Culminó el VI Congreso del FA, se aprobaron, con amplio consenso más de 200 mociones

Culminó el VI Congreso del Frente Amplio, Rodney Arismendi. En un clima de unidad y de amplios consensos en la mayoría de los temas resueltos, se superaron los aspectos que quedaron pendientes en diciembre. Tras una extensa jornada de debate y reflexión, los más de 800 delegados de base discutieron sobre: Uruguay en un mundo globalizado; desarrollo sostenible; estado, mercado y sociedad, y la institucionalidad democrática, poder y gobierno. Se discutieron y analizaron casi 200 mociones presentadas en la primera parte del congreso.

EL POPULAR dialogó nuevamente con Daniel Marsiglia, con quién habíamos conversado en la previa (ver EL POPULAR N° 383), secretario de Unidad Política del PCU, para analizar las principales conclusiones de lo acontecido el sábado.

“Fue la culminación de un Congreso que nos da una perspectiva de lucha, unidad y de construcción de consensos. Las resoluciones pasan a formar parte de los principios y valores compartidos por toda la fuerza política, nos deja una enorme alegría. Quiero resaltar y remarcar que, en la primera parte, el Congreso resolvió que en la continuidad de dicha instancia lo que se iba a seguir discutiendo son las mociones que ya estaban presentadas. No nos pareció feliz el intento de colocar por fuera de esto, otra moción que se sabía que no se podía hacer”, puntualizó Marsiglia.

“Quisiera resaltar algunos puntos importantes que hoy pasan a ser parte de ese patrimonio de unidad y principios del Frente Amplio, porque en este debate también estuvo sobre la mesa el carácter de la fuerza política”, acotó Marsiglia.

El mundo, el imperialismo y el FA

Uno de los puntos habla sobre el imperialismo que asume nuevas formas, titulado: Uruguay en el mundo globalizado. “Los efectos devastadores que ha tenido y tiene sobre la vida de millones de seres humanos, la lógica de acumulación en la etapa actual de predominio del capital, de la desregulación del mercado, demostrando la necesidad ineludible de generar las condiciones para la superación de esta forma de producción y consumo. Siendo una responsabilidad para la izquierda llevar adelante dicha superación”. Para Marsiglia “esto es una definición brutal, estamos definiendo claramente que esta forma de producción, distribución y consumo están agotadas”, puntualizó.

Otra definición importante habla sobre la crisis del capitalismo actual, siendo una de las “más profundas de la historia, originada en y por los países más ricos, profundiza de manera acelerada sus propias contradicciones. Modo productivo y de consumo, que afecta de modo irreversible el ambiente y el abitab, insistiendo con matrices energéticas autodestructivas, que no aseguran la alimentación, ni los derechos básicos de la humanidad. Genera la exclusión de millones de personas del mundo del trabajo, entre otros derechos humanos fundamentales. Estos males se producen por ser la concentración del capital a través de grandes empresas transnacionales, la razón última del sistema, que a través de un deliberado plan para su perpetuación y profundización sostiene la tasa de ganancia de quienes lo manejan. Este proceso apoyado por la globalización, usando la revolución tecnológica, así como las injustas reglas de comercio asimétricas entre países y la ausencia de regulación de los flujos financieros, agudiza el poder de las empresas transnacionales en la  concentración del conocimiento a través de la propiedad intelectual y el régimen de patentes. El neoliberalismo como estrategia global del capital para sostener y ampliar sus tasas de ganancias, reduce y afecta negativamente las condiciones de vida, de trabajo y desarrollo de los trabajadores y los pueblos. Eso incluye la guerra imperialista como un arma de dominación, destrucción y saqueo de los pueblos del tercer mundo, especialmente de África y Oriente Medio. Solamente en la última década, el imperialismo norteamericano intervino militarmente en una gran cantidad de países, en todos los casos dejando un saldo de destrucción material. Millones de desplazados, muertes de civiles, imposición de gobiernos a la fuerza y sobre todo saqueo de los recursos naturales. Los casos más paradigmáticos, son países que fueron y son arruinados por la intervención imperialista, encabezados por EEUU. En América Latina los Estados Unidos buscan romper con el proceso de unidad de los pueblos y gobiernos. Hoy, aparte del objetivo histórico de derrotar a la revolución cubana, se trata de aislar y satanizar a Venezuela. El imperialismo no ha dudado en utilizar todos los mecanismos a su disposición. Frente al fracaso del ALCA, ha buscado realizar acuerdo bilaterales TLC y sucedáneos o la ofensiva diplomática, con el fin de beneficiar las oligarquías que hacen los deberes del imperio, la agresión indirecta o directa como puede ser  el intento de utilizar el Comando Sur, con el objetivo de generar ejercito profesionales pequeños pero fieles, o directamente el apoyo a los golpes de Estado en todas sus formas: Honduras, Paraguay y Brasil. A esto le podemos agregar la presencia de la cuarta flota, las bases militares en Colombia y aquellas que planean instalarse en Argentina a mediano plazo, consolidando la presencia del imperialismo en la región y destruyendo las aspiraciones de las izquierdas de América Latina como continente de Paz. Todo induce hacia un nuevo orden económico mundial y la izquierda en el mundo debe jugar un papel principal en el desafío al mismo”. Marsiglia destacó “que estas definiciones colocan al FA en una posición muy clara sobre la situación mundial y de nuestro continente”.

