Editorial del semanario El Popular N° 384: "Unidad y reafirmación / Derrota yanqui en el Parlamento"

Unidad y reafirmación

El sábado culminó el VI Congreso del Frente Amplio, Rodney Arismendi. Se realizó la sesión diferida para resolver los puntos del debate que quedaron pendientes de diciembre del año pasado.

El Congreso terminó en un clima de alegría, compromiso y unidad. El Congreso aplaudió de pie a una delegación de sindicalistas venezolanos que vinieron a denunciar la agresión y desestabilización que enfrenta su país. Muy lejos, a años luz de la imagen de división, y crisis que mostraron hasta el hartazgo los medios de la derecha, en esa realidad virtual que construyen, que es virtual, pero peligrosa, porque forma opinión y afecta el estado de ánimo. Recordemos que en el diario El País, primero siempre en los ataques a la izquierda, se llegó a afirmar que la crisis del Frente Amplio era tal que no había acuerdos sobre los principios y valores. El Frente Amplio se quedó sin principios, decían. Increíble pero cierto.

Claro, como no pudieron mostrar fracturas y tampoco falta de decisiones el Congreso dejó de existir. Así de simple.

Pues no, fíjese que no. El Congreso existió. El Congreso fue una expresión democrática de la principal fuerza política del Uruguay. No hay otra fuerza política del Uruguay que pueda mostrar la democracia interna del Frente Amplio. Y para defender la democracia, en tanto proceso permanente de construcción de libertad e igualdad, primero hay que ser democrático en casa. Y el Frente Amplio lo es, rotundamente.

Este sábado, más de 800 delegados de base discutieron sobre: Uruguay en un mundo globalizado; desarrollo sostenible; estado, mercado y sociedad; y la institucionalidad democrática, poder y gobierno. Se discutieron y analizaron casi 200 mociones presentadas en la primera parte del Congreso.

El Frente Amplio demostró que puede discutir los temas centrales del presente y el futuro de nuestro país, hacerlo con unidad, construir consensos internos y adoptar posición clara sobre los mismos. Casi nada. Además, hacerlo debatiendo ideas, propuestas programáticas, planteos políticos, sin tener en discusión un solo nombre, ningún candidato a nada.  Y eso en el marco de lo que se nos vende como política hoy, reducida al marketing, a las señales indicadas por asesores publicitarios en base a datos recogidos por el nuevo dios, el big data, que transforma todo en mensajes híper fragmentados, fugaces, que duran hasta el próximo twitter y prescinden cual demonio de la participación ciudadana.

Este Congreso del Frente Amplio importa entonces por lo que decidió, que es de enorme profundidad y está reflejado en los documentos aprobados; por cómo lo decidió, con la participación organizada de miles de militantes en todo el país; y por lo que ello implica como aporte a la democratización de la sociedad toda con una perspectiva transformadora.

Es una muestra más de la vitalidad del Frente Amplio, como proyecto político y como herramienta popular. El Frente Amplio nació para llevar el pueblo al poder, al decir del general Líber Seregni, y en ese proceso estamos.

Además, este Congreso viene precedido de las elecciones internas en las que casi 100 mil frenteamplistas eligieron la dirección de su fuerza política. Nadie más en Uruguay es capaz de eso. Nadie.

Y también, este Congreso se da coincidiendo con los 10 años de la Reforma de la Salud y los 10 años del Plan Ceibal, dos iniciativas de los gobiernos frenteamplistas que implicaron cambios democráticos enormes e inéditos en la historia nacional.

Sigue con la invitación del Frente Amplio a Alvaro García Linera, vicepresidente de Bolivia, para compartir con él la reflexión sobre el momento en América Latina y el mundo, una señal política de enorme relevancia.

Y se da en el marco de la lucha popular, de un gigantesco 8 de marzo, de un importante 1° de Mayo. De la lucha el año pasado, en toda la línea, por defender los avances populares. De lograr, con la lucha popular y con la sensibilidad del gobierno de izquierda, que Uruguay sea de los pocos países de América Latina donde creció la economía y crecieron el salario y las jubilaciones.

Ahora tenemos el desafío de una discusión Presupuestal que cumpla con el Programa de Gobierno del Frente Amplio, porque es un compromiso con la ciudadanía y porque el país lo necesita. Tenemos que aprobar un conjunto de leyes populares que profundicen la democracia y que están a consideración del Parlamento. Tenemos que seguir construyendo memoria, verdad y justicia y combatiendo a la impunidad y lograr un gran 20 de mayo.

