Editorial del Semanario El Popular N° 395: "Por la paz y la autodeterminación del pueblo de Venezuela"

Este 30 de julio votaron 8.089.000 venezolanas y venezolanos. Ese es el principal hecho político ocurrido en Venezuela y no puede ni debe ser ocultado ni minimizado. 
 
A una semana del acto electoral debería ser un dato viejo, innecesario de repetir, pero es tal la campaña de desinformación, de ocultamiento, que es imprescindible hacerlo. Ha calado tan hondo la descalificación y demonización de la Revolución Bolivariana que muchas y muchos ni siquiera están dispuestos a considerar los hechos. Sí, los hechos. No es un problema de relatos o de formulaciones políticas. Se están negando los hechos, que es otra cosa muy diferente.
Es tan mezquino el discurso hegemónico, y los reflejos que genera, que se oculta lo central y se fabrica una realidad virtual que justifica cualquier cosa. 
 
¿Hubo violencia el domingo? Si la hubo, pero por mérito del compromiso democrático de millones de venezolanas y venezolanos no pudo impedir que la inmensa mayoría de ese pueblo hermano expresara su respaldo a la paz y a una salida política y democrática.
 
Cuando hablamos de mayoría no lo decimos solamente por los 8 millones que fueron y votaron, expresión de por sí contundente, también lo decimos por los millones que no fueron a votar pero que desoyeron las convocatorias violentas y golpistas de la derecha fascista. 
 
La oposición golpista llamó a un paro de 48 horas y a “tomar Caracas en el Día D”. ¿Con qué objetivo? Impedir que se votara y derrocar al presidente Nicolás Maduro. Una vez más inundaron las redes sociales, con campañas financiadas con mucho dinero, bot y net center y aparecieron en los medios venezolanos e internacionales prometiendo y anunciando que “Maduro se va”. Calificaron a los candidatos a la Constituyente de “negros, indios y monos ignorantes”. 
Y lo intentaron. EEUU, para ayudar al clima, anunció públicamente que retiraba a los familiares de su personal diplomático por el “grave riesgo”. Mike Pompeo, el director de la CIA, como ya informamos, dijo públicamente que esa noble organización estaba “dando lo mejor de sí” para tirar a Maduro y que había estado coordinando acciones con Colombia y México. Los grupos de choque, que hace 100 días encabezan la violencia en Venezuela, atacaron los locales donde se iban a instalar los circuitos, quemaron máquinas de votación y asesinaron a un candidato a la Constituyente.
 
¿Qué ocurrió? Fracasaron. Las marchas para tomar Caracas no tuvieron gente. La gente votó, y lo hizo masivamente.
 
Eso es lo que ocurrió el domingo 30 de julio en Venezuela. La mayoría del pueblo venezolano, votando o no, avaló un camino de paz, de construcción política, para salir de la crisis. Ese camino no es abstracto ni es huérfano. Es la Constituyente, un mecanismo previsto en la Constitución, y lo propusieron el gobierno, el chavismo y la izquierda venezolana. La derecha quedó prisionera de una estrategia para la que la pidió mucho dinero, que apoya EEUU y toda la derecha continental, pero no el pueblo venezolano. 
 
Esta votación del domingo tiene aún más valor porque se da después de más de dos años de crisis económica y boicot. De una ola de violencia y agresión, iniciada desde el mismo momento en que fue electo presidente Nicolás Maduro y que recrudeció en estos últimos 100 días, con más de 100 muertos y cientos de heridos. 
 
Algunos datos adicionales que muestran la importancia de lo que ocurrió el domingo y se está silenciando y ocultando. El domingo se registró una de las expresiones democráticas más importante de los últimos años en Venezuela. Votaron por la Asamblea Constituyente 400 mil personas más que las que respaldaron a la oposición en las elecciones legislativas de 2015; en aquel entonces, la Mesa de Unidad Democrática (MUD) tuvo 7. 726.066 sufragios. La cifra es también superior a la cosechada por Nicolás Maduro en los comicios presidenciales de 2013, los que ganó con 7.505.338 votos. La elección contó con observadores internacionales de 23 países, entre ellos nuestro compañero el diputado Gerardo Núñez y dirigentes del PIT-CNT, cuyo compromiso solidario con la paz, saludamos y respaldamos.
 
Esta es la elección 21 en 18 años de revolución bolivariana, la derecha ganó dos, las últimas parlamentarias y uno de los referéndum constitucionales, en ambas ocasiones el chavismo reconoció el resultado. Al igual que ahora, siempre que perdió, la oposición de derecha venezolana desconoció los resultados y apostó por la violencia y la desestabilización.
 
