Editorial del Semanario El Popular N° 405: “Por la paz y el antimperialismo”

Al cierre de nuestra edición se realizó una concentración ante la embajada de EEUU convocada por el PIT-CNT, la FEUU, y un conjunto de organizaciones sociales, bajo la consigna: “Por la paz y el antimperialismo”.

Esta concentración es parte de las acciones de lucha que preparan la “Jornada Continental, por la democracia y contra el neoliberalismo” que se desarrollará entre el 16 y el 18 de noviembre en nuestro país. En este encuentro participarán miles de representantes de cientos de organizaciones y movimientos sociales de América Latina.

La manifestación tiene razones de coyuntura, pero también, razones estratégicas. Entre las de coyuntura están las amenazas explícitas del presidente de EEUU, Donald Trump, contra la paz mundial con sus iniciativas belicistas contra Corea, Siria, y muy especialmente, en nuestro continente, contra Venezuela, donde no descartó una intervención militar, y contra Cuba, donde fortaleció el bloqueo comercial y aumentó los fondos multimillonarios para la subversión y la desestabilización.

Entre las estratégicas están que vivimos en el medio del agravamiento de la actual crisis orgánica del capitalismo y de la ofensiva inmensa para que los costos de esta crisis los paguen los pueblos, y del intento de colocar todos los recursos de la humanidad y del planeta al servicio del capital. Esa ofensiva tiene una expresión concreta en América Latina, donde el imperialismo yanqui y las oligarquías nacionales han desatado operaciones de hostigamiento y desestabilización contra todos los procesos de construcción de soberanía, independencia y unidad continental. La confluencia de estos factores, y la resistencia popular a los mismos, provocan una agudización de la lucha de clases a nivel mundial, continental y nacional.

Es por ello que la lucha por la paz y el antimperialismo son dos elementos centrales de cualquier estrategia contra hegemónica y de emancipación social.

La lucha por la paz es antimperialista. Lo es, no solo por razones militares, sino por sus componentes estructurales. Lenin, hace 101 años, definía las características centrales del imperialismo, al que caracterizaba como la “fase superior de desarrollo del capitalismo”; es decir como la forma real de existencia del capitalismo en su fase actual. Lenin definía cinco rasgos principales del imperialismo: 1) Concentración de la producción y el capital, lo que da lugar a la formación de monopolios; 2) Formación del capital financiero como resultado de la fusión del capital bancario con el industrial; 3) Predominio de la exportación de capital sobre la exportación de mercancías; 4) Reparto económico de los mercados del mundo entre las asociaciones monopolistas; 5) Nuevo reparto territorial del mundo entre las grandes potencias, lo que conduce inevitablemente a guerras por el reparto de las zonas de influencia.

Ese sistema económico, social, político, ideológico y sus mecanismos de dominación han llevado a que a que hoy en el mundo 8 personas tengan la riqueza de más de 3.600 millones, el 50% de la población actual; que 69 de las 100 mayores entidades del mundo sean transnacionales; que 10 corporaciones del mundo tengan mayor facturación que 180 países sumados; que 700 millones de personas vivan en extrema pobreza; que 5 millones de niños hayan muerto el año pasado antes de cumplir cinco años.

Por eso está bien la manifestación. Porque es hora de expresar, con claridad, que la defensa de la paz en el mundo y en América Latina es un imperativo ético; también la autodeterminación de los pueblos y la soberanía de nuestros países, único camino para lograr una democracia real. Y ocurre que el peligro principal para todo eso es EEUU, es el imperialismo yanqui, por su práctica pasada y presente.

EEUU ha sido el principal agresor de los pueblos de América Latina. Todos hemos sufrido su agresión ideológica, mediática, sus operaciones encubiertas de la CIA y el FBI, sus presiones y chantajes para los acuerdos comerciales. Alcanza con recordar las presiones para que se firmara el NAFTA, acuerdo de comercio entre EEUU, México y Canadá; el CAFTA, su versión en Centroamérica; o el ALCA, que fue derrotado en Mar del Plata en 2010, por la lucha de los pueblos y por la posición firme de los gobiernos de izquierda.

EEUU tiene soldados en todo el mundo y también en América Latina. Según informes oficiales del Pentágono, Estados Unidos tenía 865 bases en 46 países, en las cuales desplegaba unos 200 mil soldados, esto en el año 2010.  En América Latina, Estados Unidos tendría 36 bases oficialmente reconocidas.