Para ello el FA sigue discutiendo, y ahora busca aprobar una Estrategia Política que concrete las definiciones troncales aprobadas en el Congreso.

El Congreso fue un paso muy positivo. Pero el desafío planteado es enorme, frenar en Uruguay la contraofensiva de la derecha y el imperialismo. Asumir la contradicción central entre país productivo con justicia social y profundización democrática o restauración neoliberal con más dependencia y resolverla a favor del pueblo.

Se necesita más unidad, más perspectiva y más lucha. Se necesita que el Frente Amplio construya unidad de pueblo, que sea, en la práctica, la expresión política del bloque político y social, democrático y radical de los cambios.

Para todo ello se necesita que el Frente Amplio encabece la lucha. Hay que llenar al Frente Amplio de pueblo y al pueblo de Frente Amplio. Esa es la cuestión. Y el Congreso fue un paso en esa dirección.

 

Derrota yanqui en el Parlamento

Este miércoles en la Cámara de Diputados se dio un hecho político de enorme relevancia. La derecha, siguiendo un guion trazado desde Washington al igual que en todo el continente y gran parte del mundo, buscó generar un nuevo elemento para golpear a Venezuela, aislarla y contribuir a su desestabilización.

Los objetivos de la derecha eran: lograr que el Parlamento uruguayo condenara al gobierno venezolano, darle aire a la moribunda estrategia de usar la OEA como punta de lanza, dividir al Frente Amplio y golpearlo a la interna de nuestro país.

Luego de intensas discusiones en la Bancada del Frente Amplio se llegó a una posición consensuada. Tras más de diez horas de debate en las que la oposición repitió a pie de juntillas las mentiras de CNN, la Cámara de Diputados aprobó una declaración que condena a la OEA, apoya al gobierno uruguayo en las acciones que no aíslan a Venezuela, se pronuncia por el diálogo como salida a la crisis política en ese país hermano y refrenda el respeto a la soberanía y la autodeterminación de los pueblos.

El diputado de la 1001-5005, Gerardo Núñez, realizó una gran intervención por lo que dijo y por cómo lo dijo. Atrás quedaron las tapas, informes y sesudos análisis que hablaban de que el PCU maniataba al FA y que iba a promover una acción contra nuestro gobierno en el Parlamento. El PCU nunca escondió su posición, ni lo hará, ni tampoco sus objetivos: defender la autodeterminación de los pueblos y frenar la agresión imperialista, indiscutible, contra Venezuela.

A la par de ello, y fruto de los planteamientos del movimiento sindical, otros sectores populares, el PCU y el propio Frente Amplio, se produjeron cambios en la acción de nuestra cancillería. Uruguay dejó de firmar pronunciamientos con grupos de países y aceptó formar parte de los países que buscarán construir un camino de diálogo en Venezuela. A invitación del gobierno venezolano participará junto a Nicaragua, El Salvador, República Dominicana, San Vicente y las Granadinas, en conjunto con el Vaticano y los ex presidentes Zapatero, Torrijos y Fernández (España, Panamá y Dominicana respectivamente).

Un pronunciamiento de enorme importancia política, y una corrección en los hechos de la política exterior. Mientras, Almagro sigue con su tristísima labor de saltimbanqui del Comando Sur y la derecha cae en el ridículo en su odio hacia todos los procesos transformadores. Julio María Sanguinetti dijo que “Venezuela tiene la dictadura más destructiva de la historia latinoamericana”. El ex presidente, que ya no se sabe a quién representa, salvo a sí mismo, se atribuye con su acostumbrada soberbia la potestad de decir donde hay democracia y donde no. Y claro, además de mentir, porque en Venezuela no hay dictadura, se olvida y coloca en la impunidad, cosa que tan bien sabe hacer, a Somoza, Castillo Armas, Duvallier, Napoleón Duarte, Trujillo, Pinochet, Videla, Stroessner, Gregorio Alvarez, Bordaberry; esos si dictadores.

Pero ellos en su juego, nosotros, los pueblos, en el nuestro. Y en nuestro camino, más allá de errores y de diferencias, que las hay las habrá, la solidaridad y el antimperialismo son parte fundamental.