Editorial del Semanario El Popular N° 391: "Nunca más"

Este 27 de junio se cumplieron 44 años del golpe de Estado de derecha y de la respuesta popular: la huelga general.

Fue y es una fecha definitoria para la historia reciente del Uruguay. Sobre ella y su significado se mantiene la polémica. Y no es una polémica baladí. Se trata de la verdad histórica, de entender qué fue el golpe de Estado, quiénes lo dieron, por qué, quiénes lo enfrentaron y por qué.

Por años esa fecha y su significado fueron o directamente ocultados, o minimizados o tergiversados con la versión oficial del poder.

Mucho hemos avanzado. Y entre esos avances se cuenta el reconocimiento del Estado de la importancia de esa fecha y de su verdadero contenido. En el 2014 se votó la ley 19.211 que denomina al 27 de junio como «Día de la Resistencia y la Defensa de la Democracia» y entre sus fundamentos tiene homenajear a quienes hicieron 15 días de huelga en defensa de la libertad.

Esa sola denominación oficial significa mucho desde el punto de vista histórico y es parte del esfuerzo político e ideológico por poner las cosas en su lugar.

Ese esfuerzo continúa, es permanente, es parte de la lucha de hoy por avanzar. Por eso es una fecha de denuncia, de construir memoria y de homenaje a la lucha de nuestro pueblo. Por eso es necesario reafirmar conceptos.

El golpe fascista. Hace 44 años, el presidente de la República, Juan María Bordaberry, electo por el Partido Colorado, representante de la oligarquía más pura y dura, de los grandes ganaderos latifundistas y de la burguesía que tenía sus intereses entrelazados con el gran capital financiero y el imperialismo, disolvió las Cámaras de Senadores y Diputados, creó un Consejo de Estado, suspendió las garantías individuales, y otorgó a la Policía y las Fuerzas Armadas potestades para garantizar los servicios públicos básicos.

Lo dijimos en varias oportunidades y lo reiteramos para delimitar responsabilidades políticas e históricas: el decreto N° 464/973 del 27 de junio de 1973 lleva la firma de Bordaberry. El golpe fue de derecha, lo dio la derecha y la izquierda y el movimiento popular lo resistieron. Se dice, con razón, que el golpe de Estado del 27 de junio de 1973 fue la culminación de un proceso. Ese proceso venía de décadas atrás, de acción represiva del Estado, militarizando sindicatos, asesinando estudiantes y trabajadores, prohijando grupos para policiales de provocación como la JUP y los escuadrones de la muerte. Se dan los asesinatos de Líber Arce, Hugo de los Santos, Susana Pintos, Heber Nieto, entre otros. También el asesinato de los ocho obreros comunistas en el Seccional 20 del Paso Molino. Se generaliza la tortura. La derecha en el gobierno, a través del también colorado Jorge Pacheco Areco, comienza un vaciamiento de las instituciones democráticas. Con el gobierno de Bordaberry, se intensifica el vaciamiento de la institucionalidad democrática, primero se ataca la independencia del Poder Judicial otorgando a los Tribunales Militares competencia en asuntos civiles, luego se entrega parte de las potestades del Poder Ejecutivo a los militares con la creación del Consejo de Seguridad Nacional, y finalmente se consuma el asalto al Poder Legislativo.

Las clases dominantes enfrentaban dos desafíos básicos en la década del 70. El primero de carácter estructural: Uruguay llega a 1973 tras casi dos décadas de estancamiento económico, inflación desatada, creciente peso de la deuda externa. Se necesitaba un monumental ajuste para garantizar condiciones para la reproducción del capital y el crecimiento de la tasa de ganancia de los capitalistas. El segundo de carácter político: el movimiento popular venía en un creciente proceso de consolidación y acumulación de fuerzas, se había unificado en el movimiento sindical, se había creado el Frente Amplio. El golpe de Estado es parte central de la estrategia de un sector de las clases dominantes, la rosca oligárquica financiera, para responder a su favor estos dos desafíos.

Había que cortar de cuajo la acumulación política y social del movimiento popular para permitir y garantizar el ajuste económico bestial que se proponían hacer. No había solo «rumores de sables», los sectores vinculados al latifundio, al capital financiero y a la exportación, reclamaban a gritos «mano dura» para terminar «con el poder sindical» y restablecer «el clima de negocios». Todo esto se enmarcaba en una estrategia continental de EEUU que sembró de dictaduras el continente.

Por eso repetimos: el golpe y la dictadura en Uruguay no fueron militares, fueron de derecha, fueron fascistas. Cuando hacemos esta calificación lo hacemos no sólo por los métodos represivos, que por supuesto implicó el terrorismo de Estado; lo hacemos por su carácter de clase, con un predomino de los sectores del capital financiero y el latifundio y por su vinculación orgánica con el capital trasnacional y el imperialismo yanqui.