El dirigente del PCU acotó que también se incluyeron fragmentos del congreso “Héctor Rodríguez” y entre ellos resaltó el que señala: “los cambios significativos operados en el mundo en los últimos años, nos ubican en un escenario sustancialmente diferente a las décadas anteriores. Vivimos en un mundo cada vez con más brechas entre los países ricos y los países pobres, donde se han profundizado las situaciones de injusticia y pobreza. La globalización se manifiesta con un nivel superior de intercambio financiero, comercial, productivo, tecnológico y con nuevas formas de relacionamiento humano y comunicación. Este proceso se ha caracterizado por las políticas de apertura y liberalización en los países dependientes, que han hecho posible una mayor inserción del capitalismo central. A nivel económico el mundo se ha convertido en la principal unidad operativa para el capital financiero y las empresas transnacionales”.

“El centro es el ser humano”

Marsiglia apuntó que otro capítulo se refiere al Desarrollo Sostenible y destacó que “acá también hay un conjunto de acuerdos muy importantes”. “El concepto de desarrollo es un concepto dinámico y debe ser referido a un tiempo histórico especifico. Si bien el desarrollo como forma de identificar las características de determinadas sociedades es un concepto del siglo XX, no es una barrera que simplemente se supere. Adherimos al concepto de desarrollo humano, para identificar si el proceso de producción de bienes y servicios se reparten y son accesibles equitativamente entre su población sin discriminación. El centro de la acción política debe ser el ser humano y la vida, reconociendo que, si no se acompaña de un fuerte proceso de redistribución, no habrá asociación entre crecimiento económico y la mejora en la calidad de vida. Esto exige asegurar la sostenibilidad ambiental y social, reconociendo los límites naturales del desarrollo económico y la redistribución. Como fuerza política de izquierda, el desarrollo sustentable es central dado que implica la realización de ideales de Igualdad, Solidaridad y Justicia. Avanzar hacia un desarrollo sustentable, es mejorar las condiciones de vida de las generaciones actuales y las oportunidades de las personas en el futuro. (…) También existen países hoy considerados desarrollados, que llegaron a ser tales a partir de transformaciones productivas vinculadas a la industrialización y el cambio tecnológico. Si bien hay rasgos distintivos del desarrollo no se trata de modelos repicables, ni deseables, porque han sido acompañados, en muchos casos, del aprovechamiento de desigualdades asociadas a la dominación colonial e imperialista, la invasión, el robo y la destrucción de los países más poderosos sobre los más débiles, fomentando la formación de gobiernos títeres, que condena a la pobreza extrema a enormes contingentes humanos en diversas regiones del planeta. Se apoyan en el hiperconsumo y la dilapidación de los recursos naturales, lo cual cuestiona la sostenibilidad ambiental de los mismos”, citó.

También se habla de la estrategia del desarrollo nacional que “Uruguay aumente sus niveles de independencia y soberanía política, económica, productiva y cultural, con respecto a las grandes empresas, los grupos transnacionales y los países centrales. Una estrategia que nos proteja de los vaivenes de los mercados internacionales. Así mismo una estrategia de desarrollo nacional incluirá una política de género, razas y etnias. Esta visión integral el desarrollo resulta de la interacción conjunta de todas las políticas: la económica, la productiva, la innovación, la educativa, la social y la cultural. Ninguna de ellas por sí misma es capaz de lograr una mejora sustancial de la calidad de vida de la sociedad, es imprescindible la articulación de todas las políticas en una estrategia única, cuyo objetivo final es lograr un país donde todos podamos vivir y desarrollarnos. Una estrategia de desarrollo implica un rol activo del Estado”.

“Solo el crecimiento económico nos conduce a más democracia, mejor igualdad, mejores servicios, mejor cultura y bienestar. La idea global de país productivo con Igualdad y Justicia Social se centra en ampliar la riqueza. Sin crecimiento económico no hay cambio y al mismo tiempo democratizar, en el sentido de su distribución, construyendo igualdad desde la base, evitando la recreación permanente de desigualdad, que luego es muy costoso revertir. A su vez como el desarrollo es un concepto dinámico, no alcanza con distribuir más justamente los recursos que nuestra sociedad produce en un momento determinado, sino que lo esencial es encontrar la forma de construir una sociedad que pueda reproducir las bases de la prosperidad en forma permanente y sostenible”.

