista internacional, al igual que las agrupaciones políticas, religiosas y la sociedad toda, históricamente ha tenido un relacionamiento conflictivo con la diversidad sexual, incluso llegando a perseguirla. Pero también es cierto que ese mismo Partido en estos últimos años ha dado lugar, voz y espacio en los más altos lugares de dirección y representación a compañeras y compañeros que forman y formaron parte de la construcción de esta última etapa del movimiento de la diversidad sexual. Porque no basta con falsos arrepentimientos o esconder debajo de la alfombra nuestros errores, o decir que acompañamos o apoyamos esta lucha, sino que debemos modificar nuestras prácticas cotidianas para desterrar los prejuicios y seguir dando espacio a estas voces.

Es así que en estos días los y las comunistas retomamos nuestras mejores tradiciones y así como aportamos a una de las primeras mujeres legisladoras de nuestro continente latinoamericano y la primera secretaria general de un partido político en nuestro país, hoy aportamos a la primera persona trans como senadora nacional. Porque seguimos convencidos en construir un país en donde “socialmente iguales, humanamente diferentes y totalmente libres”.