Una generación de oro surge en Venezuela

por Pablo Siris Seade, consejero de la Embajada de la República Bolivariana de Venezuela en Uruguay

El resultado del partido de fútbol disputado entre Venezuela y Uruguay que coloca a la selección vinotinto en la final del campeonato mundial de fútbol sub 20 da cuenta de impresionantes avances en materia deportiva y de otras políticas sociales desarrolladas por el Gobierno Bolivariano iniciado por el comandante Hugo Chávez y continuado ahora por Nicolás Maduro. Políticas de las que no siempre somos conscientes y que incluso a veces ignoran los sujetos de las mismas. En una situación antipódica, algunos potenciales beneficiarios de las mismas, las combaten por estar inoculados por el virus fascista.

El 7 de agosto de 2012, en el acto en el que el comandante Hugo Chávez condecoró al esgrimista Ruben Limardo, quien logró la segunda medalla de oro olímpica para Venezuela, el Presidente venezolano señalaba que la inversión realizada en materia deportiva por el Gobierno Bolivariano era “20 veces más que la que hicieron los gobiernos de la Cuarta República. ¡20 veces! Multipliquen por 20, pues, la inversión, la atención al deporte. Que tenemos fallas. ¡Sí! Hay que buscar las fallas, de manera autocrítica, y seguir fortaleciendo el apoyo del Gobierno al deporte nacional, la masificación del deporte en los barrios, en las comunidades, en las escuelas primarias, en los liceos, en las universidades”.

Esa inversión no solamente permitió que deportistas como Limardo, Yulimar Rojas (medalla de plata en salto triple en Río 2016) y los ganadores de medallas de bronce Stefany Hernández, Yoel Finol, Dalia Contreras, Adriana Carmona e Israel Rubio obtuvieran preseas en Juegos Olímpicos de verano a lo largo de la Revolución Bolivariana, sino que además la participación venezolana en dichos juegos aumentó en número de deportes en los que se participó y así mismo en el número de deportistas.

Del mismo modo, la masificación de la actividad deportiva en el país tiene mucho que ver con la pasión de Chávez por el deporte y su convicción en torno a que la práctica de éste contribuye a formar una juventud sana, en conjunto con otro grande de nuestro continente y también apasionado por el deporte, el comandante Fidel Castro.

Como parte del convenio Cuba-Venezuela, llegaron a la Patria de Bolívar miles de entrenadores cubanos que llevaron el deporte a los rincones más remotos de la geografía venezolana y se desarrollaron iniciativas como la Universidad Deportiva del Sur, creada en 2006 y ubicada en el estado Cojedes, y que cuenta con más de 150 estudiantes de 13 países y cerca de mil estudiantes venezolanos provenientes de los diferentes estados del país.

Esto además de una inversión en infraestructuras que incluyó la construcción de siete estadios nuevos para la realización de la Copa América 2007, inversión sin precedentes en Venezuela y solo comparables con la realizada para organizar los campeonatos mundiales que se realizaron en nuestro continente.

El pueblo venezolano empezó a vivir como propias las hazañas de sus deportistas y dejó de “hinchar” por las representaciones de otros países para empezar a alentar a la vinotinto en diversas disciplinas y categorías. Particularmente el fútbol dejó de ser un deporte que se practicaba exclusivamente en algunos colegios privados de las élites para ser -como en el resto del continente- un deporte que se practica en cualquier canchita de barrio, de las que además brotaron como hongos a lo largo y ancho de todo el país.

No sólo de fútbol vive el hombre (y la mujer)

Chávez colocó a la juventud como centro de su proyecto de transformación estructural deVenezuela, transformando modelos políticos, económicos, sociales y culturales y -fundamentalmente- convirtiendo a los jóvenes en sujeto principal del cambio.

Hasta 2015, la Gran Misión Vivienda Venezuela (GMVV) había entregado más de 275.000 viviendas a parejas jóvenes entre 21 y 30 años de edad, y a través del Programa Misión Vivienda Juventud, el 30% de todas las casas y apartamentos construidos por la GMVV son destinados a los jóvenes.

La matrícula universitaria pasó de cerca de 700.000 estudiantes a más de dos millones 800 mil y a través de distintas misiones se ha logrado que la inmensa mayoría de los jóvenes pueda concluir sus estudios de nivel secundario e iniciar estudios terciarios y técnicos, elevando los niveles de conocimiento de toda la sociedad.

