Libro "Congreso y Documentos"

El Libro Congreso y Documentos del PCU fue publicado en 1988. Abarca desde el XVII Congreso en agosto de 1958 hasta la Conferencia Nacional  de diciembre de 1985. El documento completo se encuentra en PDF y puede ser descargado siguiendo el enlace al final del artículo. A continuación publicamos el Prólogo del libro:

Pológo

Parece insólito, en esta época de velocísimos acontecimientos políticos, científicos, técnicos, que hacen de la crónica casi un ejercicio innecesario, dedicarse a reconstruir documentadamente la historia de un partido.

Nosotros lo consideramos imprescindible; no solo para exponer estos documentos a la inclemencia implacable de los hechos, para que cada ser pensante políticamente pueda juzgarnos y opinar sobre nuestra trayectoria, sino como parte fundamental de un método que se basa en la dura y difícil comprobación en la vida de cada una de las previsiones teórico-políticas.

Aquí estaremos los comunistas, expuestos al análisis de nuestras posiciones y opiniones elaboradas a lo largo de más de 30 años de vida, de lucha, de experiencia.

Nuestros Congresos desde 1957, Conferencias Nacionales y cuando la dura lucha contra la dictadura nos impidió sesionar con todos nuestros mecanismos democráticos, también los documentos de nuestros Comités Centrales.
Es la continuidad de una línea política, una interpretación de la sociedad uruguaya, de sus clases, sus procesos económicos, sociales, políticos e ideológicos, que han guiado la acción y la lucha de miles de hombres y mujeres a lo largo de más de tres décadas.

En estos tiempos de revisionismo histórico, de acelerada negación de las raíces históricas del país y de sus propias fuerzas políticas, nosotros los comunistas –tantas veces acusados de fugarnos hacia el futuro – nos enorgullecemos de nuestro pasado, de nuestra historia.

Un partido se mide por sus actos, por sus hombres, por los episodios de su trayectoria, pero también debe medirse necesariamente por su elaboración teórica, por las respuestas que han sido capaz de crear, por sus aportes originales al cuerpo de ideas que componen el patrimonio político de un país.
Ese es el valor de estos documentos.

Releyendo los informes y resoluciones de los Congresos y Conferencias del PCU con la visión crítica del presente, y la experiencia acumulada de estos más de 30 años, uno percibe por sobre todo la fidelidad a un método de análisis.
No queremos adelantar juicios sobre la justeza o la precisión del análisis del PCU en este rico período político e histórico que tantos cambios introdujo en la vida nacional; los dejamos enteramente a la opinión de los lectores, comunistas o no.

Pero queremos subrayar el esfuerzo por ver la sociedad, sus procesos, las bases económicas estructurales, el papel de las clases, sus manifestaciones políticas, culturales, ideológicas, sus relaciones dinámicas, en un esfuerzo por penetrar profundamente en la realidad, externa, objetiva.

Un esfuerzo, diríamos, de investigación que se han venido enriqueciendo desde 1955, y sobre cuya base se han definido las posiciones, las propuestas y la táctica y estrategia de los comunistas.

Hay quienes se empeñan todavía hoy en ver en la crisis de 1955 de los comunistas uruguayos, solo o principalmente una confrontación de hombres, de estilo o, más en general, la reacción bastante original y adelantada ante una de las más comunes y negativas deformaciones del comunismo, el culto a la personalidad.

Leyendo los documentos del PCU en su austera seriedad, se percibe la profundidad del cambio operado en 1955. Era el inicio de una modificación profunda en la crisis que latía en la sociedad uruguaya, cuyos índices apenas perceptibles comenzaban a plantear con creciente exigencia una interpretación dinámica y de lucha. Ese es el valor profundo del análisis del PCU luego de 1955.

La evaluación sobre las causas profundas de la crisis nacional, una definición precisa del papel de las clases en este proceso y, por lo tanto, de las fuerzas motrices de la revolución, el diseño de la necesidad de construir una alternativa independiente del pueblo en el plano político; la búsqueda empecinada, en la táctica y hacia la estrategia, de la unidad sindical más amplia y la confluencia con amplios sectores sociales; y la construcción de un Partido Comunista como fuerza real y protagonista de estas grandes tareas.

