Editorial del Semanario El Popular N° 392: "La embestida del poder"

Estamos en una situación en la que se hace imprescindible tener una mirada estratégica. No se trata de ver el vaso medio lleno o medio vacío, en realidad se trata de lograr ver el vaso, su contenido y las manos de quienes intentan sostenerlo y de quienes intentan volcarlo.

Hemos afirmado, y es imprescindible volver a hacerlo, reafirmarlo, matrizarlo, con fuerza en nuestra cabeza y nuestro corazón, que vivimos un período de agudización de la lucha de clases. La crisis del capitalismo y el brutal ajuste global en marcha para poner todos los recursos de la humanidad y del planeta al servicio del capital y la recuperación de sus tasas de ganancia; unida a la contraofensiva del imperialismo y las clases dominantes para recuperar espacios de poder político y consolidar su hegemonía, con especial intensidad en nuestro continente; más la respuesta popular, a distintos niveles, a estos dos factores anteriores, es lo que provoca esa agudización.

En América Latina, y en Uruguay como parte de ese proceso, es donde se lograron más avances en la construcción, con diferentes grados de profundidad y con características diferentes según el país, de alternativas post-neoliberales.

La respuesta del imperialismo yanqui y de las oligarquías nacionales es del nivel y la fuerza acorde con esos avances. Vienen por todo y están dispuestos a todo.

Aclaremos algunos conceptos antes de continuar. Cuando hablamos de imperialismo, hablamos de la forma real de existencia del capitalismo en esta época histórica. No hablamos de un entramado militar agresivo, estamos señalando la materialidad y la superestructura real con la que existe, se desarrolla y funciona el capitalismo hoy.

Esa materialidad y su correlato político e ideológico suponen límites objetivos al desarrollo de proyectos alternativos, a escala continental y nacional. No somos de los que decimos esto para ocultar la falta de voluntad o de claridad política para avanzar más en conquistas populares. Pero si planteamos que hay que asumir que eso es así, entre otras cosas para plantearse como parte de la lucha por avanzar construir una perspectiva superadora del capitalismo.

La crisis del capitalismo y su impacto en la región, con la caída de los precios de los principales productos de exportación, problemas de colocación de nuestros productos, desvío de inversiones, unido al insuficiente desarrollo de cambios en la matriz productiva de cada uno de nuestros países y la falta de concreción de alternativas en lo económico de los procesos de integración que se desarrollaron en nuestro continente en estos años, provocan una desaceleración del crecimiento económico, cuando no una caída del PBI directamente. Eso tensa la puja redistributiva.

Ese escenario facilitó el golpe de Estado en Brasil, el avance de las concepciones neoliberales con Macri en Argentina, la desestabilización y la crisis política, económica y social en Venezuela. Es el retroceso absoluto en Paraguay, un país colocado por su presidente Cartes en venta al mejor postor, lo definió como “una mujer linda y fácil” ante empresarios brasileños. La permanente desestabilización en Colombia, que incluye el voto contra la paz en un referéndum, pero muy especialmente el incremento salvaje de los asesinatos de militantes sindicales y sociales, más de 3 mil en los últimos meses. Pero también es México en una espiral de violencia con decenas de miles de muertes, Estados enteros en control del crimen organizado y represión estatal y para estatal contra todo lo que se organice. Las amenazas y asesinatos cotidianos de líderes campesinos, defensores de DDHH y periodistas en Honduras y Guatemala.

A sangre y fuego, con un papel brutal de los medios de comunicación, actuando muchas veces como “partido” de la oligarquía, está avanzando en la región una restauración neoliberal, con expresiones brutales: el retiro de las retenciones a la soja y la minería en Argentina, mientras se bajan los sueldos, se dispara la inflación y se quitan las pensiones por invalidez; o la contra reforma laboral en Brasil, instaurando las 12 horas de trabajo, la entrega lisa y llana de las reservas petroleras del Presal y la represión como respuesta a las protestas populares.

Está claro que donde logran recuperar el gobierno, y por lo tanto instalan en la administración del Estado elencos políticos y técnicos absolutamente subordinados al gran capital y sus intereses, la materialización de esta agenda de sometimiento y restauración es mayor y se impone con más velocidad.

Pero las ideas conservadoras, aupadas en la hegemonía casi absoluta de los medios y la ideología dominante, también cobran fuerza y tensan la disputa social y política, aún en los países donde los gobiernos siguen siendo populares, de izquierda, progresistas.

Y eso está ocurriendo en nuestro país. Estamos ante una ofensiva desatada del bloque político y social conservador por hacer retroceder todas las conquistas alcanzadas, por recuperar el gobierno y por consolidar todos sus espacios de poder.

Se demoniza la lucha. Se ataca al corazón del movimiento popular, la clase obrera y el movimiento sindical. Se ataca al Frente Amplio, al gobierno, al MIDES, a ASSE, a Raúl Sendic, a José Mujica, a Oscar Andrade, a Marcelo Abdala, a Juan Castilo, a todo lo que implique avance y perspectiva.

