El PCU y el Che

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Arismendi: “Apoyamos al Che y no tenemos nada de que arrepentirnos”

El PCU mantuvo una intensa relación política con el Che, de varios de sus militantes y dirigentes, uno en particular, Rodney Arismendi. EL POPULAR recoge aquí dos entrevistas donde Arismendi habla del Che, de su personalidad, de su pensamiento y también del apoyo que el PCU le brindó en su visita a Montevideo en 1961 y en su lucha en Bolivia, para la que incluso se alistaron voluntarios un grupo de militantes del PCU y la UJC que no llegaron a incorporarse a la guerrilla porque antes esta fue detectada y derrotada.

En una entrevista realizada para la televisión en 1987, a 20 años de la caída en combate del Che, Arismendi dijo estos conceptos.

“Es cierto que tuve la suerte de conocer por muchos años consecutivos a Ernesto Che Guevara, gran figura de la revolución latinoamericana, compañero de Fidel y de Raúl y de Camilo y nombro cuatro de las principales figuras que realizaron la proeza de la revolución liberadora en Cuba. Tuve la oportunidad de encontrarme con Che en muchas ocasiones. La primera fue en Moscú, en el Kremlin, en 1959. Sólo en una frase diríamos que el Che me impresionó por su cordialidad, la rapidez de su pensamiento, y al mismo tiempo, una permanente valoración, yo diría crítica de todo lo que se hablaba, como método de examen de pensamiento y de independencia de criterio. La segunda vez lo encontré al Che en La Habana, yo había ido en agosto de 1960 al último congreso del Partido Socialista Popular, y tuve la suerte también de conocer a Fidel, y fui a visitar al Che al Banco, en la alta madrugada de La Habana, el Che estaba recién designado presidente del Banco y cumpliendo una dura función. La entrevista fue entre las 3 y las 4 de la mañana y ahí estaba el Che con un gran termo uruguayo y un gran mate, al costado otro termo de café cubano y repartido entre el escritorio y el suelo una edición completa de El Capital y una cantidad de libros que se referían a la economía y a la política desde el punto de vista marxista; la conversación duró largamente, sobre los problemas de Argentina, su patria, de América Latina, de Uruguay, de nuestro Partido, del gran movimiento de solidaridad que promovíamos para acompañarlos, pero muy particularmente también, porque el Che estaba inmerso en esto, sobre los temas de la teoría marxista.

Ahí el Che me explicó que se dio cuenta cuando tuvo que enfrentar los grandes problemas de la economía, que había una laguna en su vida: el estudio de la economía política y, yo diría, de la teoría económica en general del Estado, y el Che, como todo en su vida, tomó al toro por los cuernos y empezó por El Capital y ahí se sumergió profundamente, incluso en otras oportunidades se veía la huella de esas lecturas profundas de Marx.

Recuerdo dos oportunidades muy especiales. Una, un largo viaje que hicimos desde Moscú hasta La Habana con el Che, íbamos a la primera conferencia de partidos latinoamericanos. Y en el viaje, en el mismo avión iba el Che. El Che me fue a buscar a mí y a Alcira, mi compañera, y nos llevó a una especie de camarote donde estaban ellos. El Che se abrió con una gran emoción para contar la gravitación de la presencia de Fidel en el cuadro de la Revolución, sobre su formación, sobre su pensamiento, sobre su maduración comunista; tenía plena conciencia, bueno la tenía yo también, de que con la Revolución Cubana América Latina abría una nueva época y que el personaje central de esa nueva época era Fidel. Pero fue muy interesante porque Guevara se empeñó en mostrarme –lo que yo ya sabía- el gran papel de Raúl Castro en la Revolución. Y al final terminando con una frase que decía: Es que Raúl se ganó por sí mismo, pese a su juventud, el derecho a ser el segundo jefe de la Revolución Cubana.