Pero si nos hubiéramos equivocado en analizar la base objetiva de la sociedad uruguaya y a su evolución, todo hubiera estado asentado en las arenas movedizas del oportunismo o del aventurerismo. Los remedios a estos males siempre latentes en la izquierda, no están en combatirlos con otros errores de signo opuesto, sino en construir una auténtica teoría de la revolución. Una teoría que no sea un cuerpo muerto, inerte, petrificado, ante las inclemencias de la lucha y la polémica, sino ese cuerpos de ideas dinámicas, en movimiento, enriquecidas por la vida y la práctica recreadas en su dialéctica relación con los hombres de carne y hueso que ejercitan la historia.
A este exigente juicio sobre estas bases de análisis proponemos y nos retamos nosotros mismos en la valoración de estos documentos.

Los informes de los Comités Centrales, las resoluciones y las tesis de los Congresos, incluso en la atenta referencia a su lenguaje y a sus formas, descubren un enorme y sistemático esfuerzo de investigación teórica, científica, que parte de los datos reales, objetivos, del país real, y de sus procesos, que están en la base del método marxista-leninista de interpretación.

Hay quienes quieren “descubrir” un esfuerzo de actualización modernizadora actual del PCU, como si se tratara no de un método sistemático y permanencia, sino una moda importada de otras latitudes.

Nosotros hemos querido, en este caso, publicando los documentos de las principales instancias orgánicas de debate del PCU, demostrar que los comunistas uruguayos, en ejercicio modesto y permanente de nuestras convicciones, de nuestra ideología marxista-leninista, hemos tratado siempre de superar las barreras del dogmatismo, del esquematismo y, más en general, de situarnos con los pies en nuestra tierra, en nuestro pueblo y su clase obrera, para dar respuestas que iban más allá de la propaganda de nuestras ideas y se situaron en el Avance concreto de la revolución.

Los Congresos son instancias definitorias para juzgarnos a los comunistas. En el contenido y en el método.

Estos documentos sintetizan períodos históricos de nuestra lucha, respuestas a la inserción y la práctica concreta de un partido que sin duda alguna es parte importante de la realidad política del Uruguay moderno.

Aquí están formuladas las ideas básicas del aporte de los comunistas a la unidad de la clase obrera, partiendo de la dramática realidad del fraccionamiento y la división de los años 50. No se trata solo de un enunciado de buenas intenciones, sino del esfuerzo teórico-práctico de construir la unidad sindical de los trabajadores.

No nos proclamamos exclusivos constructores de ese proceso unitario que culminara con la creación de la Convención Nacional de Trabajadores y posteriormente del PIT-CNT. Y no lo hacemos, por respeto a todos los que aportaron su esfuerzo y su flexibilidad, pero por sobre todo, por respeto a nosotros mismos, como modestos combatientes de un proceso que fue capaz de agrupar las diversas vertientes históricas del movimiento obrero uruguayo.

Fue una práctica y una simiente teórica que se incrustó bien hondo en la tierra de las luchas, de las grandes huelgas, del enfrentamiento a las patronales oligárquicas y trasnacionales, capaz también de ir elaborando una base programática de profundas y ricas definiciones, que han sido los cimientos del movimiento obrero uruguayo.
Están aquí nuestras raíces unitarias sobre el proceso de la izquierda y su necesaria confluencia en un gran frente en el que convergieran las vertientes auténticas del cambio.

No la izquierda solamente como testimonio de la crítica al sistema, como protesta y reclamo ante los poderosos, sino como búsqueda concreta, práctica, realista, de un bloque de fuerzas capaz de disputar el gobierno, de reclamar y luchar por el poder popular.