La Huelga General. El otro elemento distintivo, y único de nuestro país, fue la respuesta al Golpe de Estado: la Huelga General. Es tal su trascendencia, dejó tan claro quién estaba de que lado, que ha sido sistemáticamente silenciada y olvidada. No se la mencionaba, se la minimizaba, se la cuestionaba en su carácter.

Antes de la fundación de la CNT, en 1964, ante el golpe en Brasil, el movimiento sindical uruguayo discutió y resolvió que respondería con una huelga general a un golpe de Estado. Esta decisión fue discutida en cientos de asambleas y ratificada en dos Congresos de la CNT. Es imprescindible dimensionar en su justo término, hoy que se vuelven a escuchar una y otra vez, desde la derecha y desde las patronales, cuestionamientos a lo que ellos llaman “el poder sindical”, el papel jugado por el movimiento sindical organizado en defensa de la libertad, su compromiso democrático.

En la madrugada del 27 de junio, la CNT lanza la consigna de la huelga general con ocupación de centros de trabajo. En esa misma madrugada miles de trabajadores ocuparon en defensa de la democracia y la libertad.  Los estudiantes hicieron lo propio en las facultades y en la Universidad y se sumaron los estudiantes de secundaria y UTU. Miles de hombres y mujeres, de muchachas y muchachos, escribieron una de las páginas más gloriosas de la historia nacional. Las fábricas eran desocupadas por las fuerzas represivas y se volvían a ocupar. Algunas fueron vueltas a ocupar hasta tres veces durante los 15 días de huelga. Cientos fueron apaleados y detenidos. Los estudiantes pagaron con sangre su compromiso democrático: durante la huelga fueron asesinados Ramón Peré y Walter Medina. La dictadura ilegaliza la CNT y requiere a toda su Mesa Representativa. El País, intelectual orgánico de la dictadura fascista, publicó con alegría y a toda página los rostros de los integrantes de la dirección obrera que comandaba la resistencia, en su edición del 5 de julio de 1973. Lo mismo haría durante los 11 años de dictadura con los rostros de las compañeras y compañeros perseguidos.

Hay que decirlo y con todas las letras: A la hora de los hornos los trabajadores, el movimiento popular y la izquierda defendieron la democracia y la libertad, a costa de su trabajo, de su pan, de su propia libertad y de su sangre. Las patronales o callaron o apoyaron el golpe, publicaron llamamientos a que se trabajara y entregaron listas de sindicalistas culpables del enorme delito de luchar por la democracia.

Es cierto que la huelga general no logró frenar la instalación de la dictadura, entre otras cosas porque salvo la del FA, no contó con un amplio respaldo político para hacerlo. Pero sin Huelga General la resistencia dura y permanente de 11 años hubiera sido imposible o más difícil. La Huelga General es uno de los episodios más hermosos y profundos de convicción democrática de la historia nacional y los protagonistas centrales fueron los trabajadores.

Marcó una frontera ética, una línea divisoria entre quiénes estaban con la libertad y quiénes con la tiranía. Ese mandato ético sobrevivió a todas las pruebas, cada 1° de mayo, cada 27 de junio. Se hizo ancho cauce de pueblo en 1980 para construir el NO y luego, emergió de los subterráneos de la libertad, de los que hablara Jorge Amado, y se hizo masas en el 1° de mayo del 83, la primavera estudiantil de setiembre de ese año y el Obelisco.

Pero por su dimensión de masas, por su heroísmo y por su compromiso con la libertad, la Huelga General y el Plebiscito del 80 solo resisten comparación con el Exodo artiguista. Con nada más.

Homenaje al pueblo. Eso es lo que conmemoramos este 27 de junio, el «Día de la Resistencia y la Defensa de la Democracia». El día en que como anunciara Enrique Rodríguez en la última sesión de la Cámara de Senadores: la clase obrera no falló.

Defender la democracia, concebida como una construcción permanente de libertad e igualdad, es eso, conquistar más libertad e igualdad. Porque como dijo nuestro presidente, Tabaré Vázquez, y luego le dio contenido de masas el PIT-CNT: lo que se estanca retrocede.

Hoy el mismo imperialismo y las mismas oligarquías acosan a nuestros pueblos, desestabilizan, agreden, conspiran, golpean, si no lo hacen con el Terrorismo de Estado desembozado es porque el nivel de acumulación de fuerzas de nuestros pueblos, en el más amplio sentido, especialmente en el de conciencia democrática, no se los permite.

Pero el mejor homenaje a la Huelga General es construir unidad política y social del pueblo y luchar por avanzar.

Tenemos esa herencia hermosa para reivindicar. Y más desde EL POPULAR que fue el diario de la huelga, asaltado por hordas fascistas, con dos mártires, Norma Cedrés, asesinada en la cárcel y Juan Manuel Brieba, desaparecido.

Nuestro pueblo lucha y honra la memoria de una de sus gestas más hermosas. EL POPULAR, como hace 44 años, está a su lado.