Más adelante agrega, “el proceso de desarrollo al que puede aspirar la sociedad uruguaya difícilmente puede avanzar desconectado de su entorno regional cercano, de un mundo cada día más interconectado y globalizado. El desarrollo de Uruguay como país pequeño, se basa en una integración regional y mundial y simultáneamente la defensa y cultivo de una cultura propia, tanto en un sistema de ciencia, tecnología e innovación, orientado por los requerimientos de una producción sustentable. Somos conscientes que el crecimiento económico actual basado en el modelo capitalista dominante, se ha realizado en cierta medida destruyendo el patrimonio ambiental de las generaciones presentes y futuras (…) El desarrollo productivo poniendo la economía al servicio del desarrollo humano y logrando un mayor aprovechamiento de los recursos. Nuestro concepto de desarrollo económico y social promueve la sostenibilidad”. Marsiglia señaló que en este punto “se le dio mucho hincapié al tema de los recursos naturales”.

“El Estado dede cumplir un rol fundamental”

El otro capítulo se refiere a Estado, Mercado y Sociedad. Allí Marsiglia destacó conceptos aprobados que “reafirman el rol del Estado como actor político y económico central. “En Democracia el Estado es el encargado de ejecutar las políticas públicas. Es compromiso del Frente Amplio, que su formulación e implementación, refleje las preferencias de la ciudadanía, la legitimidad de su autoridad deviene de una elección democrática. En nuestra concepción, el Estado debe cumplir un rol político fundamental en la construcción del país y su desarrollo de manera sostenible. El Estado constituye un instrumento de formación permanente y por eso demanda su sistemática adecuación temporal y social. Procuramos un Estado conductor, regulador y proactivo, en otros términos, funcional a un programa de Desarrollo de justa distribución de la riqueza, modernización y cuidado del ambiente e inclusión social. Un Estado que debe cumplir un rol protagónico, director mediante su intervención productiva en el desarrollo social. (…) El capitalismo crea y acentúa las desigualdades a través de la apropiación y explotación privada del conocimiento. Frente a esto el Estado debe impulsar la democratización del conocimiento y la cultura asegurando la equidad y el acceso”.

“Cada vez más la economía depende de la tecnología, donde se ha generado una dominación de los más poderosos a través de las licencias de la propiedad intelectual. Uno de los modos de explotación y una nueva forma de apropiación de la plusvalía: la apropiación del conocimiento acumulado durante siglos, que sumadas a la mano de obra clásica, nos coloca en un mundo donde la inequidad ha llegado a su máxima expresión. El acceso universal a la tecnología, debe estar integrada a la sociedad del futuro. (…) El Estado contribuirá a resolver las desigualdades existentes y tendrá un papel fundamental en las áreas estratégicas de la Economía. (…) Las empresas estatales deberán ser fortalecidas buscando mayor eficacia, eficiencia y competitividad, que las consolide como pilares del desarrollo y la soberanía del país. Integradas al plan de desarrollo económico, estableciendo mecanismos de fomento de la investigación e innovación”.

Marsiglia destacó que el documento aprobado reafirma el compromiso contra la impunidad “y la construcción de Verdad y Justicia como un requisito democrático” : “democracia y desarrollo van unidas como la libertad, la igualdad, el antiimperialismo y el latinoamericanismo. Sin duda la experiencia de la lucha contra la dictadura permite al Frente Amplio insistir en la profundización de la democracia y la insoslayable participación ciudadana. Es imprescindible en este sentido comprender, que, sin Verdad, Memoria, Justicia y reparación, no es posible construir un futuro en democracia”.

“La convicción es clara, la Democracia se defiende si se amplía y profundiza en todos los aspectos de la vida ciudadana. Un proceso de tal complejidad que transforma las relaciones de poder, no admite impaciencias, ni atajos, sino un trabajo paciente de educación ciudadana y acción política transformadora, una ética de izquierda”.

Finalmente, Marsiglia destacó espacialmente la reafirmación del Frente Amplio “como parte de la unidad del pueblo, del bloque histórico, político y social de los cambios”. En este marco resaltó entre los puntos aprobados el que sigue: “los espacios de encuentros del Frente Amplio a todos los niveles, son fundamentales para el desarrollo de la acción política del FA. Una fuerza política de esta dimensión, con las responsabilidades políticas que ha adquirido, unidas a las tareas de gobierno, necesita ampliar su base social. Para eso precisa prestar a atención a los efectos de no accionar medidas desde el gobierno que debiliten el bloque social y político”.

Victoria Alfaro