Es la evolución de un pensamiento dialéctico del Frente de Liberación.
Uno de los mejores ejemplos, de que la dialéctica es más fácil enunciarla como conjunto de leyes, que ejercitarla en ese difícil proceso de prever el devenir de los acontecimientos económicos y sociales y proyectarlos a través de la obra consciente de los hombres y sus partidos.

La concepción del Frente ha evolucionado, y en esta práctica y en esta teoría hemos avanzado y evolucionado los comunistas.
El PCU como actor consciente de la historia pero también fecundado y enriquecido en sus ideas y en su ejercicio por el avance de los procesos de construcción de unidad.

Una unidad sin exclusiones, que hoy es casi un componente genético de la izquierda uruguaya y que, sin embrago, ha tenido un proceso tan duro, tan dramático, tan llenos de retos y de incidentes en la realidad latinoamericana.
No queremos ser ejemplo, ni proyectar lecciones universales, porque también aprendimos de la teoría y de la práctica que no hay revoluciones ni experiencias exportables; pero reivindicamos nuestra trayectoria nacional unitaria, que culminó en esta hermosa, compleja y exigente realidad que es el Frente Amplio.

En estos documentos está el testimonio y la base de nuestra concepción del Partido, de nuestras raíces leninistas.
“El Partido, cuestión cardinal de la revolución”. ¿Es acaso esta afirmación sectaria e interna, que sustituye en la visión orgánica de los aparatos y de la fuerza voluntarista de la organización, la relación de clases en la sociedad uruguaya?
Si esta hubiese sido la doctrina, nuestra práctica religiosa, en un país laico y racionalista, la historia nos hubiese pasado por encima. No hay heroísmo ni entrega militante que nos hubieran salvado del duro juicio de los procesos sociales y políticos.

En nuestros documentos, en nuestra teoría del Partido, está la síntesis de nuestra posición teórico-práctica sobre el papel de la clase obrera en el camino al socialismo, en la construcción de la fuerza de la revolución uruguaya.
Es posible que nuestra práctica tiene retrase en relación a la audacia se nuestras ideas; así también lo registran nuestros Congresos.

Es un reto permanente. No solo construir el partido marxista-leninista al servicio del proceso liberador, sino crear también una práctica de participación política, de ejercicio constante de la lucha, de elaboración, de práctica democrática y de combate capaz de entusiasmar multitudes de cuadros y de masas.
También publicamos nuestros documentos para marcar con fuerza los retos de nuestro próximo XXI Congreso.
Durante once años luchamos contra la dictadura, vivimos, creamos, sufrimos y participamos en la gran gesta nacional contra el fascismo.

Un tercio del período de historia contenido en estos documentos.

Nos sentimos orgullosos de nuestro aporte. En primer lugar, porque nos sentimos orgullosos de nuestro pueblo, de su clase obrera, de sus profundas tradiciones democráticas, artiguistas.

No son afirmaciones litúrgicas y de rito, nos vienen de lo más profundo de nuestra humanidad combatiente.
No siempre los informes, las tesis, los debates, logran proyectar la profundidad de las pasiones humanas que éstas expresan. Seguramente nos falta todavía mucho para poder reconstruir en toda su riqueza el torrente del heroísmo anónimo que se esconde detrás de la derrota de la dictadura.

Hay un heroísmo individual, insoslayable, intransferible, que se expresa en cada luchador, en cada consciencia, en cada hombre y mujer que resistió y combatió la tiranía, pero hay una valentía colectiva, una hazaña social y política que fue la clave unitaria y nacional de la derrota del régimen del terror y el oprobio. En estas páginas individuales y colectivas está también el aporte particular de los comunistas, como ciudadanos, como partido. Inseparablemente.
Nuestras definiciones sobre la democracia no solo como conquista instrumental para el cambio y la revolución, para la relación multifacética fecunda con el pueblo, sino como conquista y estratégica y definitoria para el socialismo, están enmarcadas por tres factores esenciales.