Y por último, las entrevistas que tuvimos con el Che en Montevideo, cuando vino a la Conferencia de Punta del Este (1961), no sólo por la gravitación del Che, el impacto de su discurso y su presencia en Punta del Este, la conmoción juvenil, las demostraciones, Montevideo sacudido, sino también porque en esa oportunidad el imperialismo norteamericano planeó un atentado contra Guevara que debía realizarse en una glorieta de Punta del Este, con la complicidad de las autoridades de la policía de Montevideo en ese instante; nosotros nos enteramos, fuimos a ver el ministro del Interior, lo apremiamos, ahí se frustró el atentado, pero luego cuando el Che vino a Montevideo y habló en la Universidad ante 40 mil personas, habían retomado la posibilidad del atentado. Fue frustrado, entre otras cosas, porque se les hizo una trampa, el Che no salió por la puerta que esperaban, salió otro compañero, barbudo y vestido de uniforme, en el auto, pero el disparo que se dirigía al Che fue el que mató al profesor Arbelio Ramírez. Después del acto nos encontramos con el Che en el Parque Hotel, donde nosotros habíamos situado una importante autodefensa teniendo en cuenta lo que había pasado, y el Che estaba realmente desolado, pero no desolado por el riesgo que corrió su vida, desolado particularmente porque alguien hubiera muerto por una bala que le estaba destinada a él”.

“Apoyamos al Che y no tenemos nada de que arrepentirnos”

En una entrevista publicada en el suplemento juvenil de EL POPULAR, “Vamos”, el 3 de octubre de 1986, Arismendi también se refirió al Che y lo definió con una frase: "la capacidad de poner siempre su pellejo detrás de sus palabras".

En la nota habló de la posición del PCU sobre el Che: "Nuestro Partido alimentó siempre un gran cariño y una gran admiración por el Che, pensador profundo y uno de los más puros héroes de esta época en América Latina. Siempre vimos al Che inseparable de Fidel -ese gigante del proceso revolucionario continental y mundial- y de Raúl, es decir, de la Revolución Cubana, a la que hemos calificado como el más grande acontecimiento histórico desde la gran guerra de la independencia. El Che es de esas figuras tan poderosas y tan ricas que los grandes momentos revolucionarios de la historia saben parir. Una de las mejores figuras del heroísmo revolucionario, de grandeza moral, de voluntad de reflejar y estimular el despertar de la conciencia patriótica, latinoamericana, internacionalista y socialista de los pueblos del continente. Creo que nuestra amistad con el Che -en cuanto a mí, entrañable y profunda- y con Fidel, fue ayudada por la temprana comprensión de nuestro Partido del papel histórico de la Revolución Cubana, incorporada a todo el análisis teórico y estratégico del proceso continental y mundial".

En la entrevista, Arismendi se refirió a la lucha del Che en Bolivia: "El Che en Bolivia con su holocausto selló definitivamente la unidad de la lucha de los pueblos latinoamericanos contra el imperialismo. Su ejemplo puso su nombre junto al de los grandes libertadores como parte de la mejor historia del continente, como ejemplo purísimo, forjador de pueblos y militantes, como una enseña para llevar prendida sobre el pecho de cada muchacho o muchacha. Como él dijo de Camilo, su nombre está en el más allá del pueblo. En cada hora de prueba, su imagen ejemplar nos acompañará”.

Arismendi, narró, hace 31 años, aspectos del apoyo del PCU al Che en Bolivia, que hasta ese momento no se habían revelado: "Nosotros apoyamos la operación del Che en Bolivia y no tenemos nada de qué arrepentirnos". Afirmó que “la dictadura torturó horriblemente a un grupo de compañeros que se había alistado voluntariamente para ir a Bolivia a luchar junto al Che y que no llegaron, por razones ajenas a su voluntad”. "La apoyamos a pesar de que considerábamos -y así lo dijimos- que los datos políticos en que basaba la operación acerca de Bolivia eran, por lo menos, problemáticos. Es decir, que teníamos un margen crítico en cuanto a la oportunidad política y a algunas condiciones de la operación. Pero advertíamos la proyección histórica del acontecimiento para América Latina. Y no podíamos dejar solo al Che en esta hora del destino del continente. Sería tener una concepción misérrima del proceso revolucionario si valoráramos ciertos acontecimientos solamente en función de su éxito o su derrota. Militarmente la operación del Che en Bolivia fue derrotada, y seguramente las posibilidades de derrota eran cien veces mayores que las de victoria. Pero política y moralmente el Che se volvió contraseña de la voluntad indómita de liberación de los latinoamericanos. Lo que no se puede olvidar del Che es su grandeza histórica, su fuerza intelectual y moral, su calidad de arquetipo revolucionario, su dimensión de comunista y revolucionario latinoamericano, su talento excepcional y su bella y polícroma magnitud como persona", agregó.