¿Qué pasó después de la elección? El Departamento de Estado de EEUU, sin esperar los resultados, dijo que desconocía la Constituyente y anunció sanciones para todos quienes la integren. Se sumaron de inmediato el presidente de Perú, el mismo que dijo en la Casa Blanca que América Latina era un "perro dócil que no daba problemas”; Peña Nieto, de México y Juan Manuel Santos, de Colombia, que fueron los más rápidos. Qué casualidad, justo los lugares donde fue Pompeo, el de la CIA. Y por supuesto Luis Almagro que en su delirio cipayo cree tener derecho de decirle a todo el continente lo que hacer, se creyó en serio que es pro cónsul de un imperio y actúa como tal.
Por si fuera poco, el canciller yanqui, Rex Tillerson, anunció muy suelto de cuerpo que “la comunidad de agencias de inteligencia” de ese país, está trabajando “en un plan para que Maduro abandone el poder por voluntad propia o para hacerlo ir”. Se dieron cuenta que con la CIA y la OEA solas no alcanza y redoblaron la apuesta. Conviene aclarar que Tillerson es un magnate petrolero que tiene una cuenta personal con Venezuela por la nacionalización de activos de su compañía. ¿Todo esto no pasó? ¿No quiere decir nada?
 
También fueron vueltos a arrestar dos dirigentes golpistas que cumplían arresto domiciliario López y Ledesma. Ambos convocaron a desconocer la Constituyente y a seguir con la desestabilización. La detención fue ordenada por la Justicia venezolana y tiene fundamentos, igualmente, no parece ser una señal que ayude a erosionar la campaña de aislamiento internacional a la que está sometida Venezuela.
También la oposición ha mostrado sus fisuras, Ramos Allup, principal dirigente de AD y parlamentario, ya que en esta extraña dictadura el Parlamento con mayoría opositora sigue funcionando, anunció que participará de las elecciones de las gobernaciones que serán convocadas la semana entrante y también de las presidenciales. Son varias las voces que se alzaron condenando a Guevara y López por su estrategia fallida del todo o nada violento.
No tenemos una visión idílica de la Revolución Bolivariana. No compartimos todas sus medidas, ni todo su discurso, ni todos sus métodos. Pero no adoptamos una postura de ajenidad o de falsa superioridad para juzgar un proceso transformador asediado y agredido.
 
Nos duelen todos los muertos y todos los heridos en Venezuela, todos y todas. Los que son chavistas y compañeros del movimiento popular y los que no. No deberían haber muerto. No se debería haber llegado a esa tragedia. Nos duelen la desestabilización y las penurias que enfrenta ese pueblo hermano. 
 
Y por eso, hoy más que nunca, reafirmamos nuestra solidaridad con el pueblo de Venezuela, y con su derecho inalienable de construir su sistema político y social sin injerencias y hacerlo en paz.
La Asamblea Constituyente, y, sobre todo, la contundente expresión popular democrática del domingo, abren un camino de paz y de diálogo, hay que apoyarlo. EEUU y la derecha continental buscan aislar completamente a Venezuela. No es ese el camino para ayudar a salir de la crisis a nuestro pueblo hermano. Aplicar, como proponen el gobierno de Macri y el de Temer, la cláusula democrática del MERCOSUR a Venezuela, implicaría, objetivamente, darle la espalda al diálogo, a un cauce democrático y a la paz y darle oxígeno a la violencia y el golpismo.
 
El camino es el que Uruguay expresó en Mendoza, el que intentan el Papa Francisco y el secretario general de la ONU, Antonio Gúterrez, entre otros.
 
No nos paramos ante la situación del mundo, nuestro continente y Venezuela desde la neutralidad. Lo hacemos desde nuestro histórico compromiso con la unidad latinoamericana, el respeto por la autodeterminación de los pueblos y el antimperialismo, que van unidos, porque es el imperialismo, que existe y actúa, el que los pone en peligro.
 
La defensa de la libertad, de la paz y de la democracia no son en abstracto, no son declarativas, son prácticas y tienen expresiones políticas. Por eso manifestamos nuestra solidaridad con la Revolución Bolivariana y con su cauce popular, y nuestro rechazo a la agresión del imperialismo yanqui, las oligarquías y la derecha continental y la derecha fascista, de ayer y de hoy, que opera en Venezuela.
 
La solidaridad, dignifica, ayuda a quien la recibe y educa a quien la da. Nunca fue fácil ser solidario con las revoluciones hermanas, ni lo será. Y nadie puede hacerse el distraído, EEUU, la derecha continental y la derecha venezolana no quieren el diálogo, ni la paz. Han rechazado una tras otra todas las iniciativas que se han realizado para ello. Lo que quieren es la rendición incondicional de la Revolución Bolivariana, quieren poner al pueblo venezolano de rodillas.
Y resulta que el chavismo y los revolucionarios venezolanos no se rinde. Y eso, saca de quicio a la reacción, al imperialismo y también a quienes miran los procesos de transformación social desde el purismo fácil del análisis intelectual alejado de la realidad concreta, de los intereses en pugnas y de la correlación de fuerzas.
 
Nosotros, entre el Puma Rodríguez y Silvio Rodríguez, seguimos con Silvio y su reclamo de “la necedad de asumir al enemigo”.
 
8 millones de venezolanas y venezolanos se jugaron la ropa por la paz, deben saber que no están solos.