Primero, el riguroso estudio y análisis creador de nuestros clásicos. Despojados de religiosidad, asumidos en su espíritu crítico, en su método científico de interpretación de los procesos estructurales. El Estado y la revolución, las formas coercitivas del poder de las clases dominantes y los valores permanentes de la lucha por la democracia, por las libertades, como conquista suprema del hombre que tiene en el socialismo su máxima expresión. Que debemos tener en el socialismo su plena satisfacción.

Segundo, el análisis concreto de la realidad concreta de nuestro país, de su pueblo, su historia, sus tradiciones y sus valores, de los que no nos sentimos ajenos ni extraños. No hay comunismo “a la uruguaya”, pero tampoco hay un camino al socialismo en nuestro país sin los uruguayos.

Tercero, nuestra práctica, que no fue ciega, que no fue el ejercicio de la fecha contra la tiranía fascista como la sola reacción ante la injusticia y la opresión desenfrenada del imperialismo y sus instrumentos “nacionales”, sino combate consciente, guiado por una elaboración táctica y estratégica. En esa lucha, enriquecemos y profundizamos nuestras definiciones sobre el valor de la democracia. Y no lo ocultamos.

Los comunistas uruguayos nos sentimos orgullosos de haber sido fecundados por nuestra adhesión a la Tercera Internacional leninista, cuando se fundó nuestro Partido, pero también de haber recogido lo mejor de las instituciones obreras del siglo pasado y de las grandes corrientes del pensamiento nacional, los valores artiguistas, varelianos, de los reformadores universitarios.

La evolución teórico práctica de estas ideas está expresada en estos documentos.
Si aquí concluyéramos con esta presentación, faltaría un aspecto fundamental. El que se refiere a nuestros enemigos y adversarios. Como si se tratara de un largo camino para vencer resistencias telúricas a los anhelos más profundos del hombre, de sus sed de justicia, de bienestar, de libertad. Seriamos moral y políticamente candorosos. Todo lo hemos construido combatiendo.

En primer lugar contra el enemigo más terrible y peligroso de nuestros pueblos: el imperialismo norteamicano.
Y por ello, figura también en nuestros Congresos, el análisis de sus formas de denominación, los lazos económicos, políticos, ideológicos y culturales que utiliza el imperio para sojuzgarnos, para expoliarnos, para transferir sus valores y explotar nuestras riquezas.

A las bellas e inolvidables páginas de nuestros mejores artistas, de nuestra literatura latinoamericana, de nuestras artes plásticas, del cantar y de la creación, queda poco por agregarle en la denuncia de sus crímenes, de sus injusticias. Pero está el aporte de nuestras ideas a la lucha por derrotarlo, en el valor trascendente y profundo de la solidaridad con los pueblos agredidos o victoriosos.

La visión de los comunistas uruguayos sobre la revolución latinoamericana, que no se ha compadecido de dogmas ni de las mediocridades doctrinarias y que ha reclamado siempre, como todas las grandes corrientes que han cambiado la historia, de la audacia de pensamientos y acción, y la sensibilidad política y cultural.
Desde Cuba hasta Nicaragua, los comunistas uruguayos hemos sido profundamente irreverentes con los dogmas. Y estamos orgullosos.

No ha sido un aporte original por vocación intelectual, sino por el esfuerzo sistemático de profundizar y aportar con nuestra doctrina, con el análisis de los procesos económicos, sociales y su larga historia, a la gesta de nuestros pueblos.
El error en la definición de la estructura capitalista de nuestros países, su grado de dependencia y desarrollo capitalistas, el papel de sus clases y, en particular, de la clase obrera, no son solo exquisiteces académicas, son las bases del análisis de la gran confrontación de nuestros pueblos con el imperialismo y las oligarquías, pero también de su peculiar camino hacia el socialismo.

El socialismo es una realidad en el mundo para cientos de millones de hombres que lo construyen, que lo discuten, que lo viven y lo profundizan, que lo critican y lo valoran.

Hace más de 70 años, los irreverentes obreros, campesinos y soldados rusos, destronaron la autocracia centenaria del zar para construir un mundo sin explotados ni explotadores: el poder de los soviets.

