La inflación más allá de los datos

El pasado lunes 5 de junio, el Instituto Nacional de Estadística (INE) hizo públicos los datos de inflación correspondientes al mes de mayo del corriente año. En línea con la tendencia que se viene dando en los últimos meses, el ritmo de crecimiento de los precios al consumo continúa desacelerándose. El Indice de Precios al Consumo tuvo un incremento mensual de 0,13% lo que implica un incremento acumulado de los precios en lo que va del año de 4,17% y un 5,58% en los últimos 12 meses (año móvil). La inflación acumulada de los últimos 12 meses muestra el mejor registro desde diciembre de 2005, cuando se ubicó en 4,90%.

En términos de los rubros, esta tendencia se explica por la muy fuerte desaceleración en alimentos y bebidas (principal rubro de la canasta) que solamente aumentó 1,14% en los últimos 12 meses. También el rubro transporte viene subiendo menos que en otros años, fruto de la fuerte caída en el precio de vehículos. Vemos aquí que se trata de rubros “transables” es decir que su evolución se vincula más con tendencias internacionales que de la economía interna (desaceleración de los precios internacionales de los alimentos en general), así como con el dólar que se mantiene sin aumentar en los últimos meses. Estas tendencias van permitiendo contrarrestar los aumentos en algunos rubros importantes en la canasta de consumo como electricidad, agua, tabaco, etc.  

Debemos decir que la baja de la inflación representa una buena noticia para los trabajadores y los sectores populares, que son sectores en general de ingresos fijos y que destinan la mayor parte de su ingreso al consumo. En promedio, los bienes y servicios que compramos cotidianamente están aumentando de precio a un menor ritmo que en años anteriores y eso es bueno.

Por otro lado, desde un enfoque de clase la inflación debe ser analizada en un marco más amplio, considerando otros aspectos del proceso económico. En general se tiene la idea que una inflación más baja es algo bueno, pero no podemos quedarnos solo con eso. Por ejemplo, en los años 90 la inflación se logró reducir de más de 100% anual a un dígito, pero ese proceso no fue bueno para los trabajadores, porque se liquidó el aparato industrial del país, el desempleo se mantuvo alto y los trabajadores se beneficiaron del crecimiento económico mucho menos que el capital; a la inversa, se puede “convivir” con una inflación “no tan baja” y que la economía funcione en forma adecuada y se incremente el nivel de vida de los trabajadores y el pueblo.

Para los trabajadores y los sectores populares, en una economía que crece aunque sea a tasas más moderadas que hace algunos años, lo relevante es si sus ingresos reales (poder de compra) suben y si lo hacen a un ritmo consistente con los objetivos de distribución del ingreso que se tengan. Como en la mayoría de los sectores de actividad los ajustes salariales ya están establecidos en los convenios colectivos firmados en el año pasado y en 2015, con lo cual es probable que el salario real continúe una tendencia a la mejora con respecto a los dos años anteriores, en que creció pero muy moderadamente.

De todas formas, para que esta situación de desaceleración de la inflación se traduzca en la continuidad y profundización de las mejoras, se deben conseguir las necesarias mejoras en el salario directo (remuneraciones) e indirecto (gasto e inversión social) tanto este año (rendición de cuentas) como el que viene (ronda de consejos de salarios del sector privado), acorde a cómo evolucione la actividad económica y a las condiciones que haya y se puedan ir generando para disputar plusvalía social con el capital. En eso tendremos que estar.