Editorial de El Popular N° 377: "Sacando los velos al capital"

El promedio anual de ingresos del capital en nuestro país, en el período 2008-2014, fue de 14.100 millones de dólares, un 28% del PIB.  En el mismo período el promedio anual de los salarios cobrados por los obreros y empleados fue de 11.534 millones de dólares, un 18.1 % del PIB.

Esas son las principales conclusiones del economista y catedrático Jorge Notaro, en su nota, que se incluye en la Separata Económica “Valor!!”, con esta edición de EL POPULAR.

Notaro fundamenta su investigación en una ausencia y dos paradojas. La ausencia es que nadie calcula los ingresos del capital, es una categoría que no se utiliza en el enfoque neo clásico, hegemónico hoy en medios académicos e institucionales en nuestro país.

La primera paradoja es la subestimación de los ingresos de los segmentos más ricos, sobre todo los provenientes del capital, una constatación de ello es que los hogares uruguayos declaran más ingresos a la DGI que a la Encuesta de Hogares.

La segunda, Notaro la denomina “la paradoja de Gini”, en referencia al índice internacional con el que se mide la mayor o menor desigualdad en la distribución del ingreso. Cuando residentes en nuestro país venden su capital a no residentes, se reducen los ingresos de capital disponibles en el país y mejora la distribución del ingreso de acuerdo al Indice de Gini. En América Latina y en Uruguay, donde la Inversión Extranjera Directa, la propiedad sobre nuestros recursos naturales, la propiedad de títulos públicos, las ganancias de trasnacionales giradas al exterior, tienen gran relevancia, por lo tanto, también lo tiene no contemplarlas en la distribución del ingreso.

Pero claro, para hacer esto hay que mirar la realidad, analizarla, investigarla, con una perspectiva de clase, desde una mirada de Economía Política. Este es uno de los principales méritos del trabajo que presentamos y de sus conclusiones. Pararse desde una mirada alternativa.

La riqueza también existe

En la misma línea de este estudio, aunque con matices y objetivos diferentes, se inscriben otros esfuerzos y otros trabajos. Es hegemónico en ámbitos académicos e institucionales, y ni hablar de los organismos internacionales, orientar todos los estudios hacia la pobreza. Se analiza la pobreza y su morfología social y económica hasta el infinito. Pero nunca se presenta su contracara: la riqueza, su concentración inédita, hasta límites obscenos.

Esto ha ido cambiando. En los últimos años el Instituto de Economía de la Facultad de Ciencias Económicas y de Administración de la UDELAR, ha realizado y publicado trabajos sobre la distribución de la riqueza. Lo propio ha hecho el Instituto Cuesta Duarte del PIT-CNT, varios de sus economistas y el Instituto José D´Elia, del SUNCA, en sus cuadernos de formación.

Un trabajo presentado por el economista Mauricio De Rosa denominado "La distribución de la riqueza en Uruguay. Una aproximación por el método de capitalización", también dio algunas pistas importantes. Concluyó que el 62% de la riqueza generada en nuestro país se concentra en el 10% más rico de la población. La cuarta parte está en manos del 1% superior y más de la mitad de ese 25% pertenece al 0,1% de la población más rica, que son unas 2.500 personas.

Los logros populares y de los gobiernos del Frente Amplio

Llegados a este punto se impone una pregunta: ¿Estas conclusiones y estos enfoques implican que nada se ha avanzado durante los gobiernos del Frente Amplio y con las luchas populares?

De ninguna manera. Uruguay ha reducido la pobreza y la indigencia. Las políticas de los gobiernos del Frente Amplio, en particular la ampliación de la Negociación Colectiva, unidas a la organización y la lucha del movimiento sindical, han logrado la recuperación y el crecimiento del salario real.

Uruguay hoy es más justo y tiene una mejor distribución del ingreso que la que se construyó como resultado del neoliberalismo, con el Terrorismo de Estado y con los gobiernos blancos y colorados de la democracia reconquistada.

El tema es otro. Los análisis como el de Notaro nos muestran que no hemos llegado al núcleo duro de la acumulación del capital y de la riqueza, y a la vez, nos señalan la perspectiva de todo lo que queda por luchar y hacer.

Las conclusiones políticas son trascendentes tanto en materia tributaria como en la lucha concreta por lograr una distribución más justa de la riqueza, y no solo del ingreso, aún en los marcos del capitalismo, y en las posibilidades para poner al servicio de nuestro país recursos que están disponibles, pero acaparados por una clase social.

Resolver la contradicción central de la etapa: entre país productivo con justicia social y profundización democrática o restauración neoliberal y más dependencia, implica avanzar, construyendo la correlación de fuerzas política y social necesaria, en abordar nudos centrales. La apropiación por el capital de un porcentaje enorme de la riqueza generada por nuestro trabajo, la concentración de la riqueza y el aumento de la dependencia, son parte sustancial de ellos. Avanzar en Democracia y construir una Democracia Avanzada que lleve la democracia hasta sus límites y alumbre una perspectiva de emancipación, implica asumir y resolver, a favor del pueblo, ese desafío.

El poder y lo “políticamente correcto”

Se trata de poner encima de la mesa, con todo lo que ello implica, la cuestión del poder.  Analizar la composición del poder, sus formas materiales de acumulación y de generación de plusvalía, las formas concretas de conformación de los grupos económicos que lo detentan, sus mecanismos institucionales, políticos e ideológicos de dominación. Las formas concretas de su hegemonía.

También en eso hay antecedentes. Están los trabajos de Luis Stolovich sobre la conformación del poder económico en nuestro país y los realizados por Samuel Behak y el Grupo de Estudios que llevó su nombre, sobre las clases sociales en Uruguay y las diferentes capas que las componen y su relación con la base material de la sociedad.

Analizar la realidad y elaborar propuestas para transformarla, desde una perspectiva de Economía Política, desde una concepción materialista de la historia, es nuestra tarea. Resulta imposible realizar un análisis económico de una sociedad sin considerar y cuestionar dialécticamente la función del estado, las clases sociales y sus intereses, el desarrollo de la lucha entre esos intereses, la lucha de clases y el desarrollo histórico de las relaciones entre la base económica y la superestructura. Reivindicar y aplicar, en forma creadora el marxismo, es imprescindible.

Mucho más hoy, que se reivindica, desde el poder, el cambio, y se muestra como “políticamente incorrecto” o hasta “rebelde” a energúmenos como Donald Trump, que son la quinta esencia del poder realmente existente y de su perpetuación.

La hegemonía de las clases dominantes implica esconder los mecanismos que se utilizan para ejercer esa dominación. El mérito mayor del capitalismo es naturalizar la explotación. Lo verdaderamente “rebelde” y “políticamente incorrecto” es explicitar los mecanismos de dominación. Es denunciar la explotación y combatirla.

No hay nada más “políticamente incorrecto” que la revolución. En eso estamos.