Al mismo tiempo, se crearon las Brigadas Robert Serra (en homenaje al joven diputado asesinado por la derecha fascista) para atender a los jóvenes en situación de vulnerabilidad, que a través de 20.000 brigadistas voluntarios atiene a más 750.000 jóvenes, priorizando la atención en las áreas, productivas, promoción cultural, deportiva y recreativa.

Pero además, tanto Chávez como Maduro han confiado enormemente en la capacidad de las y los jóvenes para que éstos construyan el futuro de la Patria. La juventud ha sido llamada a la primera línea en todos los espacios, incluyendo los espacios políticos e institucionales: entre los parlamentarios nacionales, estadales y locales; en las alcaldías y gobernaciones; entre los ministros y viceministros y en las más diversas responsabilidades de representación del Estado venezolano, descolla la juventud venezolana por su fuerza, empuje y altura de la responsabilidad.

El alto precio de conquistar los sueños

Pero para llegar hasta aquí, la juventud venezolana ha debido sobreponerse al dolor de los cientos y miles de jóvenes asesinados por la Cuarta República, cuando el aparato represivo del Estado se ensañó contra los militantes sociales y políticos juveniles.

Durante El Caracazo, en febrero de 1989, la inmensa mayoría de las víctimas que dejó la salvaje represión contra el pueblo pobre eran también jóvenes. Aún hoy muchas de sus familias esperan justicia ante estos bárbaros crímenes de lesa humanidad.

Pero también jóvenes eran el ya mencionado diputado Robert Serra, o el concejal Eliézer Otaiza, asesinados por el fascismo.

Jóvenes eran también la mayoría de las víctimas de las “guarimbas” de 2006 y de “la descarga de la arrechera” convocada por Capriles en 2013 y jóvenes eran también la mayoría de los muertos por “la salida” convocada por Leopoldo López.

Jóvenes son también hoy la mayoría de las víctimas fatales de la locura que se ha enseñoreado de la cúpula de la oposición fascista venezolana.

Ante esto, jóvenes son también la mayoría de los más de 55.000 candidatas y candidatos que se postulan para integrar la Asamblea Nacional Constituyente convocada por el presidente Nicolás Maduro, para que el futuro de la Patria pueda ser mejor que la negra promesa de sangre que ofrece el fascismo venezolano.

El comandante Chávez, al entregar el estandarte patrio a la delegación participó de los Juegos Olímpicos de Beijing 2008, afirmó que el perdido orgullo patrio había “comenzado a brotar de mil manantiales y debe seguir brotando. Sólo la moral patria, el espíritu patrio, la vergüenza patria es la fuerza que nos va a permitir sobreponernos a cuantas dificultades consigamos en el camino”.

El presidente Nicolás Maduro, dijo este 7 de junio en un acto realizado también con jóvenes: “Un país se construye hacia el futuro si uno siembra valores de solidaridad, de amor; si uno educa y enseña valores a la juventud que a final de cuentas son los dueños del presente y garantía de que Venezuela tenga futuro”.

 

Llegó la hora de la verdad

El poeta español Antonio Machado, en sus Proverbios y cantares, escribió una hermosa pieza conocida como “Españolito”. Este poema, convertido en canción y ampliamente difundido por Joan Manuel Serrat, dice: “Ya hay un español que quiere / vivir y a vivir empieza, / entre una España que muere / y otra España que bosteza. / Españolito que vienes / al mundo te guarde Dios. / Una de las dos Españas / ha de helarte el corazón.”

La juventud venezolana, que es la mayoría de la población venezolana, ha sido protagonista de las luchas por construir la nueva sociedad socialista sobre las bases del podrido capitalismo rentista petrolero.

El marxista italiano Antonio Gramsci (víctima él mismo del fascismo) definía la crisis como el proceso histórico donde “lo nuevo no acaba de nacer, y lo viejo no termina de morir”, añadiendo además que “es aquí donde nacen los peores monstruos”.

Es responsabilidad de la generación de oro venezolana, de la juventud bolivariana, de las muchachas y muchachos de Chávez, que este monstruo sea expulsado de la historia y que la Patria soñada por las heroínas y héroes que los precedieron sea una realidad.

No cabe duda alguna que, a pesar de las más duras dificultades, estarán a la altura que se necesite.