Sobre esta experiencia inédita, sin antecedentes en la historia de la humanidad, también exponemos nuestras ideas y nuestro análisis comprometido, no solo como comentaristas sino como protagonistas de ese vasto y complejo movimiento que en los años 20 de este siglo se lanzó con audacia, y a veces con ingenuidad, a la conquista del cielo.
Un minuto en la larga historia de la humanidad y también la obra gigantesca e inigualable de millones de héroes anónimos que construyen el socialismo, derrotaron el fascismo, abrieron las puertas de la nueva historia. La hemos asumido con sus grandezas, y también con sus tragedias.

Aquí están nuestros documentos, sometidos a la crítica implacable del tiempo, de la historia, de los hombres y sus pasiones, sus luchas, sus experiencias.

Este cuerpo de ideas, de propuestas, de planteamientos tácticos y estratégicos, en el abordaje de complejos temas del Estado, de las vías de la revolución, sus fuerzas motrices, en las útiles y dialécticas relaciones entre estructura y superestructura, en la amplitud de la visión cultural y artística de los comunistas uruguayos, confluyen dos componentes esenciales: el aporte individual y el colectivo.

No son términos contradictorios; ni siquiera son simples complementaciones, por el contrario son la síntesis de nuestra propia vida orgánica.

El aporte creador de las personalidades, en este caso en particular, de Rodney Arismendi a través de sus informes, y la opinión colectiva, democrática, abierta en el debate y en las ideas de miles y decenas de miles de comunistas que discutieron, opinaron, eligieron sus delegados a lo largo de la República y luego hicieron realidad y práctica las resoluciones adoptadas por SU Congreso.

Esta práctica conoció todas las pruebas, desde las inclemencias de la lucha sindical y obrera, las grandes huelgas, los duros conflictos, la represión y el terror de la dictadura, la vida parlamentaria, la acción cívica y popular, la labor intelectual y cultural, la construcción organizativa e ideológica del Partido.

Lamentablemente no podemos publicar todas las intervenciones de decenas de dirigentes, de cuadros, de militantes del PCU contenidas en las publicaciones editadas luego de cada Congreso. Mostrarían la multifacética, rica, elaboración colectiva e individual, y la forja y desarrollo de una dirección que supo combinar generaciones y experiencias diversas.

¡Que absurdas parecen las acusaciones de fanatismo militante que nos lanza la derecha y también, desgraciadamente, algunos compañeros de la izquierda! Estamos en el Uruguay, y solo una fuerza que haya sabido concitar la pasión reflexiva y profunda de miles de trabajadores, de intelectuales, de jóvenes, de hombres y mujeres, puede haber superado estas pruebas sin fracturas.

No tenemos ni proclamamos el patrimonio de la verdad. Nuestra concepción filosófica se basa precisamente en la lucha de contrarios, en la superación sistemática de los retos de la realidad y de la teoría recreados dialécticamente. Nos hemos equivocado, y lo hemos analizado crítica y autocríticamente.

Pero no nos hemos equivocado en lo fundamental, siempre hemos sido el partido de los obreros, de los humildes, de los postergados, un partido plebeyo e indomable, que tampoco sustituyó con un populismo demagógico sus grandes responsabilidades con el conjunto de la sociedad, con todos aquellos que tienen un espacio en el largo y difícil camino hacia el socialismo.

En esta época en que algunos niegan su pasado, olvidan nuestra historia, se proclaman innovadores y modernizadores, nosotros, acusados sistemáticamente de utópicos y de soñadores, queremos mostrar que tenemos sólidas, profundas y fértiles raíces.

Es un aporte al debate crítico hacia nuestro próximo Congreso, pero más en general, es el esfuerzo siempre modesto, crítico y autocrítico, de los comunistas uruguayos a la lucha por la liberación nacional.

Comisión Nacional de Propaganda
PCU – FA
Setiembre de 1988
 

Descarga completa del Documento al final de la publicación o bien visualice este contenido mediante enlace externo haciendo click aquí