Editorial de El Popular (edición especial): "Enorme paro para defender la perspectiva popular"

La convocatoria al paro general del PIT-CNT tuvo una enorme respuesta a nivel nacional. Cientos de miles de trabajadoras y trabajadores, en todo el país, respondieron a la convocatoria de su central, el PIT-CNT, y pararon. La detención fue total a nivel de la industria, obras, fábricas, molinos, frigoríficos, talleres, de todo el país, pararon. También a nivel de los entes del Estado, las telecomunicaciones, los bancos, los puertos, las aduanas, los peajes. Lo mismo en la enseñanza y la salud pública.

El paro, fue, una vez más, una clara demostración del peso del movimiento sindical en nuestro país.

Este paro, como suele ocurrir, fue atacado por las gremiales empresariales, nada nuevo bajo el sol, por los medios de comunicación, tampoco es de extrañar, también por sectores autoerigidos en fiscales de la lucha del pueblo, que siempre piden más, como si la radicalidad se midiera por las horas de paro o los decibeles de los gritos y no por la cantidad de pueblo que se organiza y participa y también, y eso es lo relativamente nuevo, por sectores del movimiento popular, de la izquierda, que cuestionan el paro o “por arcaico” o por “corporativo” y hasta porque, supuestamente, golpea al gobierno y al Frente Amplio.

El movimiento sindical es una herramienta de clase, esas que según algunos no existen, y actúa en la lucha de clases, que obviamente, si no existen las clases, menos existiría.

Defiende los derechos de una clase, la de las y los trabajadores, contra la materialidad de un sistema que los conculca y los violenta permanentemente, el capitalismo.

Es cierto que la sociedad se ha complejizado, que la dominación también, y que no todo se explica solamente mirado desde una perspectiva de clase, que hay desafíos transversales e intereses y reivindicaciones que expresan otras sensibilidades, de género, de orientación sexual, generacionales, etc. Pero también es cierto que si se omite la perspectiva de clase, aún en esas nuevas sensibilidades, o mejor dicho en las nuevas formas que estas tienen de expresarse, se omite lo central, y además, las conclusiones prácticas, es decir políticas, son parciales y erróneas.

Estamos ante una ofensiva global del gran capital, el imperialismo, por poner a su servicio, todas los recursos de la humanidad y del planeta. Esa ofensiva es mundial, continental y se expresa en Uruguay. Esa utopía conservadora de restauración neoliberal implica degradación democrática, pues es un retroceso enorme en libertad y en igualdad. Esa ofensiva se hace utilizando la materialidad del sistema, el poder económico, concreto, y la maceración ideológica, o de “relato” si suena más simpático, de los grandes medios de comunicación, multiplicado hasta el infinito por ese nuevo mantra cultural, esa entelequia casi religiosa, a la que se denomina “las redes sociales”.

Ocurre que esa ofensiva no tiene nada de virtual, es real, material, no se detiene. Alcanza con mirar a Macri y su brutal recorte de conquistas populares, su sometimiento al FMI, la “devolución” al capital de cientos de miles de dólares con exoneraciones. O a la brutal restauración reaccionaria en Brasil, con la vuelta a la pre historia social de la reforma laboral que autoriza las 12 horas y los contratos sin regulación, y la operación de linchamiento político contra Dilma y Lula.

Esa ofensiva la impulsa y la instrumenta un bloque político y social, el conservador, el que mantiene los resortes claves del poder, económico, mediático, judicial y cultural. Lo hacen más rápido y más profundo en los países donde logran recuperar el gobierno e instalan un elenco técnico y político absolutamente alineado con su proyecto restaurador. Pero sus ideas, y su práctica, también se expresan en los países con gobiernos populares, de izquierda, progresistas.

A ese bloque político y social conservador se le opone el bloque político y social de los cambios. Que implica el gobierno, claro y de manera determinante, la fuerza política y su unidad, el Frente Amplio, pero también la unidad social, las herramientas populares, y entre ellas, el movimiento sindical, su central única, el PIT-CNT.

Por supuesto que hay contradicciones dentro del bloque de los cambios, que es político y social por su forma y democrático y radical por su contenido. Hay diversos intereses y perspectivas sociales y políticas. Es una construcción dialéctica, dinámica si les suena demasiado marxista, en permanente desarrollo.

No solo no hay que asustarse  de las contradicciones, estas son la manera natural del desarrollo social; las contradicciones existen objetivamente, se expresan como propuestas y organización, es decir se subjetivizan, y generan síntesis política y social, una realidad nueva, que, obvio, puede ser de avance o retroceso.

Se puede mirar el paro general del jueves 20 desde esa dimensión. Está bien, pero nos quedaríamos cortos. Porque el paro general fue, una expresión concreta, del peso de los trabajadores, de su perspectiva, de sus propuestas y de su decisión de lucha en la disputa por el conjunto de la correlación de fuerzas en la sociedad. Es a favor del bloque político y social de los cambios no en contra.

Para llegar al paro se hicieron miles de asambleas, se entregaron miles de volantes, se hicieron cientos de pegatinas, se habló, se convenció, se debatió, se organizó. Y que haya pueblo organizado, con disposición de lucha, siempre será de izquierda. ¿Eso excluye los errores? Claro que no. Pero el error más grave sería no levantar una perspectiva de unidad y de lucha, no solo de discurso, no solo de satisfacción o insatisfacción personal, no solo de enojo o enamoramiento individual, para enfrentar a la derecha y al imperialismo.

Si algo no tiene el movimiento sindical uruguayo es una visión corporativa o estrecha. Es el movimiento sindical que defendió la democracia y la sigue defendiendo, construyendo igualdad y libertad en los hechos. Es el movimiento sindical que propuso el Sistema Nacional Integrado de Salud y que hoy lucha por defenderlo del interés de lucro de las corporaciones empresariales de la salud. Es el movimiento sindical de las brigadas solidarias que están al lado de quienes más lo necesitan, siempre, no solo cuando se organiza una campaña por tele o por Facebook, y lo hace desde la solidaridad. Es el que ha impulsado una agenda de leyes sociales que, con la acción del gobierno y del Frente Amplio, han hecho avanzar a nuestro pueblo y nuestro país. Pero además es el que ha peleado, todos los días, porque esos nuevos derechos se hagan realidad. ¿O alguien cree que los patrones han accedido sonrientes a la negociación colectiva, a las 8 horas en el campo, a los nuevos derechos de las trabajadoras domésticas? Hay cientos de luchas diarias, de paros, de asambleas, de negociaciones, para que esos derechos se respeten en la práctica y no queden en letra muerta. Los derechos democráticos se discuten, se proclaman en leyes y luego se conquistan cada día con pueblo organizado luchando.

El paro fue muy grande, pero también expresó las dificultades de convocar y que se comprometan sectores que están, objetivamente, incluidos en las propuestas obreras, pero que subjetivamente no lo sienten ni lo expresan allí. Este es un gran desafío político, que expresa necesidades tácticas pero que tiene trascendencia estratégica.

El reclamo del paro fue avanzar en las transformaciones populares. Y no fue un pedido cómodo para que otros lo hagan. El PIT-CNT tiene propuestas y además expresa la disposición de organizarse y luchar por ellas.

Hay que seguir avanzando, no hay que estancarse, porque si no retrocedemos, todos y todas. Y eso se logra con unidad, organización y lucha. Nos necesitamos todas y todos. La perspectiva revolucionaria, de transformaciones profundas, es de acumulación de fuerzas y es de unidad.

No hay que mirar con desconfianza la lucha popular. Sin ella nada hubiera sido posible, no lo sería hoy y no lo será mañana.