Recordatorio. El diario El País y el Golpe de estado en Uruguay

  • Publicado en Cultura
  Hoy se cumplen 44 años del golpe cívico-militar en Uruguay, ocurrido el 27 de junio de 1973.
 
   El diario El País -que recientemente le editó un libro a Amodio Pérez- se convirtió desde el primer día del Golpe en el vocero de los criminales de lesa humanidad, y lo sigue siendo hoy.
 
Algunas notas editoriales de El País en tiempos de la dictadura (1973-1985):
 
"El concepto de seguridad y de visión de lo ocurrido entre nosotros a lo largo de muchos años es lo que justifica, jurídica e históricamente, la participación que hoy tienen las Fuerzas Armadas en la vida nacional y sus nobles y elevados objetivos (…)".
 
   (El País, 21 de julio de 1974).
 
 
   "¿Cómo convencer a nuestros jóvenes que las Fuerzas Armadas no salieron a la calle para dar su cuartelazo sino como último recurso, reclamado por la ciudadanía sana del país para salvar la esencia misma de nuestro sistema? (…)"
 
   (El País, 24 de junio de 1976).
 
Adelantándose a la posibilidad de que la OEA condenara a Uruguay por graves violaciones a los derechos humanos, El País escribió:
 
   "En caso de que prospere en la Asamblea de la OEA la tendencia a juzgar la pureza, desde el punto de los Derechos Humanos, de los regímenes que más contribuyeron a la proscripción del totalitarismo marxista en América, se habrá consumado una de las mayores sinrazones en la historia de la organización como instrumento de unidad y de promoción de la democracia en el continente (…)".
 
   (El País, 23 pe junio de 1978)
 
 
   "(…) De ahí han surgido las versiones de que en el Uruguay soportamos una de las dictaduras más crueles y repugnantes de América Latina, burda especie a la que se procura dar patente de verdad en el exterior por medio de datos estadísticos ridículos sobre uruguayos asesinados, presos, torturados o forzados a abandonar el territorio nacional (…)".
 
   (El País, 27 de junio de 1978, al cumplirse cinco años del golpe militar)
 
 
   "Las Fuerzas Armadas abandonaron los cuarteles, no impulsadas por bastardas ambiciones de poder, sino cediendo al imperativo de librar a la Nación de la inminente amenaza del caos y de la ruina (…)".
 
   (El País, 21 de agosto de 1979