La maceración es permanente, denuncias en los medios, luego escándalo y circo en el Parlamento, luego o antes demagogia y más circo en la Justicia. El libreto es claro, golpear y golpear, siempre.

No importa si no es verdad. Estamos en la época de la pos verdad, esa formulación que disfrazan de rupturista y que en realidad es el sumun de la dominación y de la falsedad. Al decir del semiótico mexicano Fernando Buen Abad: “Es la mentira que prescinde de los hechos, que los arrodilla ante los intereses del enunciado para revertir (pervertir) la relación conocimiento-enunciación. El conocimiento se convierte en producto del enunciado y no al contrario. La realidad se convierte en un estorbo o en una anécdota decorativa -o prescindible- del enunciado. Una figura “retórica” más importante que la propia verdad”.

Se colocan ejes falsos. Se transforma la política en un escenario virtual donde se disputan “relatos”. Se prescinde de los intereses en juego, de las fuerzas sociales y los intereses materiales concretos que se benefician o se perjudican con una medida o una ley. Se prescinde de las clases sociales. Se prescinde del mundo real y concreto, de la materialidad del poder.

Pero ocurren dos cosas. Las clases sociales y sus intereses existen y actúan. Y en Uruguay las clases dominantes, usando su poder real, basado entre otras cosas en el pequeño detalle de que son propietarios de los medios de producción y también de los “objetivos e imparciales” medios de comunicación, actúan y en toda la línea. Los empresarios rurales y de los frigoríficos despiden si los trabajadores se organizan y anuncian la “rebelión del campo” si el gobierno osa actualizar el catastro y cobrarles impuestos por el valor real de sus tierras. ¡Habrase visto tamaño atrevimiento! Cómo se va a actualizar el valor del catastro y hacerles pagar por las tierras de las que sacan miles de millones de dólares. Que injusticia más atroz. Sí así de crudo y duro, ostentan que hacen evasión tributaria y lo defienden con uñas y dientes.

¿Se piden explicaciones por los 8 mil millones de dólares que tienen en el exterior? ¡Qué horrible! Es una persecución injusta y marxista, soviética. Protestan ante la OIT por la brutal violación a la propiedad privada y a los derechos empresariales, quieren terminar con la negociación colectiva, sueñan con un Uruguay igual a Paraguay, el del vale todo, el del trabajo esclavo y de niños para ser “más competitivo”. Pero además, mientras tanto, donde pueden, porque la organización popular todavía no es tan fuerte como necesitamos, lo hacen.

Resulta que ahora salió a la luz que Luis Alberto Lacalle, al menos él, fue parte de una reunión en Atlanta, EEUU, de la derecha continental con los yanquis, para lanzar la ofensiva y desplazar del gobierno “a estos comunistas” que ganaban elecciones, usando a los medios y a sectores de los poderes judiciales. Con una estrategia basada en campañas de desprestigio y acusación permanente en los medios y luego juicios y condenas express. Cualquier parecido con lo que ocurrió con Manuel Zelaya en Honduras, destituido por la Suprema Corte de Justicia y secuestrado y expulsado del país desde una base yanqui; o con Lugo en Paraguay, destruido por la prensa y luego derrocado con el aval de la impoluta Corte de Asunción; o con Dilma en Brasil, asediada por denuncias permanentes de la prensa y de la Justicia, sin pruebas y derrocada también, es solo coincidencia.

Ni siquiera creativos son, esos mismos mecanismos están escritos blanco sobre negro, en el Documento de Santa Fe I, “Una nueva política interamericana para los años 80”, de mayo de 1980, con el que un grupo de expertos yanquis le dio línea a Ronald Reagan. Allí se recomendaba apostar a los factores “permanentes de poder” y construir con becas, sueldos y premios la influencia en los países de América Latina, basándose en la burocracia estatal, la educación, los medios de comunicación y el Poder Judicial. Casi nada.

No somos afectos a las teorías conspirativas. Miramos la realidad críticamente tal cual es, con sus contradicciones, sus potencialidades y sus dramas.

Asumir esta ofensiva del imperialismo y de la oligarquía no implica tapar errores ni esconder polémicas y diferentes visiones en el campo popular y también en la gestión de gobierno.

Pero hay que asumir al enemigo. Hay que identificar la contradicción central. Hay que impedir que las urgencias hagan que la táctica se devore o golpee la estrategia. Hay que romper con la dictadura de la anécdota y de lo parcial que nos impide una visión global del escenario donde luchamos.

¿Cómo? Sabiendo que se necesita más pueblo organizado, más avances, más unidad, más lucha y más perspectiva transformadora para enfrentar y derrotar esta embestida del poder. Con lo que tenemos no alcanza.

Esa es la tarea diaria, sin descuidar nada, pero sin olvidar lo central.