También es real la confirmación de que EEUU pagó, en democracia, a agentes de inteligencia uruguaya para espiar a la izquierda, al movimiento popular y al gobierno.

Es contra eso que se realizó la movilización, porque luchar por la paz y la libertad, es, en primer lugar, ser antimperialista.

 

SEGUNDA EDITORIAL

La asunción de Michelle Suárez

Este martes se produjo un hecho histórico para la política uruguaya, la compañera Michelle Suárez asumió como Senadora, y se transformó en la primera mujer trans en integrar el Parlamento, de nuestro país y de América Latina.

Es un hecho trascendente, un avance democrático y expresa, con hechos, que siempre valen más que las palabras, la profundidad de las transformaciones democráticas logradas por el gobierno del Frente Amplio, la mayoría parlamentaria de izquierda y la lucha popular.

La presencia de Michelle Suárez en el Parlamento es un aporte a la acción política por la gran capacidad que ha demostrado y es un paso más en el reconocimiento de los derechos de sectores históricamente segregados, postergados y estigmatizados. Como parte de este proceso se dieron las leyes que afirmaron el derecho al reconocimiento de la Identidad de Género, de las parejas y familias LGBTI, acciones afirmativas para la población afrodescendiente, la regulación del mercado de la marihuana, el derecho de las mujeres a decidir sobre su cuerpo, acciones para afirmar su participación política y la búsqueda de medidas contra esa barbarie social que es la violencia de género, en todas sus manifestaciones.

Para quienes concebimos la democracia como un proceso permanente de construcción de libertad e igualdad y un espacio de transformación social, estos logros, son, sin duda, un avance en democracia.

Lo son, más aún, porque expresan, políticamente, la lucha de colectivos organizados que integran nuevas perspectivas y demandas al ancho cauce de la lucha popular.

No concebimos estos avances al margen de los logrados con la negociación colectiva, la Reforma de la Salud, los derechos laborales, la Ley de 8 horas para los trabajadores rurales, el reconocimiento de derechos para las trabajadoras domésticas, la ley de responsabilidad penal empresarial. Son parte de ese avance democrático general de nuestro pueblo, de la lucha por construir la más amplia unidad de pueblo, en el bloque histórico político y social, democrático y radical de los cambios, son parte de la construcción, con unidad y con lucha, de una nueva hegemonía, que se expresa, en la disputa entre dos proyectos de país.

Y no escurrimos el bulto. Para las y los comunistas la incorporación de estas demandas y de estos colectivos implica interpelarnos a también a nosotros, no solo a la sociedad. Implica cambios en nuestra manera de pararnos ante la sociedad y en nuestra manera de hacer política, cambios en nuestra elaboración política y en nuestra práctica, política y social.

Al igual que toda la sociedad, y las fuerzas políticas que la expresan, hemos tenido una visión y una práctica muchas veces contradictoria y otras veces directamente persecutoria con varios de estos colectivos. Tanto en nuestro país como en las distintas experiencias de construcción social emancipatoria de las que fue protagonista el movimiento comunista internacional.

Por lo tanto, la presencia de Michelle Suárez como senadora de la 1001 y el Frente Amplio también es una autocrítica. Los marxistas concebimos la crítica no como un ejercicio intelectual o declamatorio, parte de la crítica a una situación, es generar una síntesis superadora, que debe ser práctica.

Con la misma honestidad intelectual, debemos decir que no es un hecho aislado. Las y los comunistas sabemos de discriminación, persecución y estigmatización. Las hemos enfrentado históricamente. Y tenemos una práctica política y social histórica para superarlas. Los comunistas concebimos la lucha por construir una sociedad más libre y más justa, sin explotación, el socialismo y el comunismo, la revolución, como un proceso histórico, y la línea divisoria es entre explotados y explotadores, entre opresores y oprimidos. El PCU ha estado siempre del lado de los oprimidos y les ha dado voz y protagonismo político a los sectores de nuestro pueblo que no lo tenían. Impulsamos los primeros obreros al Parlamento, impulsamos y elegimos a la primera mujer senadora de América Latina, Julia Arévalo, tuvimos a la primera mujer secretaria general de un partido en nuestro país y a la primera mujer intendenta del Uruguay.

Esa es nuestra historia. Y en ella se inscribe la asunción de la compañera Michelle Suárez. Es un paso más en la construcción de una sociedad más libre y más igual.