Salarios y precios en la coyuntura, desafíos en el horizonte

En el mes de abril, los precios al consumo se incrementaron 0,22% en promedio. En lo que va del año el aumento de precios alcanzó el 4,04% mientras que en términos interanuales (últimos 12 meses) la inflación se ubicó en 6,46%.

La inflación acumulada de los últimos 12 meses es el indicador que usualmente se utiliza para medir con mayor exactitud el ritmo de incremento de los precios, dado que “evita” el efecto que puede generarse por factores estacionales (por ejemplo, hay meses del año en que es “normal” que los precios aumenten más que en otros). Este indicador muestra que la inflación se ubica en el nivel más bajo desde setiembre de 2010 y en un guarismo inesperado hace apenas algunos meses, teniendo en cuenta que en mayo del año pasado la inflación interanual se había ubicado en 11% es decir casi el doble que ahora.

La inflación es un fenómeno que afecta a todos los actores de la economía, por eso en general se plantea como un consenso la necesidad de combatir este flagelo mediante medidas de política económica y mediante la acción concertada de los actores en pos de este objetivo.

No obstante, la utilización de una u otra medida para reducir el ritmo inflacionario afecta de distinta forma a los actores económicos, con lo cual queda claro que el tema es claramente de economía política y no simplemente solucionable con un análisis técnico.

Por otro lado, a los trabajadores y a los empresarios no les interesa en realidad “la inflación” sino este fenómeno como expresión de otros. En el caso de los trabajadores, de obtener un salario real más alto (y para eso los aumentos salariales deben ser superiores a la inflación, no alcanza con que la inflación sea baja). En el caso de los empresarios, de poder valorizar el capital, es decir generar inversiones que permitan obtener una ganancia adecuada y para que eso suceda es conveniente la existencia de niveles de inflación bajos o al menos con un cierto grado de certidumbre para poder realizar las distintas proyecciones de inversión.

Integrando entonces el análisis de la evolución de los salarios, vemos que el ritmo de mejora del salario real ha ido mejorando en los últimos meses, correlacionado con la disminución de la inflación, alcanzando en marzo de 2017 (último dato) el 1,80% de incremento interanual del salario promedio en términos reales. De todas formas, se aprecia que el crecimiento del salario real converge aproximadamente al ritmo de crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) por asalariado de la economía, lo cual es lo mismo que decir que el peso de la masa salarial en el PIB se mantiene aproximadamente incambiado. Esto puede apreciarse como un fenómeno que ya se ha transformado en estructural después de la fuerte recuperación salarial del período 2005-2011: se ha llegado a una meseta donde no se modifica la “distribución funcional” de los ingresos entre trabajo y capital, donde puede haber niveles de inflación algo más bajos o algo más altos, pero el salario real crece a un ritmo moderado y el peso de la masa salarial en el PIB se mantiene relativamente estable. Esta estabilidad puede verse como positiva en un marco regional de avance del capital sobre las condiciones de vida de los trabajadores (lo que viene sucediendo en el último año y medio en Argentina y Brasil son los ejemplos más claros) pero no es menos cierto que la mayoría de los uruguayos viven peor que lo que podrían vivir de acuerdo a lo que producen y que es necesario plantearse la necesidad de dar un salto estructural que permita el desarrollo con justicia social, entendido como: dar continuidad al crecimiento económico y simultáneamente mejorar el peso de los trabajadores en la distribución del ingreso generado en el país.

Modificar esta situación estructural no es sencillo, no alcanza solamente con voluntad política de un gobierno o buenas propuestas técnicas, se requieren políticas de transformación estructural sobre la matriz productiva, que permitan generar un proceso de desarrollo basado en sectores de actividad con mejores salarios, que aseguren una sostenibilidad del proceso, etc. Esto es complejo por el lugar que tiene nuestro país en la división internacional del trabajo, que es la de proveedor de materias primas para los centros capitalistas tradicionales y los países emergentes, por eso este proceso necesariamente implica un cuestionamiento a este esquema internacional privilegiando la integración regional en clave de soberanía.