De la pluma a la cuerda

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Él eligió uno de los oficios más difíciles que nos damos, reinterpretar el entorno y compartirlo en hermosos cuadros con pinceladas-palabras, que buscan el alma.
 
Llegar a despertar la sensibilidad latente entre sus discípulos es una tarea en que el tiempo va desbrozando caminos hasta llegar a la esencia última. Él, sólo guía el trabajo constante, doloroso a veces, luminoso las más, el viaje es particular del alumno. 
 
Desde su nido tacuaremboense irradio la luz necesaria, para que su voz fuera faro. Y cual manto bermejo de solidaridad, las palabras justas y la acción precisa lo hicieron referente, no solo de la poesía, sino de su vivir partidario. Era de los pocos que marcaron el camino, en una comunidad en donde todos se conocían y con solo alzar la voz, se ganaban el señalamiento de aquellos que no comprendían y por lo tanto temían el proceso iniciado de cambiar el mundo de base, para acabar con la explotación del hombre por el hombre. 
 
Creador sensible que sufrió hasta la quema de sus preciados hijos literarios, por la demostración de poder que el opresor quiso hacer con un luchador. Porque los poemas, las canciones, la música apuntan a generar conciencia, son herramientas, contra el dictador, y la creación de Don Washington nace de una luminosa, de una amplia visión de la humanidad.
 
Allá en lo profundo del país, en los pagos del Batoví y la tacuara originaria, nutriéndose de ese particular y sutil corazón del terruño, en el que otras voces del arte también germinaron, el profesor-poeta supo mantener su aura consecuente.
 
Él es un antes y un después, un quiebre de luz en el camino de nuestra sensibilidad uruguaya.
 
Sus cuidadas e hilvanadas, preciosas, palabras discurrieron, acomodándose en el espacio antes vacío para llenarlo de contenido. Su propuesta de bucear, de ahondar en la intimidad de nuestro ser, no es una mera invitación cordial, es un desafío de vivencias que nos guían hacia el cenit, para emerger nuevos, transformados, seres que seguimos compartiendo el afán por la sociedad del pan y de las rosas.
 
Porque de eso se trata, la simplicidad de lo complejo en la construcción de un poema mayor, ese, que supo dignificar viviendo en plenitud total.
Esa conjunción suprema que supo moldear, la de La pluma a la cuerda, en un colectivo en donde la vara ha estado siempre muy alta, las voces que más destacan, lo han buscado como el elegido para trasmitir por sus versos, toda la vida atesorada.
 
Generaciones de emocionados uruguayos lo respetan, otros, ahora descubrirán a ese poeta del verbo que de lo sencillo y profundo hizo vocación. Seguiremos admirando ese decir sutilmente intenso, único, que nos identifica. 
 
El cariño, ese subjetivo e indómito sentir, que se entrega o no, sin imperativos, ese abrazo fraterno de compañero mayor que nos brindó, es el que seguiremos atesorando, amplificando, porque el legado que nos deja es el del sembrador que revive en cada simiente fecundo, pletórica de luz cenital.
No hubo fronteras dibujadas que su cáliz no cruzara. Sus rimas se pasearon por el mundo y la sangre cercana por cuyas venas corre la misma esencia creadora, su sobrino Carlitos, ejemplo fraterno que nos brinda en cada encuentro solidario, es vínculo ineludible de referencia.
 
Así… Padres de la nación que inventaron un juego que nadie ganó…somos instrumento anudado que espera junto a las cinas-cinas ancestrales, engalanadas del jazmín del país, encontrar la bordona acariciada por un guitarrero viejo, que guarda tanta vida en cuatro versos… para mis adentros pensé.
 
Hasta siempre maestro!
 
Lylián Firpo