Editorial del Semanario El Popular N°406: “Culpables”

El PCU realizó un gran acto central para la conmemoración de su 97 aniversario. Esa fue la sensación con la que se fueron todas y todos los que estuvieron en la Plaza Mártires de Chicago, que no eran pocos. Y esa sensación se reafirma con el silencio casi unánime de los medios de comunicación. Se ratifica la máxima: cuanto mejor salen las iniciativas del movimiento popular menos espacio tienen en los medios hegemónicos.

Constada, una vez más, esta infalible relación inversamente proporcional, hablemos del acto.

Hay que empezar diciendo que no fue un hecho aislado, se enmarca en la participación protagónica de las y los comunistas en las luchas populares, políticas y sociales, y también en las iniciativas propias: la marcha por el aniversario, las pintadas, los actos y decenas de asambleas y reuniones que se hicieron y se siguen haciendo en todo el país.

El del sábado fue un gran acto por su forma y por su contenido. El PCU conmemoró su aniversario en una plaza, hablando claro y fuerte, con una nutrida concurrencia, una de las mejores de los últimos años, con mucha combatividad, emoción y alegría. Fue un acto con una importante expresión del compromiso de la cultura con la lucha, puntos altos de esto fueron el homenaje a un grande, Washington “Bocha” Benavides, con una representación teatral y el cierre de lujo con la presencia solidaria de dos referentes del canto uruguayo como Eduardo Larbanois y Mario Carrero.

Hubo mucha emoción y también se expresó la continuidad histórica de la lucha. Muestra de ello fue el homenaje a 46 militantes comunistas, muchos de ellos ex presos y ex presas políticas, otros internacionalistas, todos ejemplo de lucha, con décadas de entrega a las causas populares, y, a la vez, la presencia combativa y lúcida de la UJC, que pintó un muro de homenaje al Che en los alrededores del Palacio Legislativo, entró con una columna que conmovió al acto y se sintetizó en la intervención de Lucía Ubal, su secretaria de Organización, una de las más aplaudidas.

Fue internacionalista, de clara definición antimperialista, estuvieron presentes el compromiso en la lucha por la paz y la solidaridad con Cuba, Venezuela y todos los pueblos del mundo.

Fue un acto unitario y frenteamplista, por las presencias, los saludos y por el discurso del presidente de nuestro Frente Amplio, Javier Miranda.

Pero además fue un acto de definiciones y de propuestas. El PCU, en la palabra de su secretario general, Juan Castillo, marcó posición y planteó propuestas de cara a nuestro pueblo.

Reafirmó la posición sobre la característica fundamental del tiempo en el que militamos y afirmó que enfrentamos “el impacto de la crisis del capitalismo, el intento de un gigantesco ajuste global para que el costo lo paguen los pueblos y la contraofensiva del imperialismo y las clases dominantes de cada país, para hacer retroceder los procesos transformadores y alinear al mundo entero en función de las necesidades del gran capital”.

Que en Uruguay eso se expresa en la disputa entre dos proyectos de país: “el de la mayoría de nuestro pueblo expresada hoy en el Frente Amplio, y el de la derecha, el conglomerado de partidos vestido de plural, demócrata y rosado, pero que en esencia es de la oligarquía y con un proyecto restaurador”.

Y marcó el papel de las y los comunistas para resolver a favor del pueblo esta contradicción: “Como siempre, organizando y encabezando la lucha. Por defender lo conquistado y avanzar. Defendiendo la unidad de los trabajadores y la de los trabajadores con las capas medias, en particular con su sector más dinámico, los estudiantes, pero también con los sectores profesionales, del arte y la cultura, y de la producción urbana y rural. Incorporando, con especial atención y dedicación, a aquellos a los que el sistema condena a la exclusión lisa y llana, a los que están más jodidos, más contra el piso, más sin salida. Defendiendo la unidad política del pueblo en el Frente Amplio.  Consolidando la unidad del bloque histórico, político y social de los cambios para disputarle la hegemonía al bloque del poder, a las clases dominantes. Conquistando espacios de poder para trasladarlos al pueblo”.

Se hizo cargo de todas las luchas populares y de la acción del gobierno, de los avances, los problemas, los retrocesos y las contradicciones planteadas. Expresó la defensa de la Reforma de la Salud y particularmente de ASSE, la lucha contra la impunidad y por Verdad y Justicia, la defensa de las empresas públicas, de la Educación Pública, la de los derechos de todas y de todos, desde el peón azotado por la conducta bestial y feudal del oligarca dueño de la estancia donde trabajaba, pasando por los de las trabajadoras y trabajadores, hasta la de todos los sectores de nuestra sociedad, destacando la asunción de Michelle Suárez, por el Frente Amplio y la 1001, la primera senadora trans de América Latina.

También el compromiso para luchar por la aprobación de un conjunto de leyes que marcan un camino de avance popular, que además fueron construidas desde abajo, con las organizaciones populares. La ley de empleo para las personas con discapacidad en el ámbito privado, la ley que ampare a los cincuentones, la ley de creación del Fondo de Insolvencia Patronal; la ley de Regulación de Alquileres; la ley que reglamente el Convenio 158 de la OIT, que prohíbe el despido sin causa justificada; la ley de Reforma de la Caja Militar.

Pero el corazón del planteo del PCU estuvo en reivindicar la unidad y la lucha como camino para conseguir estos objetivos. Se dijo a los cuatro vientos que no hay lugar para la claudicación ni para la rendición. A la ofensiva del imperialismo y de la derecha se le responde con más unidad y con más lucha. Nuestro pueblo no se merece un retroceso.

El PCU no escurrió el bulto y se declaró culpable. “Somos culpables de organizar obreros y trabajadores para potenciarse y defenderse ante la explotación. Somos culpables de organizar estudiantes y domésticas; homosexuales y heterosexuales; blancos y negros; gordas y flacos; veteranos y jóvenes. Organizamos todo y a todos, con la única condición de la pública felicidad, de luchar por construir un mundo más justo y un sistema más justo, por soñar con la construcción del socialismo”, dijo Juan Castillo.

En momentos de agudización de la lucha de clases, donde todo se tensa y cada día hay que bregar por desplegar el más amplio protagonismo popular y levantar perspectiva, mirada larga, es bueno terminar este editorial con la Resolución General del XXXI Congreso del PCU que define el centro de nuestra acción política en este período: “El objetivo político que nos planteamos es: derrotar en Uruguay la ofensiva del imperialismo y de la derecha, y despejar los caminos, con lucha, para avanzar en democracia, hacia una democracia avanzada, con rumbo al Socialismo. Salimos de este Congreso más fuertes y con el compromiso de abrir caminos de diálogo y encuentro con todo nuestro pueblo. Se necesita incorporar a miles a la lucha en todas las herramientas populares. A eso estaremos abocados las y los comunistas, a construir la fuerza social que haga avanzar la revolución”.

Para ese enorme desafío que la época nos plantea, y que las y los comunistas asumimos, no alcanza con lo que hemos construido. Se necesita más, en todos los planos, también en el de la construcción de un PCU y una UJC más grandes y con más influencia en la sociedad, desarrollar a un nuevo nivel como decía Arismendi “la teoría, la táctica y la organización”, ser cada día más una fuerza real, capaz de incidir en la realidad y transformarla en un sentido revolucionario.

De intentar con todas nuestras fuerzas logar esto, de plantearnos como tarea práctica y militante estar a la altura de las necesidades de nuestro pueblo, de estar orgullosos de ser revolucionarios y luchar todos los días por una perspectiva de emancipación para nuestro pueblo. De eso, las y los comunistas también somos culpables.